Resulta en verdad inaudito que por intereses personales y de grupo o por cuidar imágenes de funcionarios, asuma su primacía la impunidad en la ciudad de México y en el país todo.
 
Esta situación de violencia tan brutal que hemos tenido que enfrentar en esta “docena trágica” que esta afortunadamente por terminar, ha provocado una multiplicación, nunca antes vista, en los índices delictivos.
 
Es una reacción, dicen los expertos, de descomposición social al imitar a la delincuencia organizada intocable, que llega a tal extremo, de ser cierta la versión, de que ciertos individuos juegan al tiro al blanco contra inocentes, inclusive niños.
 
Para cubrir el drama ocurrido en una sala del complejo Cinépolis de la delegación Iztapalapa, donde fue víctima, precisamente un infante de 10 años, se hicieron todas las maniobras para que la opinión pública no se enterara, primero para proteger a la poderosa empresa exhibidora y luego, como ya lo apuntamos, para no deteriorar la imagen del saliente jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubón, quien como lo ha declarado, ya inició su carrera hacia la Presidencia de la República.
 
También para encubrir la mala actuación de la Procuraduría General de Justicia del Distrito federal, que antes estuvo a cargo del ahora gobernante electo de la capital de la República, Miguel Ángel Mancera Espinosa y también para cubrir las espaldas al actual titular, Jesús Rodríguez Almeida, quien a toda costa trata de repetir en el cargo.
 
Las contradicciones en los peritajes y en las declaraciones de testigos y responsables de la empresa Cinéfila, son de tal naturaleza, que solo descubren la podredumbre de dichos intereses que se manejan para entorpecer la justicia, sin importar que la víctima mortal haya sido un niño.
 
Según la necropsia, la bala que le quitó la vida al infante, fue disparada a dos metros, de distancia según los peritos de la Procuraduría capitalina la bala cayó del cielo, perforó el techo de la sala y penetró en el cerebro del infante.
 
Ahora, y después de que la tragedia se conoció cuatro días después de ocurrida, en desplegados pagados, Cinépolis, dice que cumplió con los protocolos de seguridad.
 
El propio padre de la victima niega tal situación e inclusive, al igual que varios vecinos, asegura que estos disparos al interior de las salas cinematográficas han ocurrido cuando menos en 4 ocasiones.
 
Además, ahora resulta que un empleado entregó “un montón” de ojivas de bala, que según dijo, las encontró en el techo de la sala. ¿En que momento fueron sembradas y por qué antes no fueron descubiertas? como se ve todo es confusión y a cada mentira descubierta se inventa una nueva.
 
Por ningún motivo es aceptable que este crimen así como la mayoría de los que han ocurrido en esta “docena trágica”, queden en la impunidad solo para asegurar los intereses de funcionarios, de instituciones deficientes y de empresas que operan al margen de ley y sólo les interesa el lucro.
 
Teodoro Rentería Arróyave es periodista y escritor mexicano.  www.fapermex.com, www.clubprimeraplana.com.mx