Índice
Presentación
1.- La deserción de las masas
2.- Indignación y decepción
3.- La Abstención: Un Cisne Negro
4.- El abstencionismo: ¿Un agujero negro?
5.- ¿Una Bachelet Light?
6.- Re encantar: ¿A quién?
7.- Fracaso de la derecha
8.- ¿Izquierdización o derechización?
9.- La Era Dorada de la derecha
10.-Híper industria cultural: Movilización
11.-Una nueva constitución
12.-De ciudadanos a consumidores
Epílogo
 
Presentación
 
La última elección municipal en Chile ha dejado varias lecciones, todas apuntan a un divorcio abisal entre la institucionalidad política vigente y la sociedad misma. No de otro modo se explica que seis de cada diez chilenos se abstuvieran de emitir su sufragio. Sin ningún ánimo tremendista se puede afirmar que se trata de la mayor deserción electoral registrada en la historia de nuestro país. Frente a la magnitud de lo acontecido no se puede imitar al avestruz y esconder la cabeza, negando o matizando la realidad. Lo cierto es que una amplia mayoría de electores decidió, por razones diversas, no ejercer su derecho a voto.
 
Este comportamiento masificado plantea una retahíla de interrogantes a los analistas que no son nada fáciles de responder. Así, por ejemplo, cabe preguntarse cómo ha sido posible que ninguna de las encuestas haya pronosticado lo sucedido. Si bien se ha intentado explicar esta verdadera debacle a partir de ciertos criterios procedimentales como el “voto voluntario” y la “inscripción automática”, ello solo posterga la cuestión de fondo.
 
Cualquier aproximación seria a este fenómeno, exige reconocer en él un proceso de larga data. Asistimos al resultado de un largo proceso que nos remonta al origen mismo de la democracia en que habitamos y, ciertamente, a su antecedente inmediato, la dictadura militar de Augusto Pinochet. Las claves para comprender el presente político de nuestro país se encuentran en diecisiete años de dictadura, seguidos por dos décadas de una democracia débil y más que imperfecta.
 
Si bien es evidente que el estudio de las motivaciones de cada elector para negarse a votar nos llevaría a una casuística infinita, no es menos cierto que se pueden reconocer indicios claros en algunos sectores ciudadanos que reconocen en esta negación una legítima opción política. Pensemos en ciertos sectores estudiantiles que bajo el lema “Yo no presto el voto”, han convertido la deserción en un gesto político explícito.
 
No obstante, al considerar el fenómeno en su totalidad, tropezamos más bien con un “malestar difuso” que opone la “vida cotidiana” con el “mundo político” personificado, concretamente, en una “clase política”. Hagamos notar que esta oposición entre el ciudadano común y “los políticos”, se traduce como un “nosotros” y un “ellos”, nosotros los que laboramos y ellos los privilegiados. Esta idea fundamental instalada en el “sentido común”, supera las distinciones ideológicas y hace indistinta las diversas identidades partidarias.
 
La percepción ciudadana de la “clase política” la concibe como una “casta parásita” que abusa de sus atribuciones para medrar del erario nacional, muy bien dispuesta, de manera unánime, a aumentar sus salarios cada vez que se da la ocasión. En el “imaginario ciudadano” contemporáneo, “el político” se ha convertido en un personaje aborrecible. Todo ello encuentra su asidero en los frecuentes escándalos en que se ven envueltos algunos “Honorables” que van desde el nepotismo a conflictos de intereses, pasando por bochornosos episodios reñidos con el más mínimo sentido de una ética cívica, o peor aún, con la ética a secas.
 
A pesar de la animadversión que genera la figura del político, estamos obligados examinar el lugar que éste ocupa en una “democracia pos autoritaria” como la nuestra. Dicho de manera sencilla, estamos sumidos en una institucionalidad política incapaz de salvaguardar, mínimamente, una “ética cívica” en el comportamiento de quienes protagonizan el quehacer político y, mucho menos, de los diversos partidos que componen el estamento político del país.
 
En las páginas que siguen, intentamos plantear algunos tópicos que debieran ser considerados al analizar la aguda ausencia electoral registrada en los recientes comicios municipales. No hay, desde luego, respuestas definitivas. Se trata más bien de una mirada amplia que explora el fenómeno, planteando aquí y allá algunas hipótesis de carácter muy provisorio. En este sentido, si cada uno de los temas propuestos inaugura un debate y una reflexión política, el propósito de estas líneas se habría cumplido con creces.
 
Álvaro Cuadra
 
Santiago de Chile, noviembre de 2012