Habitantes de Temacapulín se resisten a que su comunidad desaparezca con la construcción de esta obra iniciada hace siete años
 
Doña María del Consuelo Carvajal, tendera de Temacapulín, en los Altos de Jalisco, expresa con aflicción: “El corazón lo tengo como piedra, si no ya me hubiera muerto”. La mujer encarna la herencia hispano/gala de la legendaria región cristera: es muy blanca, robusta. Y su tienda, a una cuadra de la Basílica de la Virgen de los Remedios, concentra parte de la historia local y de la lucha del pueblo contra la construcción de la presa Zapotillo.
 
Las imágenes de Nuestra Señora de los Remedios, del mártir cristero San Toribio y del Señor de la Peñita —formación natural de un Cristo en un acantilado del lugar—, conviven con afiches, fotografías y recortes de periódicos sobre los siete años de resistencia de la comunidad que se niega a desaparecer bajo las aguas del embalse de la presa.
 
La alteña dice que diversidad de reuniones con autoridades locales y federales, marchas, protestas, rezos, la toma de la construcción de la presa, hostigamiento policiaco y un proceso jurídico largo por la defensa de Temaca, como le dicen popularmente, ya dejaron una estela de muertes: “La gente aquí quiere a su tierra, a su pueblo, como si fueran sus padres”.
 
En Temaca, afirma el licenciado Guadalupe Espinoza del Colectivo de Abogados, la impunidad gubernamental se impone sobre las leyes: en diciembre de 2011 —dice— ganaron la resolución 842/2010 del pleno del Tribunal Administrativo del Estado de Jalisco, que anula la reubicación de alrededor de 400 habitantes en un nuevo centro de población de nombre Talicoyunque porque se les negó el derecho a ser consultados e informados. “Lo ganamos, pero sigue la construcción de Talicoyunque”, comenta.
 
El director general del Organismo de Cuenca Lerma Santiago Pacífico de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), Raúl Iglesias, niega tener conocimiento de dicho amparo: “Si lo hubiera lo tendríamos que atender y darle un tratamiento jurídico”.
 
Dice que ya negociaron la reubicación de las otras dos poblaciones afectadas: la ranchería de Palmarejo, y Acasico, con alrededor de 100 habitantes, que la presa lleva 45% de construcción y que beneficiará a 2 millones 300 mil habitantes de Guadalajara, León y Los Altos de Jalisco.
 
—¿Qué procede si la gente de Temaca no se quiere salir?
 
—Simplemente ir con decretos de expropiación.
 
Morir de angustia
 
“Virgencita de los Remedios y Templo de Temacapulin: no vamos a permitir que los toquen ¡Y que Dios nos ampare! ¡Viva Cristo Rey!”, se lee en el letrero colocado en la sacristía del santuario de cantera rosa, el principal orgullo de Temaca porque se erigió en 1759 y en 1959 se elevó a Basílica.
 
Otros letreros contra la presa cuelgan de las viviendas: “Esta casa no se vende, se reubica, se expropia, se inunda. Respeten lo que no es suyo. Déjennos en paz”.
 
Temaca es un pueblo pintoresco y pacífico que se extiende en un valle pequeño rodeado de cerros y peñascos. Es popular por sus aguas termales, la longevidad de sus habitantes, la siembra de chile de árbol, su pesca en el Río Verde y las calles construidas con piedras que hombres y mujeres acarrearon de las márgenes del mismo.
 
En Talicoyunque, ubicado en una meseta árida a 5 kilómetros de la comunidad, el paso está prohibido, pero a la distancia se aprecian 16 casas modernas ya construidas de 170 metros cuadrados, en lotes de mil metros cuadrados, propias de un suburbio urbano. Desde ahí se constataría, si fuera el caso, cómo Temaca queda bajo las aguas.
 
Doña Consuelo dice que algunas noches en Temaca reverberan los ruidos de maquinaria perforadora en Talicoyunque. La idea de ser expulsados del pueblo provocó que personas “se pasaran la noche llorando”. Algunas están muertas: “Pancho Álvarez, Juanita Reyes, Toña González”.
 
El doctor Jorge Gutiérrez del departamento de Psicología Aplicada de la Universidad de Guadalajara avala su dicho. En su peritaje Impacto psicosocial y riesgo de desplazamiento forzado: el caso de Temacapulín frente a la construcción de la presa el Zapotillo documenta el fallecimiento de 26 personas de 2005 a 2010 por causas directas del proceso de construcción de la presa. “Se registra un incremento de muertes a partir del anuncio del proyecto en 2005”, dice. De las 26 muertes, 19 fueron por daños en el corazón.
 
