Llevamos casi doce años de total indefensión los periodistas, trabajadores de la prensa, familiares y amigos de los comunicadores, ante el exponencial y terrible aumento de asesinatos, desapariciones forzadas y demás delitos contra las libertades de prensa y expresión y el derecho a la información, de ahí, que ante cualquier anuncio no consistente de la autoridad de que ya aclaró algunos de los asuntos pendientes, mínimo, la reacción del gremio organizado es de incredulidad.
 
La degradante impunidad, que ha sido el sello de estos dos últimos regímenes panistas, ha propiciado que las autoridades no se hayan tomado la molestia de investigar a fondo dichos crímenes y los mínimos, que dicen los funcionarios haber atendido, no convencen sus resultados.
 
Por eso mismo, nuestras dudas de que se haya esclarecido el homicidio múltiple de los colegas Guillermo Luna Varela, reportero gráfico de la página de Internet veracruznews y de La Voz del Sureste; Gabriel Huge Córdoba y Esteban Rodríguez Rodríguez, fotógrafos del periódico Notiver y del diario AZ, así como el de Ana Irasema Becerra Jiménez, publicista del periódico El Dictamen.
Así como el posterior asesinato del reportero policiaco, Víctor Manuel Báez Chino, ocurrido en pleno centro de la ciudad capital, Jalapa de esa misma entidad.
 
Los asesinatos de los tres reporteros y una trabajadora de prensa fueron cometidos en Veracruz el pasado 7 de junio, exacto, cuando en México se celebra en esa fecha el Día de la Libertad de Prensa y Expresión.
 
Si tomamos en cuenta que en el multihomicidio las autoridades presentan a un presunto culpable sin prueba alguna y solo por su auto confesión, posiblemente estamos ante una nueva pifia de la Marina de México, a que se le atribuye la detención y de la Procuraduría General de la Justicia del Estado hace suya la investigación.
 
En el otro caso, resulta que los señalados como presuntos asesinos están muertos y la investigación se basa en testigos que lo señalan como los autores del plagio del comunicador y en consecuencia, la autoridad considera que fueron los homicidas.
 
La historia de la delincuencia, no solo en México sino en el mundo, registra casos, sobre todo en asesinatos y otros delitos que tuvieron connotación pública, donde surgen individuos que se confiesan autores de los mismos y posteriormente se comprueba que son ajenos a esos crímenes; son sicópatas que tienden a aprovechar la singularidad del caso sin importarles las consecuencias, para que ahondar en los miles y miles de casos en que la autoridad nos presenta a presuntos culpables que a la postre resultan inocentes.
 
La simple confesión sin las pruebas suficientes, a pesar del viejo principio obsoleto,  de que a confesión de parte relevo de pruebas, no basta; actualmente, y la autoridad domina el tema, la confesión dejó de ser la madre las pruebas.  Por tanto que tampoco nos salgan con que los asesinos del otro homicidio ya están muertos, porque simple y sencillamente nos coloca en la mas atinada incredulidad.
 
Teodoro Rentería Arróyave es periodista y escritor mexicano. www.felap.info, www.ciap-felap.org, www.fapermex.mx, y www.clubprimeraplana.com.mx