Hoy Mitt Romney podría convertirse en el presidente número 45 de EEUU y por ende en el mandatario más poderoso del planeta. Sin embargo, él no solo aspira a tal cargo, sino a algo aún mucho más ambicioso: a convertirse en un Dios.
 
Esto que puede parecer una broma o una exageración polémica; es una verdad irrefutable. Romney es el principal líder político de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en la cual él, al igual que sus antepasados, ha sido misionero y obispo.  Según el credo de esta, toda aquella persona que obedezca fielmente sus principios  puede devenir en la vida extraterrenal en un dios. A ello los mormones le denominan ‘exaltación’.
 
Joseph Smith, quien fundó esa religión y quien fue en 1844 el primer candidato a la presidencia de EEUU en ser asesinado,  dijo:
 
“LOS HIJOS DE DIOS PUEDEN TRANSFORMARSE EN DIOSES. Si los creyentes, que siguen los mandamientos del Padre,  son sus hijos, por lo tanto ellos pueden ser los herederos de su reino y deberán recibir toda la grandeza de la gloria del Padre, incluso hasta cuando se conviertan como el Padre (…) ¿Cómo podrían recibir esas bendiciones (de Dios) sino se transforman en Dioses? No pudiese ser de otra manera”. (Doctrinas de Salvación (Volumen 2, página 39):
 
“TODOS LOS HOMBRES EXALTADOS SE TRANSFORMAN EN DIOSES”. (Id, Vol. 1, p. 97).
 
Los mormones creen en la pluralidad de dioses y que sus más fieles adeptos deberían devenir en dioses (algunos de los cuales, a su vez, podrían tener una pluralidad de diosas-esposas). Hoy son la única religión significativa del planeta cuyo sacerdote supremo se proclama como profeta viviente y vidente cuya palabra refleja la de Dios.
 
Para Romney, Jesús y Jehová son dioses distintos y así como el segundo le dio al primero un sistema estelar para regir, Cristo también les dará a sus discípulos devenidos en Dioses otros mundos donde reinar como Dioses.
 
De allí que para todos los más devotos mormones, la vida en la Tierra no es más que un pequeño peldaño en una larga progresión donde ellos deben hacer todos los esfuerzos para luego convertirse en Dioses.
 
Romney, no solo tiene la ambición de gobernar EEUU por 4 u 8 años, sino de llegar a ser un Dios inmortal que reine en su respectivo sistema estelar (tal y cual Jesucristo lo viene haciendo sobre nosotros, según ellos, desde la estrella Kolob).
 
Esas doctrinas no tienen nada en común con el cristianismo o con la ciencia, y jamás nadie que obedezca a estas ha presidido a una república. No obstante, el mundo ya ha conocido varios reyes que se han proclamado como Dioses o aspirantes a ello (desde Alejandro Magno hasta Nerón o los Incas) y con esas ínfulas ellos justificaron terribles abusos, persecuciones, guerras o matanzas.
 
– Isaac Bigio es analista internacional. Ha enseñado ciencias políticas en la London School of Economics & Political Sciences. www.bigio.org