Hoy se vota en Estados Unidos para elegir al presidente número 45 de su historia. Las alternativas no son alentadoras: cuatro años más de un decepcionante Obama o igual número de un aún más amenazante Rommey. Entre los dos gastaron 6.000 millones de dólares.
 
 En EE UU el voto no es obligatorio y los interesados en sufragar deben inscribirse, algo que no todos hacen, sobre todo en tiempos de mala onda entre muchos ciudadanos y la política, por la crisis económica. La singularidad extra, en cotejo con Argentina, es que la votación no es directa sino que se dirime en un Colegio Electoral de 538 miembros. En 2000 el demócrata Al Gore tuvo más votos que el republicano George W. Bush, pero éste se metió en la Casa Blanca gracias a un ajustado margen en el Colegio.
 
 En la mayoría de los estados, el que gana se lleva todos los delegados. Y se necesitan 270 para ser nominado. Los últimos sondeos han arrojado un empate literal entre Barack Obama y Mitt Rommey, pues cada uno tendría 48 puntos de intención de voto.
 
 En otras encuestas el actual presidente llegaría a la meta ganando por el hocico: un punto. Sin embargo, en los últimos días se dieron algunas circunstancias que pueden favorecer sus chances de ganar no con comodidad pero tampoco por un margen tan estrecho.
 
 Un hecho es que la economía estadounidense, sin ser ninguna maravilla, ha dado señales de cierta estabilización. El oficialismo se apresuró a interpretarlas como positivas y como fruto de sus políticas supuestamente pro activas. El índice de desempleo, por ejemplo, descendió del 7,9 al 7,8 por ciento, una décima que lo mantiene dentro del encumbrado 8 por ciento. Pero para los publicistas de Obama, esa fracción menor tuvo que ver con la creación de un mayor número de empleos en octubre.
 
 Quizás no sea tanto esa minúscula mejoría lo que esté favoreciendo al oficialismo, como ciertas reflexiones de una parte de los electores. Es que éstos, además de esa circunstancia, pueden pensar que -de ganar el republicano con sus recortes de impuestos a los millonarios y su política abiertamente a favor de los ricos- tal tendencia positiva podría invertirse y perderse.
 
 La discusión sobre qué puede ser más favorable a los sectores populares se libra también alrededor de la reforma de Obama en salud, un tema muy caro para 45 millones de personas que no tienen esa cobertura esencial. Los republicanos boicotearon esa ley, llamada “Obamacare”, aprobada con muchas restricciones y que recién entrará en vigencia en 2014. Algo es algo, piensa esa franja de los menos pudientes. Sabe que el ex gobernador de Massachusetts, piensa anular tal reforma y no precisamente para reemplazarla por algo mejor. Esas políticas de “darwinismo social”, o de sobrevivencia de los más aptos por disponer de mejor chequera, fogoneadas por los círculos republicanos más reaccionarios (Tea Party), pueden espantar a votantes de franjas intermedias y llevarlos hacia Obama, aún recordando su inoperancia y complicidad con la enorme crisis capitalista.
 
 ¿Quién es “Frankenstorm”?
 
 El otro elemento novedoso que puede influir a favor de Obama es el impacto social del huracán Sandy, que golpeó la costa este norteamericana el 30 de octubre con un saldo de más de cien muertos y, en el momento más dañino, 8 millones de hogares sin energía eléctrica. En varios medios de EE UU se bautizó a ese fenómeno como “Frankenstorm” (mezcla de Frankestein y tormenta). El mismo provocó durante algunos días la interrupción de la campaña electoral, no tanto por humanismo de los competidores sino por olfato político. Se habrían malquistado con los ciudadanos de seguir a la captura de los votos en medio de tanta tragedia.
 
 Una circunstancia parecida llevó al alcalde Nueva York a suspender la tradicional Maratón, iba a hacerse de todos modos. La crítica de los afectados terminó con la carrera. No era tiempo de fiesta porque no eran días normales.
 
 Esa transición determinada por la tormenta parece haber consolidado las chances de Obama. Dejó los actos proselitistas en manos del vicepresidente Joe Biden y Bill Clinton, de buena imagen, en tanto él se concentraba en Washington en la dirección de las tareas de salvataje, coordinando con las autoridades de los estados más afectados como Nueva Jersey y Nueva York. Abrochó una excelente relación con el republicano Chris Christie y el ex republicano y alcalde neoyorquino, Michael Bloomberg, quienes reconocieron una labor supuestamente “fantástica” del presidente.
 
