Carlos A. Vicente, GRAIN y Acción por la Biodiversidad
 
El artículo de Eduardo Paz Rada abre expectativas desde el título de la nota por plantear uno de los debates más actuales en América Latina como lo son la problemática de la extracción de los bienes naturales de nuestro Continente y su utilización por el capitalismo para continuar su expansión y dominación.
 
Sin embargo equivoca el rumbo desde el principio al plantear que “en el fondo de la confrontación entre la defensa medioambiental y la economía de explotación primaria de recursos naturales se encuentra la misma pista: es decir ambos polos son parte de la estrategia imperialista de controlar los medios de vida más importantes del planeta”.
 
El autor desconoce en el artículo la existencia de una corriente de pensamiento en América Latina que lejos de un ambientalismo ligado a una estrategia imperialista se planta junto a los movimientos sociales para cuestionar el modelo extractivista de la mano de una profunda crítica al capitalismo y sus mecanismos depredadores al mismo tiempo que cuestiona las tradicionales propuestas desarrollistas de las izquierdas.
 
El movimiento ecologista ha hecho profundos aportes a estos debates en los últimos 30 años y su cuestionamiento central pasa por poner en debate el “desarrollo” en los términos en que se impuso desde mediados del siglo pasado e igualar los mecanismo de dominación y explotación de las personas dentro del capitalismo con los de dominación y explotación de la naturaleza que toda la sociedad occidental, hoy globalizada, propone para nuestra sociedad.
 
Las expresiones políticas de estas articulaciones durante la última década han sido múltiples y enriquecedoras y vale la pena detenerse en algunas de ellas para comprobar la amplitud de actores que involucra y los procesos en marcha.
 
La Conferencia de Cochabamaba sobre Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra convocada por el Presidente Evo Morales realizada en abril del año 2010 fue un hito en el que claramente los pueblos expresaron que “La humanidad está frente a una gran disyuntiva: continuar por el camino del capitalismo, la depredación y la muerte, o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida. Requerimos forjar un nuevo sistema que restablezca la armonía con la naturaleza y entre los seres humanos. Sólo puede haber equilibrio con la naturaleza si hay equidad entre los seres humanos”.
 
Por otro lado en la reciente Cumbre de los Pueblos de Río de Janeiro, paralela a la Cumbre Oficial Río + 20, que pretendió imponer la lógica de la “economía verde” como alternativa, expresó “La defensa de los bienes comunes pasa por la garantía de una serie de derechos humanos y la naturaleza, la solidaridad y el respeto a las cosmovisiones y las creencias de los diferentes pueblos, como por ejemplo, la defensa del ” Buen Vivir” como forma de existir en armonía con la naturaleza, lo que presupone una transición justa a construirse con los trabajadores/as y el pueblo”.
 
Desde ambos espacios vienen construyéndose articulaciones y alianzas que, en muchos casos muy cerca de los gobiernos, están proponiendo y construyendo caminos alternativos al desarrollismo dominante propuesto por derechas e izquierdas.
 
Lo cierto es que la depredación de nuestro continente no se detendrá si el extractivismo. el modelo sojero, la minería a cielo abierto, las grandes obras de infraestructura, los monocultivos forestales, la industrialización feroz, la contaminación de tierra, agua y aire producidos por el “desarrollo” pasa a ser controlado por nuestros Estados Nacionales en lugar de serlo por grandes corporaciones.
 
Estamos seguros que la construcción de la Patria Grande Latinoamericana no será posible si no lo hacemos integrando las históricas luchas contra la dominación imperialista con las nuevas, que integrándose a las reivindicaciones históricas de pueblos indígenas y campesinos, proponen la soberanía alimentaria y los derechos de la madre tierra para una nueva sociedad que deje atrás el capitalismo y el patriarcado como ejes articuladores de los vínculos.
 
El gran desafío de nuestros gobiernos “progresistas” pasa por dejar de ser arrastrados por modelos impuestos desde el norte para encontrar en nuestra historia, en nuestras capacidades y en la defensa de nuestros bienes naturales y nuestros pueblos el camino para un buen vivir que sirva de modelo a la humanidad frente a los desafíos que el siglo veintiuno nos plantea de manera acuciante.
 

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