Ayer 3 de octubre, en la Universidad de Denver, colorado, comenzó el tercer acto de la obra de teatro que es conocida como las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

Antes de iniciarse el debate presidencial, entrevistaron a las esposas de los aspirantes, lo que le dio un poco más de tiempo de cobertura a cada uno de ellos. A la señal del moderador, ambos salieron a escena, Obama con traje oscuro y corbata azul, Romney también con traje oscuro, pero con corbata roja. Al parecer ambos tomaron el color que identifica al partido por el cual aspiran, para seleccionar la corbata a utilizar.

Los principales puntos sobre los que cada cual expuso sus planes, estuvieron referidos a la necesidad de crear empleos, el déficit, los impuestos, el seguro social, los cuidados médicos, la educación, la forma de gobierno, la responsabilidad de los estados, el presupuesto de defensa y la habilidad que tendrían para hacer trabajar unidos a demócratas y republicanos en el Congreso.

Romney se esforzó por mantener una cara sonriente durante todo el debate, mientras que Obama estuvo la mayor parte del tiempo serio, lo que daba la impresión de que le preocupaba lo que decía Romney o que tenía que pensar para contestarle.

A la cara risueña de Romney debemos agregar su locuacidad y dominio de cifras que utilizaba para contrarrestar los pronunciamientos de Obama. El presidente mostró menos facilidad de palabra y en ocasiones tartamudeaba un poco.

Ambos aspirantes pusieron al otro en situaciones difíciles en dos o tres ocasiones, de las que salieron repitiendo hechos y cifras de las cuales ya habían hablado y que rebatían lo dicho por su contrincante, aunque en realidad tengo la impresión de que el votante estadounidense no se vio impresionado por ninguno de ellos.

Realmente el debate se centró en  repetir cada uno los problemas que pudiera sufrir el pueblo estadounidense si se decidiera a votar por alguno de ellos, con mensajes muy claramente dirigidos a la clase media, los jubilados, los estudiantes y las clases de mayor poder económico.

Es posible que los temas relacionados con los latinos, las mujeres y los afros americanos se toquen en otro momento, pues a pesar de todo lo que se habló no se hizo mención directa a los mismos.

Cuando se habló de gobierno, Romney supo aprovechar que como fondo de ambos aspirantes se proyectaba la Declaración de Independencia y la Constitución, algo que Obama pasó por alto y hubiera podido aprovechar en el debate como hizo su contendiente.

¿Quién ganó este primer round? Toda parece indicar que fue Romney, sin embargo nadie puede asegurar que el haber ganado el primer debate le asegura la elección.

No solamente faltan tres debates, incluyendo el de los aspirantes a la vice presidencia, sino que además la situación internacional está convulsa, principalmente en Siria y no podemos pasar por alto las elecciones en Venezuela, que se llevarán a cabo en pocos días, donde las provocaciones y planes de la CIA conjuntamente con los de otras agencias estadounidenses pudieran crear situaciones que al final beneficien las aspiraciones de Obama. Recuerden que siempre puede esperarse la "sorpresa de octubre".

Seguramente que las empresas encuestadoras informarán su criterio al respecto, pero es evidente que por mucho que prometan ambos candidatos, será imposible que alguno de ellos pueda hacer algo por alejar a la nación del "precipicio fiscal" anunciado para fin de año, al cual se aproxima Estados Unidos, sobre lo que trabaja a todo tren una comisión bipartidista .

Como dijimos en otro escrito, el famoso lema "In God we trust" van a tener que cambiarlo por el que plantea "Que Dios nos coja confesados".