De manera precisa el 27 de agosto se ha dado como noticia que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC – EP) y el gobierno nacional de Colombia que preside Juan Manuel Santos Calderón, han firmado acuerdo del inicio de paz por poner fin el conflicto social armado de hace 48 años. Esa información de manera cierta llena de esperanza no solo a los pueblos, trabajadores/as, campesin@s, indígenas y afrocolombian@s, sino a todos los que aman la paz como un valor preciado para la coexistencia entre los seres humanos del planeta tierra. Así lo vemos los re-retaranietos de Túpac Amaru II y Micaela Bastidas Puyucahua y vigenciadores de las ideas socialistas de José Carlos Mariátegui. De concretarse este andar pues será para el bienestar de los pueblos de la hermana república de Colombia, que durante 48 años ha vivido la crisis humanitaria, tierra, trabajo, pan y paz como producto de la contrarrevolución que ha ejecutado los gobiernos que han tenido las riendas de los destinos del Estado de Colombia.
 
Los análisis que fluyen desde la misma Colombia, indican que este preciado camino de paz, se echa andar en el contexto de las contradicciones del poder dominante interburguesa, por un lado que tiene como cabeza visible al genocida y contrarrevolucionario Álvaro Uribe Vélez y por el otro lado al actual presidente Juan Manuel Santos, casi de la misma astilla del expresidente Uribe Vélez. Entre estas dos gentuzas podrán existir matices, pero de igual son unos enemigos de los pueblos que ha metido la guerra contrarrevolucionaria a l@s colombian@s postulantes de una nueva Colombia en los periodos que han ejercido la gobernación (Santos está en ejercicio del poder político) de Colombia.
 
Las contradicciones del poder dominante colombiana, es el resultado de las luchas político militares de las FARC – EP, Ejército de Liberación Nacional de Colombia (ELN – C) y las luchas social política de los estudiantes, trabajadores/as, campesin@s, indígenas, afrocolombian@s y pueblos.
 
El gesto hacía la paz del gobierno de Santos Calderón en plática con las guerrillas, no son porque la burguesía quiere entregar la paz como voluntad de ellos, por el contrario son una de las conquistas de los pueblos que se organiza política, militar y socialmente en pro de la conquista de la paz y justicia social. En el terreno político se han organizado en la Marcha Patriótica y Consejo Patriótico Nacional que en abril de este año a través de una movilización ha congregado más de 150 mil colombian@s en la ciudad de Santa Fe de Bogotá, donde a agalla de voces ha pedido la salida política al conflicto social armado y justicia social a través de una negociación política. A esto se añade la existencia del Polo Democrático Alternativo y Partido Comunista de Colombia. En el terreno militar la organización de los pueblos de Colombia están en las FARC – EP y ELN – C. En el marco social se han organizado en nutridas instituciones sociales que alcanzan un incontable número de asociaciones civiles sociales, Colombianos y Colombianas por la Paz, etc.
 
Los ánimos de la burguesía agraria, la costra de las fuerzas armadas, el terratenientismo, gamonalismo, narcoburguesía y capital transnacional que representa el presidente Juan Manuel Santos, está ingresando a realizar el proceso de paz con una de las fuerzas insurgentes que representa los genuinos intereses de l@s campesin@s, indígenas, trabajadores/as, pueblos y afrocolombian@s. Este atrevimiento tendrá como oponente abierto del proceso de la paz a Álvaro Uribe que expresa los intereses de la recalcitrante y ultra derecha colombiana. De manera cierta no será fácil lograr la paz, pero vale atreverse, manteniendo el recelo en la derecha recalcitrante y reaccionaria colombiana, su asesor y fortaleciente imperio yanqui.
 
La paz como resultado de una negociación política tiene que producir una revolución del Estado de Colombia en el terreno social, económico y político comenzando por resolver los problemas centrales de l@s campesin@s como es la reforma agraria integral, democrática y moderna; reforma que tiene que reconvertir a las gentes del campo a nuev@s ciudadan@s campesin@s productores agrari@s de Colombia. La revolución como efecto de la negociación política tiene que resolver los problemas centrales de trabajo, educación, salud, vivienda y medio ambiente de los pueblos de Colombia.
 
De manera obvia, en los procesos de la negociación política entre el Estado colombiano y fuerzas guerrilleras, de manera indiscutible tiene que tener participación los trabajadores/as, campesin@s, indígenas, afrocolombian@s y pueblos para que los resultados del convenio político tiene que expresar la voluntad transformadora de las estructuras del Estado a través de una justicia social. Sin la participación de las masas populares, no tendrá mucho sentido el referido acto político.
 
Como ciudadano de la Región Andina de Suramérica en la que está ubicado el Perú, apostamos a que los revolucionari@s colombian@s junto con los trabajadores/as, campesin@s, indígenas, afrocolombian@s y pueblos tengan la sabiduría de lograr la tan ansiada paz con justicia social y revolución por una nueva Colombia.
 
Juan Rojas Vargas fue Secretario General de la Confederación Campesina del Perú (CCP) de 1988 – 1994.  http://jrojas.blogspot.es