El golpe de Estado parlamentario del 22 de junio de 2012 aumentó dramáticamente el aislamiento del Paraguay en todos los órdenes, cuyas consecuencias políticas están a la vista y las económicas están por verse. El nuevo gobierno, enclaustrado – como lo habrán presagiado los estrategas del juicio político exprés a Fernando Lugo – aumentó los decibeles de las diatribas contra los países vecinos, especialmente contra los miembros del Mercosur, empeorando la confrontación y el aislamiento. El Mercosur y la Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas) suspendieron al Paraguay hasta después de las elecciones de 2013 a causa del golpe de Estado.
 
Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL, el 78 % de las exportaciones de Paraguay tiene como destino a países latinoamericanos. Un 21 % va a la Unión Europea y el 12 % a los Estados Unidos. El Mercosur concentra más del 30 % de las exportaciones paraguayas, entre productos manufacturados y la triangulación de mercaderías de extra zona, especialmente asiáticas, con aranceles preferenciales. El Mercosur demanda el 54 % de las exportaciones de la industria nacional, según datos del 2011, en tanto que el 42 % de las importaciones provienen del citado bloque.
 
En el 2011, las reexportaciones al Mercosur, especialmente al Brasil, pasaron a representar el 23% del Producto Interno Bruto (PIB), teniendo en cuenta que los ingresos obtenidos con esta actividad sumaron 4.860 millones de dólares.
 
La dependencia económica del Paraguay de los vecinos es altísima.