Gutiérrez registró en su dictamen presentado en el juicio de amparo colectivo por la suspensión de la presa 104/2010 que en una muestra representativa de 70 personas —entre infantes, adolescentes y adultos—, 79% presentó un cuadro de estrés postraumático crónico.
 
De las 26 muertes 18 son de mujeres y 8 de hombres, en edades que oscilan de los 41 a los 100 años. El doctor no tiene datos precisos de 2011 y 2012. El abogado, por su parte, hace un recuento al vuelo: dice que en 2011 fallecieron seis personas y tres más en lo que va de 2012.
 
Omisiones y engaños
 
Guadalupe Espinoza externa que en siete años han interpuesto 15 amparos federales, la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) ha girado recomendaciones en su favor, y en el Congreso estatal el PRD y el PRI presentaron puntos de acuerdo para cancelar la presa que fueron rechazados por la bancada del PAN.
 
Piensa que hay intereses económicos en juego para beneficiar a Guanajuato, de férrea militancia panista: “La burguesía de León quiere agua para la industria de la construcción y del calzado, y es que en ésta se curte la piel con cromo y bromo que es muy contaminante, necesitan mucha agua”.
 
En 2011 ganaron otro amparo federal contra la construcción de la obra, pero las autoridades estatales y federales interpusieron un recurso de revisión que será resuelto estos días por el Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Tercer Circuito.
 
El abogado precisa: “Si se confirma la sentencia a nuestro favor, la presa debe suspenderse hasta que se den garantías y se respeten los derechos humanos de la gente”. Explica que al principio la información oficial que recibió la comunidad era que la cortina de la presa tendría una altura de 80 metros, por lo que en Temaca se harían unos diques para no inundarlo.
 
Pero después, a través de los medios de comunicación, sus habitantes supieron que la altura de la cortina de la presa aumentaría a 105 metros y el pueblo quedaría bajo las aguas.
 
Agrega que el pueblo, además de perder su patrimonio histórico, se quedaría sin medios de subsistencia: los pequeños balnearios de aguas termales y alrededor de 400 hectáreas destinadas a la producción de chile de árbol y de cultivos de autoconsumo serían destruidas.
 
Iglesias reconoce que se podría proteger a la comunidad con diques para no desaparecerla: “se puede hacer, técnicamente es construible, pero estamos hablando de alrededor de cinco diques entre 25 y 30 metros de altura con un costo beneficio caro además del de su operación y mantenimiento”.
 
Niega que haya sembradíos: “¿Cuáles hectáreas cultivables?”. E informa que apoyarán a los pobladores para que pongan pequeños negocios, además de que en el vado de casi 5 mil hectáreas que pretenden llenar con agua “se podrán hacer eventos deportivos o pesca comercial”.
 
Milagro esperado
 
Si uno recorre Temaca un mediodía entre semana, no encontrará mucha gente. Algunos de sus habitantes laboran en granjas de pollo y cerdo en los alrededores, otros están en sus parcelas, los jóvenes salen a estudiar porque aquí no hay planteles de nivel medio ni superior. Otros habitantes migraron en busca de trabajo: jóvenes se van a Monterrey de febrero a octubre porque trabajan en una red de paleterías en época de calor, o parten a Guadalajara o a Estados Unidos.
 
Uno de los argumentos gubernamentales para desaparecer Temaca es que dice que es un pueblo fantasma.
 
“Eso no es cierto”, responde el treintañero Emilio Jáuregui. Jóvenes migraron porque en la región no hay empleo, pero están en contacto con sus familias: “Como hijo ausente siempre tienes el pensamiento de regresar, invertir en un terreno, comprar ganado, sobrevivir tu futuro con tu familia”.
 
Los migrantes conformaron la red Hijos ausentes y solventan gastos jurídicos y de las movilizaciones contra la presa. La migración masculina provoca que la mayoría de integrantes del Comité Salvemos Temacapulín, Acasico y Palmarejo sean mujeres.
 
La presidenta del comité es María Abigail Aguedano, una viuda de 63 años que rechaza la versión oficial de que la mitad de la población ya negoció su reubicación: “es poca la que negoció y lo ha hecho por miedo a quedar sin nada”.
 
Doña Abigail afirma que llegará “hasta el final, pase lo que pase”. En cambio, doña Consuelo, dejó de creer ya en la justicia terrena: “ganamos amparos y no los respetan, eso es lo peor”. Por eso espera un milagro.