Antes daba gusto escucharles. Hoy, hablan hasta con faltas de ortografía. Quienes ya vamos más allá de los 60’ abriles, recordamos a un Pedro Antonio Saad, el eterno senador que representaba a los trabajadores y artesanos en el Congreso Nacional; y qué bien se expresaba, en sus discursos. Y no solo eran de izquierda sino hasta daba gusto oírle al social-cristiano Camilo Ponce Enríquez. Dicen que el liberal Carlos Alberto Arroyo del Río, daba unos discursos académicos de primer orden. Y no olvidan a un Carlos Julio Arosemena diciendo sus cosas que le valieron el exilio y que de todo hacía un pretexto para sus sentencias  o sus originales sobrenombres, como aquello de Gallo Hervido. Hasta que llegó Carlos Guevara Moreno (CFP); de él decía la gente (en Guayaquil) “que hablaba muy bien pero no se le entendía lo que decía”.
 
No vamos a asegurar que no todos hablaban bien. Pero los que no podían, por lo menos  eran prudentes y estaban callados. Se cuenta, por ejemplo, que un madrugador (las 4 de la tarde) al Congreso era un viejo senador que leía el periódico hasta quedarse dormido; se despertaba y se iba. Habló una sola vez, para pedir que se fije en el presupuesto del Estado una partida para la luz eléctrica de su provincia. Y pasó a la historia que el senador Efrén Icaza (de Los Ríos) casi se jubila como tal. Y del legislador, que cuando fue desafiado por otro a un duelo, “se dio por muerto” ya que no sabía manejar ni un cuchillo de cocina.
 
Hoy, los que más hablan son los que no saben que dicen cualquier cosa. El pueblo que es más agudo, dice que “hablan pendejadas”.  Y si les han quitado la posibilidad de hacer plata y de por lo menos figurar en el Presupuesto, hacen lo que piensan (o creen que piensan).  La lista de los morosos en el hablar, es bastante larga. Según un jurista jubilado, no tienen otra sanción que no ser elegidos para un siguiente período. Por lo menos eso.
 
¿No es verdad que gran parte de los legisladores merecen no volver nunca jamás  a la Asamblea Nacional, solo por haber desacatado un mandato constitucional?  No solo un mandato constitucional sino la voluntad popular, expresada en las urnas. Según la disposición constitucional, tenían un año para dictar la ley de comunicación (no  de medios) y nada. El pueblo mandó que tenían otro año para dictar esa y otras leyes; y nada. Pregunto (ya que soy un preguntón de profesión y a pesar de que no tengo respuestas) ¿si aquello le habría pasado a un ciudadano común y corriente (yo, por ejemplo)  no es verdad que la “gran prensa ecuatoriana” le habría dedicado páginas y páginas, maldiciéndole, y exigiendo su sanción?
 
Sostengo, desde hace rato, que no es verdad aquello que consta no solo en esta Constitución, sino en anteriores: que los ecuatorianos (nas) somos iguales ante la ley. Siempre hay unos que son “más mejores” solo por haber llegado a legisladores. Pueden hacer y decir de ellos mismos y del prójimo, lo que se les ocurra, que no les pasa absolutamente nada porque están seguros que el “pleno” no dará sus votos para que les enjuicien. Es decir, en la Asamblea Nacional puede darse el caso de asesinos, ladrones, cuenteros y más; que no les pasará nada, hagan o digan lo que se les ocurra, o que les dicen que digan.
 
Encabeza la lista el “pachakutec” Cléber Jiménez, el mismo que creo que es amazónico (¿sabrá que se es, cuando se dice amazónico?).  Este señor, que creo que representa la provincia de Morona-Santiago, es decir al Salvador Quishpe, por las ansias de salir a la luz, se preguntó nada más y nada menos que ¿por qué los policías revueltos el famoso 30-S (septiembre 30 de 1910) no acataron la orden y mataron a Correa? Es el mismo que suele decir que “este Gobierno es el más corrupto” de toda la historia, porque él lo dice (le dicen que diga) sin prueba alguna. Cada vez que se le pide pruebas de lo que dice, ofrece hacerlo, algún momento que nunca llega. Qué bien que le haría al pueblo ecuatoriano y a la “revolución ciudadana” si concretara alguna de sus múltiples acusaciones. Conclusión obligada: el señor Cléber Jiménez es una semilla del nuevo fascismo latinoamericano, que la vieja Europa quiere olvidarlo.
 
