Después de muchos cabildeos y denuncias de intentos de desestabilización, sectores del pueblo se manifestaron en todo el país. La movilización fue más allá de quienes iniciaron la convocatoria y sus intenciones opositoras al gobierno.
 
En el 8N participaron peronistas de todos los pelos y marca que son muchas y contradictorias entre sí, los no peronistas, algunos ex kirchneristas y ex cristinistas, radicales, comunistas, grupos de derecha y de izquierda, los de más allá, o los de más acá, que no son ni esto ni aquello, pero pueden ser algo.
 
Medios de comunicación oficiales, funcionarios del gobierno y grupos políticos que buscan radicalizar el país entre blanco y negro, amigos y enemigos -conmigo o sinmigo ¿lo recuerdan?- Opinan que, quienes salieron a la calle, son de clase media y que no entienden porque salieron y que reclaman. Dicen que fue una mezcla de eternos opositores y de nuevos manipulados.
 
Tengamos claro que hombres y mujeres de clase media que trabajan, estudian y luchan por una sociedad mejor, tienen derecho de ir al paraíso y salir del infierno de la incertidumbre y el doble discurso ¿o no?
 
Toda movilización masiva siempre tiene elementos organizados y espontáneos y no hay que desatender a ninguno de ellos. Si bien hubo muchos sectores políticos y empresariales convocando tras las cortinas, los participantes del 8N salieron a ejercer su derecho democrático que no se agota en las urnas. Nadie se moviliza si no cree en lo que hace y lo que reclama como democracia. Este derecho democrático se construye en el día a día, exigiendo y aportando a mejoras económicas, políticas, sociales y trabajo digno en vez de planes. Exigiendo transparencia del INDEC, saber los índices de inflación reales y no dibujados, reclamando por un medio ambiente sano, por salud y educación pública de excelencia, por los docentes y sus derechos. Otros, al ritmo de la cacerola, pidieron por la independencia de los poderes del Estado y el fortalecimiento de las instituciones, por más seguridad, por terminar con la corrupción, en contra del autoritarismo y otros pensaron únicamente en sus bolsillos y no en el bien del pueblo y salieron a reclamar la compra de dólares.
 
Cualquier análisis de lo ocurrido el 8N tendrá rollo para rato, pero la gente salió a manifestarse y puso en evidencia su malestar y broncas contenidas, que hicieron catarsis socio-política.
 
Pasó el 8N y ¿ahora qué?
 
El gobierno nacional y los gobiernos provinciales, así como la oposición política, tienen que hacer un análisis de lo ocurrido en todo el país el 8N. Deben tener la capacidad de escuchar las voces del pueblo, incluso las disidentes.
 
La convocatoria fue dirigida a reclamar a todos los gobernantes y a la oposición, que tiene que definir donde está parada y hacia dónde va porque hasta el momento no presenta proyectos alternativos y provoca un fuerte vacío de representatividad social.
 
El gobierno nacional tuvo aciertos políticos, sociales y económicos que no se pueden ignorar, enfrentando la fuerte crisis social y económica que vivía el país y dando un paso fundamental en políticas de DDHH sobre las violaciones producidas durante la dictadura militar.
 
Es necesario que se replantee sus logros y fracasos y tenga la sabiduría de corregir errores que debe superar. Varios desde el oficialismo acusaron a los manifestantes de golpistas, gorilas y opositores que buscan desestabilizar al gobierno. Otros sintieron el impacto de la protesta, pero no hay peor sordo que aquel que no quiere oír, ni peor ciego que aquel que no quiere ver.
 
La presidenta trató de minimizar y desconocer el reclamo del 8N en todo el país, de hombres y mujeres que quieren ser escuchados y dijo que en la semana hubo dos hechos importantes, el triunfo del re-electo Obama en los EEUU y el Congreso y elecciones en China? Pregunto: ¿fue un cuento chino, o qué?
 
Cristina: entre los principales reclamos estaba el de la falta de diálogo del gobierno, ser gobernante es serlo de todos y no de algunos, pretender desconocer los hechos y no querer escuchar las voces de todo el país, aunque desentonen con tu “sintonía fina”, es asumir actitudes preocupantes bajo el riesgo de caer en el “autismo político”, peligroso para la salud democrática del país.
 
Hay reclamos sobre la urgencia de recuperar la Soberanía Nacional enfrentando la deuda externa que ha llevado a la grave situación de la Fragata Libertad, capturada en Ghana por la justicia de ese país y sometida a la demanda de los fondos buitres.
 
Hay reclamos para renunciar al CIADI y a los tratados de entrega del país firmados durante el gobierno de Menem, que somete al país a tribunales extranjeros dirigidos por EEUU y Gran Bretaña.
 
Es necesario escuchar las voces del pueblo, la realidad que viven los más desprotegidos en el país, nuestros hermanos indígenas, los pobres, campesino s que reclaman el derecho a la tierra, a su identidad y valores, hoy violados y reprimidos en todo el país, por reclamar sus derechos frente a las empresas mineras, las sojeras y los agro-tóxicos, sufriendo la contaminación, enfermedades y destrucción de los recursos naturales.
 
Es importante que reflexiones sobre las diversas posiciones y vertientes de reclamos que hay en el país, que no comenzaron el 13S o el 8N, porque por más que estén juntas o revueltas estas deben ser escuchadas por las autoridades.
 
Buenos Aires, 12 de noviembre del 2012