En el mundo occidental la caída del muro de Berlín lanzó una arremetida triunfal, que empezó a finales de los años 70 del siglo XX (consenso de Washington, 1,978), cuando la rearticulación del imperio norteamericano con la humillación de Irán. Esta arremetida se llamó neoliberalismo. Es decir pensamiento económico liberal y tradicional y único: anglosajón. Todos los mecanismos económicos: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y otros, se alinearon a estas políticas de reordenamiento mundial. Y, lo más importante, sus mecanismos sofisticados en lo ideológico: intelectuales, yuppies y medios de comunicación se pusieron en marcha. La moda neoliberal consistía simplemente en repetir que el comunismo había fracasado, y lo que reinaba era el capitalismo: El Fin de la Historia (Fukuyama, Francis). La yapa fue el derrumbe del socialismo real de la Unión Soviética y sus satélites. Pues el escenario de esta manera de ver el mundo tenía un ambiente casi ideal. La iglesia católica tuvo a un papa polaco anticomunista y retrógrado, que combatió a la teología de la liberación confundiéndola con el comunismo.
 
Por estos lados del mundo tuvimos nuestro propio muro de Berlín: el fracaso del gobierno de la UDP (MIR, MNRI, PCB) a mediados de los años 80. Entonces los muchachones de la izquierda se rindieron fácilmente para convertirse, de la noche a la mañana, en derechistas y consultores del sistema único. Los guerrilleros, los comprometidos con los pobres, los salvadores del mundo, los “hombres nuevos” y los “soñadores” de pronto estaban codo a codo con sus torturadores, con sus patrones y verdugos. Tenían por supuesto el escenario adecuado: ni siquiera había que sentir vergüenza. Ser marxista era algo pasado de moda, incluso retrógrado y anómalo. De gente enferma o desubicada. Los proyectos educativos católicos quemaron sus textos de la teología de la liberación; cambiaron a los curas tercermundistas por triunfalistas y “profesionales”: gestores del pensamiento anglosajón único. Todo lo demás era fracaso. La educación en adelante tenía que ser productiva y triunfalista, sin ideologías ni política. Los triunfadores del sistema eran los llamados al cielo: los yuppies, los capos y sobresalientes. Aquellos que tenían sed de enriquecerse aún pisoteando a todos los demás: modelo anglosajón y del pensamiento único. Y los medios de incomunicación hicieron el papel sucio ideológico, de machacar y repetir durante años ese pensamiento. Se multiplicaron los canales de televisión, de radios y medios impresos: el objetivo era absolutamente claro.
 
Pero en qué consiste ese pensamiento único? En un cambio brutal e inversión de valores de la sociedad. En justificar el individualismo ciego y enfermo. De hecho se justificó por ejemplo la privatización de las empresas estatales, porque lo estatal (grupal, colectivo, nación) no servía o era improductivo. En cambio la empresa privada, la iniciativa privada, lo yuppie, era lo triunfalista, es decir el capitalismo puro y seco. La libre competencia, etc. A los jóvenes se les inculcaban estas ideas de triunfo total. Soñar por un mundo distinto ya no era necesario: mejor enriquecerse y dar limosna a los pobres. La frivolidad tonta y burda era el pan del día en todos los sistemas educativos. Los hijos de los guerrilleros e izquierdistas acudían a colegios y escuelas privados, también de curas, donde se educaban para ser triunfadores y gestores del triunfalismo. Suficiente sacrificio y fracaso eran ya las vidas de sus padres. Los hijos tenían que ser educados en el sistema. Tenían que ser feligreses del sistema. Súbditos del sistema. En fin.
 
Estos “valores” del triunfo y la competitividad siguen siendo el plato preferido de las clases a medias, donde izquierdistas y derechistas comparten el mismo plato del pensamiento único anglosajón. Entonces les choca y no entienden nada de lo que sucede en Bolivia. Consideran que sus barrios son parte de Miami o Florida, o al menos París o Madrid. Todavía peor: campesinos o indios en función de gobierno, pues es una afrenta a ese “pensamiento” triunfalista, desarrollista y “anglosajón”. Se sienten humillados por la historia, porque les habían dicho que ellos eran los triunfadores, los salvadores, los estudiosos y los científicos llamados a conducir estos territorios. Y lo único que tienen es en realidad su racismo ignorante, que ante su desconocimiento de la realidad de nuestros territorios sacan como carta triunfalista “anglosajona”. Esos valores del pensamiento único neoliberal siguen dañando a nuestra juventud. Las universidades son antros frívolos de borrachera triunfalista. Copia fiel y tonta de otras realidades, sobre todo de las universidades anglosajonas, como parte de su desahogo existencial, desubicada de estas realidades. Y muy poco se ha hecho para recuperar esos centros educativos, y respondan a nuestras realidades. Pues en estos tiempos de cambio y de enormes cambios en el mundo, hay que desenmascarar a ese “pensamiento” anglosajón que ya demasiado daño ha hecho en Bolivia. Sobre todo en los jóvenes. Pero es cierto que los valores nuestros, culturales y civilizatorios, no están siendo reflejados como debían, porque los gobernantes no son todavía los adecuados para esa inmensa tarea.
 
Cochabamba, 14 de agosto de 2012.