La actual campaña electoral para alcaldías tiene mucho de temperamental. En principio los candidatos mayoritarios prometieron evitar bajezas y comportarse de acuerdo a los compromisos establecidos en los programas partidistas. Iba a ser una campaña de ‘alto nivel’, dijeron algunos, incluso porque son partidos que están de acuerdo en apoyar al gobierno de Dilma.

Por eso, en los primeros debates en radio y televisión cada candidato se esforzaba por convencer al elector de que, en caso de resultar elegido, la nueva administración municipal (aunque fuese un candidato a la relección) sería mejor que la anterior. Habría progresos en cuanto a la salud, la calidad de la enseñanza pública, el transporte colectivo, la recogida de la basura, etc. Administrar bien la ciudad sería lo importante.

Entonces surgieron las encuestas, ese fantasma estadístico que, como espada de Damocles, pende sobre la cabeza de cada candidato. Una encuesta indica las posibilidades de victoria de cada aspirante a futuro alcalde, mientras que otra indica cómo reacciona el público ante sus programas en radio y en televisión.

El público televisivo-internáutico brasileño no merece aplausos en materia de preferencias. Disfruta con programas-basura real, como el Gran Hermano, o virtual, como las novelas. Nada que haga pensar y tener opiniones propias. Mientras que los programas de gobierno hacen pensar y exigen un mínimo de discernimiento crítico. Lo que hace subir el ranquin es la relación tormentosa entre Carmiña y Nina, y no entre la mafia de la especulación inmobiliaria y los sintecho y quienes viven en casa alquilada.

De ese modo los candidatos con índices insuficientes en la preferencia electoral, e incluso los que ocupan los primeros lugares, al sentirse amenazados por sus adversarios, tienden a olvidar sus promesas administrativas y dejarse arrastrar por la agresión verbal. Cual magos de un circo de terror, sacan de la manga todas las acusaciones, marufias y bajezas que puedan afectar a sus competidores.

Lo más curioso es que, a falta de reforma política (siempre prometida y postergada), los electores asisten a una admirable estratagema. Y los aliados de ayer son enemigos hoy en las elecciones. Ayer todo eran besos, hoy golpes.

Sucede que, con raras excepciones, acusadores y acusados en el ámbito municipal son, todavía hoy, aliados en el ámbito nacional. Lo cual revela una política cada vez más despolitizada, desideologizada, reducida a mera hambre de poder.

Como no hay invitación gratuita ni casa sin ropa sucia que deba ser lavada, los efectos de esa nefasta manera de hacer política se dejarán sentir en las siguientes elecciones para gobernadores y presidente de la República, el año 2014.

Ya empiezan a asomar las fisuras en el edificio de la base aliada del gobierno federal. El PT y el PSB ya se están acusando. Y el PMDB, por su parte, permanece de momento como hueso en boca desdentada, aunque no quita que dentro de poco desee librarse del síndrome de chupalevitas y, ávido de votos, aspire también a ocupar una posición central de protagonista.
Toda la cuestión de fondo de esta coyuntura reside en la cultura (a)política que respiramos en el actual clima de liberalismo. Ningún candidato cuestiona el sistema en que vivimos. Ya no se habla de aprovechar el período  electoral para “concientizar y organizar a la clase trabajadora”. Todo se reduce, como en las elecciones presidenciales de los EE.UU., a originar impactos emotivos para sacar al elector del marasmo y del desencanto. Y los recursos más utilizados son el “retrato de familia” (vean qué feliz soy con mi esposa y mis hijos) y el miedo: al desempleo, a la crisis financiera, al terrorismo, a la pérdida de los derechos civiles.

Todos vamos siendo progresivamente domesticados por los medios controlados por el gran capital, de modo que se va cambiando la libertad por la seguridad, la opinión propia por el consenso, el espíritu crítico por la anuencia venerable a la palabra del líder. Corremos el riesgo de tener en el futuro una sociedad de invertebrados políticos.

Frei Betto es escritor, autor de “Conversación sobre la fe y la ciencia”, junto con Marcelo Gleiser, entre otros libros.  www.freibetto.org/>    twitter:@freibetto.
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Traducción de J.L.Burguet

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