Nadie duda que la señora Lourdes Tibán (otra representante de Pachakutec, de la provincia de Cotopaxi) era, para la comunidad ecuatoriana, algo chistosa aunque bastante grosera. Cuando aún era Presidente de la República, el inefable coronel Lucio Gutiérrez, le dijo, con todas las letras, que “era un animal”. Y no le pasó absolutamente nada. Y como no le pasó nada, siguió por el mismo camino, hasta que mucha gente que le oye, sentenció que esa señora se pasa de grosera y que ya nadie le hace caso, ni siquiera los agraviados. En especial, doña Lourdes perdió parte de sus simpatías cuando se supo que su nombre figuraba entre las ONGs indígenas y que por ello recibía dólares de los Estados Unidos. Ella sigue diciéndose que es de izquierda; igual que algunos (como el Alberto Acosta) según lo certifica la “gran prensa ecuatoriana” (con El Comercio de Quito a la cabeza) pero solo para consumo interno.
 
Otro que no se salva de esta lista es el legislador Galo Lara, de la provincia de los Ríos. Los antiguos abogados decían que los “lombrosianos” eran unos pobres tipos que estaban “destinados” a ser delincuentes (les guste o no) no porque tenía lombrices sino porque las mataban porque si. Don Galo, al parecer, tenía o tiene mucho dinero y ofreció “su concurso” a Alianza País, tienda política que se eximió de hacerlo. Fue a parar en la PSP del coronel Lucio. Y como no le dieron entrada en AP se dedicó a denigrarlo.
 
Bueno hubiese sido que diga algo de provecho; no solo críticas. Si a él le sobran: las críticas digo.
 
La lista es gorda, de los que no deben regresar al parlamento. Por ahí anda (camina, es más vulgar) el señor ese “machetero”  de Manabí, que sigue viendo burros volar desde que inauguraron el puente que une a Bahía con San Vicente. Como médico, es más que conocido y hasta fue Ministro creo (si mal no recuerdo) del Ingeniero. ¿O fue del Sixto) Pero lo cierto es que (se me ocurre) que debe unirse al Sr. Galo y a otros y otras, y hacer un parlamento aparte; que para eso si sirve la llamada “prensa independiente” Sería muy delicioso saber lo que dicen y hacen los parlamentarios que no deben regresar al Parlamento.
 
Olvidaba ponerle al asambleísta Páez, de la otrora fuerte Izquierda Democrática (ex social democracia ecuatoriana) que, en Quito por lo menos, barría. De no ser por este diputado (y por otros que le siguen pero que ya no son) la ID por lo menos servía para algo provechoso, ahora que han aparecido en Europa y en Estados Unidos, los “resentidos” y no saben dónde irse. En realidad no le he escuchado al señor Páez y no sé si habla bien o habla mal; pero que debe irse, debe irse. Yo que “soy un malo de profesión” le pregunto al fundador de la ID (don Rodrigo Borja Cevallos) que cuándo le pide cuentas al señor Páez sobre qué ha hecho con la vieja ID. Aun cuando hablar de vieja a la ID es exagerar las cosas.
 
Se me quedan algunos nombres en el tintero. Es que poco les escucho a los legisladores actuales hablar pero sigo leyendo (revisando, mejor dicho) la “gran prensa independiente” del Ecuador. Digo que sigo revisando la gran prensa porque un ser que no sabe lo que dice “el enemigo” está condenado a morir en sus garras. Y todos los días reviso a medias tal prensa, porque sino ¿cómo voy a estar seguro de lo que digo?
Por ejemplo, he escuchado que un asambleísta que se apellida Ponce, le ha pedido  “títulos académicos” al Ministro de Deportes, el señor Cevallos, que nada le ha hecho a él personalmente pero si a todo el Ecuador ya como integrante de LDU o como guardameta de la selección ecuatoriana. Me habría gustado y mucho que le pregunte también al economista Danilo Carrera, que si fue atleta de América Latina o boxeador (tiene cara) para ser Presidente del Comité Olímpico Ecuatoriano.
 
Por eso y por mucho más es que pido la no reelección de los que he mencionado y de otras y otros. Por ahí veo que la señora abogada Paula Romo (Presidenta de Ruptura 25) que no tiene más argumento que decir que hay tres “poderes” (funciones, querrá decir) en el país. Y que si una persona, o un grupo de personas o un movimiento político quiere copar esos tres poderes, automáticamente pasa a ser Dictador. Doña Romo no ha citado hasta el momento algún país que haya observado tal división de funciones, religiosamente. Y si habla de un Napoleón Bonaparte (del francés, digo) le diré que ese señor, siendo liberal radical, copó las tres funciones del Estado, que tanta pasión despierta en la señora Romo y sus muchachos.
 
Por eso, y por mucho más, es que los y las ecuatorianas deben precisar sus votos, para no elegir a los que se han ido, como la señora Betty Amores. He dicho
 
 Quito, noviembre 4/2012
 
Alberto Maldonado S.
Periodista – Ecuador