 Ni uno ni otro podían desconocer que tales agradecimientos iban a fortalecer esa candidatura y debilitar la de Rommey. Y sin embargo lo hicieron, sin ninguna denuncia de que hayan sido coimeados por la Casa Blanca para ese cambio de postura.
 
 El presidente también se relacionó con FEMA, la agencia federal encargada de actuar en catástrofes o fenómenos como el citado huracán. Cada buena acción de este organismo ha sido un montón de votos para la fórmula demócrata y en detrimento de la rival. En esto contó tanto el acierto del afroamericano como las políticas equivocadas y de ajuste del gasto público de Rommey. Es que tiempo atrás, como ya consignó LA ARENA, el republicano había planteado que FEMA debía fraccionarse y entregarse un pedazo a cada Estado o mejor aún, a empresarios privados que harían mejor esa labor.
 
 Cualquier norteamericano que haya visto o sabido del buen trabajo de la dependencia federal en esta emergencia, se sentirá más proclive a sufragar por Obama. Y hasta temblará de angustia pensando qué podría haberle pasado a su familia si FEMA hubiera sido desmembrada o privatizada.
 
 En suma, al menos para un sector no pequeño de estadounidenses, la tristemente célebre Sandy, también conocida como “Frankenstorm”, es un pariente político de Rommey.
 
 La plutocracia
 
 La continuidad de la crisis económica y el pobre balance de lo realizado por Obama, ofrece flancos favorables al voto por Rommey. Es así, aunque no sea el más indicado por tratarse de un multimillonario que no puede, ni aún luego de muchas lecciones en Actor’s Studio, simular sensibilidad con los que sufren. De todos modos, el latiguillo del republicano, de que la clase media está ahora peor que cuatro años atrás, tiene su razón de ser.
 
 La ley de salud de Obama y ciertas promesas de reactivar el empleo e insistir con una reforma migratoria, aún en el limbo legal, pueden sonar atractivas para millones de votantes. Sobre todo porque del otro candidato se vislumbra más recorte del gasto público, con duras consecuencias en programas sociales. El candidato a vice republicano, Paul Ryan, es titular de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Representantes y tiene presentadas propuestas de ajuste que espantan, por su sentido antisocial.
 
 Esto puede llevar a que una porción del electorado, aún sin el encanto de 2008, termine eligiéndolo a Obama como si fuera el mal menor. No lo votarían por amor sino por el espanto causado por su rival.
 
 En materia de representación política y social hay ciertos matices que lo favorecen al actual presidente, más relacionado con las grandes empresas y multinacionales, en tanto Rommey se ha recostado en sectores del capital financiero, netamente especulador, como el fondo NML Elliott, de Paul Singer, el mismo que embargó la Fragata Libertad a Argentina. El ex gobernador de Massachusetts es el dueño de Bain Capital, que se dedicaba a comprar a bajo precio empresas quebradas, ponerlas en valor y venderlas, con ganancias luego derivadas a paraísos fiscales.
 
 No es casual entonces que las terminales automotrices de Chicago y Detroit, más las tecnológicas Microsoft y Google, hayan aportado más a la caja de Obama, y que el fondo NML, que administra 15.000 millones de dólares, sea uno de los principales sponsors de Rommey.
 
 Son preferencias no absolutas. Cada uno de esos empresarios pone huevos en las dos canastas, en cantidades diferentes, como para quedar a cubierto, sobre todo en comicios parejos como los de hoy. El banco Goldman Sachs puso varios millones de dólares a ambos. ¿Cuánto costará la elección? El Centro de Política Responsable, citado por Leandro Morgenfeld, Docente de la UBA e Investigador del CONICET, asegura que “el costo de las elecciones 2012 va a romper todos los récords; la factura será de 6.000 millones de dólares, un 20 por ciento más que la de las elecciones de 2008”.
 
 Ese mismo Centro, citado por “La Nación”-The Wall Street Journal (5/11), sostuvo que “en las elecciones actuales, 60 por ciento de los US$ 1.800 millones en contribuciones dadas por las empresas ha ido a parar a las arcas republicanas”.
 
 Si los aportes legales de las empresas fueron de 1.800 millones de dólares y el costo total de la campaña de 6.000 millones, queda claro que son los comicios más caros de toda la historia norteamericana. Según Abraham Lincoln, la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Fue el presidente republicano entre 1861 y 1865, cuando fue asesinado, un índice de que ese sistema político distaba de su famosa definición. Después se hizo imperio y todo fue peor. En la actualidad, vista la cantidad de dinero que aportan bancos y empresas para asegurarse un presidente afín, se la puede calificar de “plutocracia”, como dijo Fidel Castro. Y significa el gobierno de los ricos, por los ricos y para los ricos.