Analizar el posicionamiento de la Unión Industrial Argentina resulta necesario para un análisis inteligente de la coyuntura política actual. Un escenario de conflicto entre la conducción del proyecto nacional y uno de sus principales eslabones –la CGT-, sorprende al tablero político y, sin rigurosidad en el diagnóstico y la propuesta, un mal movimiento se puede lamentar durante décadas.
 
Estado, producción y trabajo; los tres pilares sobre los cuales se erigió el proyecto político que salvó a Argentina del abismo en el cual se encontraba en los albores del siglo XXI. Eso nadie lo discute dentro de la mitad-más-uno -o del casi 55 por ciento en términos electorales- que eligió a Cristina Fernández para continuar al frente de la conducción del país.

Más allá del escenario que se pudo observar durante las últimas semanas, y de los episodios de los cuales todos hablan -Hugo Moyano en el canal de noticas de Clarín, TN; el paro de camioneros, el discurso de Cristina Fernández; las 100 mil (o 25 mil) personas en Plaza de Mayo- vale la pena poner a la luz la opinión del eslabón restante de la tríada. El que menor aparición mediática tuvo durante las tensiones entre el gobierno y la conducción actual de la Confederación General del Trabajo (CGT).

Por supuesto que no es posible recolectar las opiniones de todo el empresariado del país, pero para conocer la tendencia general de un sector, existen en la política los referentes, dirigentes o conductores; que tienen la tarea de amalgamar, cohesionar y expresar –en general- al conjunto de voces del arco político del cual forman parte.

Hasta el momento, se escuchó en diversas ocasiones a la Presidenta y a Hugo Moyano, actual conductor de la CGT. Desde el ámbito del empresariado nacional, en su mayoría nucleado en la Unión Industrial Argentina (UIA), también sentaron posición. Fue a través de la palabra de José Ignacio De Mendiguren, titular de dicha entidad desde el 27 de abril de 2011.

Tras participar en el pre-coloquio de IDEA en la ciudad de Salta, De Mendiguren manifestó ante los medios su posicionamiento en torno al conflicto: Creo que (Hugo Moyano) es un dirigente que está pidiendo diálogo, aparentemente por lo que él dice no ha encontrado una respuesta del gobierno, que está faltando, y acude a estos procedimientos que para mí no son los más razonables; me gustaría que siguiéramos intentando ese dialogo, eso fue lo que charlamos en la conferencia industrial”.

Si bien deslizó críticas hacia el dirigente gremial, sobre todo por la forma en la que llevó adelante sus reclamos, desde que estuvo ausente en la asunción de Cristina en diciembre manifestó su preocupación por el distanciamiento y describió a Moyano como un “un pilar fundamental del proyecto nacional”.

Tampoco se abstuvo de posicionarse con respecto a los reclamos del mínimo no imponible y el impuesto a las ganancias: "tienen que estar en la agenda y eso nadie lo discute", dijo “El Vasco”, como se lo apoda por su ascendencia. Luego agregó: “El Gobierno dirá cuándo es oportuno y si quieren con la inflación del Instituto Nacional de Estadisticas y Censos (INDEC), pero algo hay que hacer. Los balances deberían ajustarse, bien subiendo los topes, o bajando las tasas".

Lo mencionado por el dirigente textil está relacionado a que desde 2001 hasta ahora se acumuló una inflación real de casi 300 por ciento, sin embargo, el sistema tributario le aplica a los asalariados las mismas alícuotas y las mismas escalas del Impuesto a las Ganancias que puso en vigencia el gobierno de la Alianza (1999-2001) en enero de 2000, con la criticada reforma impositiva sancionada a fin de 1999, cuando el ministro de Economía era José Luis Machinea.

¿Qué es lo que tanto preocupa a De Mendiguren acerca de este asunto? A fin de mes llega sin lugar a dudas. Él y todos los empresarios que dirigen la UIA. Pero la pérdida de poder adquisitivo por parte de los trabajadores puede atentar contra el funcionamiento del mercado interno que le da oxígeno a los industriales nacionales, y que tanto vitalizó a la economía nacional.

La participación del trabajo en la riqueza generada anualmente en Argentina cayó al 38 por ciento. En 2009, el año de mayor participación en la década, había sido de 41 por ciento. Por eso no es circunstancial que el sector que conduce a la UIA se posicione a favor del reclamo, pues, si se ajustan los números a la denominada inflación real -según números del INDEC- el salario mínimo imponible se fijaría en 8.265 pesos en el caso de trabajadoras y trabajadores solteros, y 11.305 para los que tienen dos hijos.

Más allá del pronunciamiento, es de público conocimiento que Hugo Moyano no es un personaje del agrado de De Mendiguren, quien fuera ministro de Producción durante la presidencia de Eduardo Duhalde (2002-2003). La UIA es una organización que postula la necesidad de un sindicalismo “más disciplinado”, al estilo del metalúrgico Antonio Caló. 

Sin embargo, no es casualidad que, al observar al grupo de dirigentes cegetistas obstinados en correr a Moyano del camino, denominados “Los Gordos” -Carlos West Ocampo de sanidad, Armando Cavallieri de los empleados de comercio, Oscar Lescano de luz y fuerza- y el pasado menemista que los abraza; De Mendiguren analice la necesidad de hacerle un guiño al actual secretario general de la central obrera y de esa manera no apartarlo definitivamente.

El temor de los industriales del país es el crecimiento potencial que puedan llegar a adquirir los capitales transnacionales que invierten actualmente en la Argentina y que se están poniendo al frente del desarrollismo industrial en varias esferas de la economía. Sin embargo, los antecedentes de políticas oficiales destinadas a potenciar la industria nacional y el consumo hacen suponer que ese temor es infundado. 

Sin embargo, no cayó bien entre los industriales el anuncio de la ministra de Industria, Débora Giorgi, respecto a la inversión por casi 1.800 millones de pesos de la empresa Monsanto para la radicación de su nueva planta industrial para la producción de semillas de maíz que implica “400 puestos de trabajo más” y convierte a la firma “en la empresa que tiene las dos plantas más importantes para la provisión de semillas para siembras en la República Argentina”.

La UIA es consciente de que, si bien se ha beneficiado del crecimiento desde el 2003 a esta parte, no es capaz de hacerle frente ni financiera ni tecnológicamente a empresas de semejante poderío global. 

Si se comprende esto, no debe llamar la atención que De Mendiguren se sume al eje del proyecto de Héctor Recalde, Omar Plaini y Facundo Moyano -diputados del kirchnerismo- que proponen "compensar la pérdida de recaudación que significaría la elevación del mínimo no imponible y un cambio en las alícuotas, tocando otros aspectos de la política tributaria como minería, los juegos de azar, los funcionarios judiciales; o también podría ser gravando la renta financiera, la remisión de utilidades para incentivar la reinversión", según las palabras de Recalde, asesor legal de la CGT.

Si bien desde los medios opositores al kirchnerismo aprovechan el conflicto para plantear la antinomia “Cristina vs. Moyano”, ni los industriales, ni los diputados de la CGT en las bancadas del oficialismo y seguramente muchos otros funcionarios oficiales, creen que esta situación de crisis en la alianza es favorable.

Al contrario, las antinomias falsas plateadas por los medios hegemónicos y lamentablemente por algunos oficialistas también, se rompen comprendiendo la contradicción. Tensiones entre capital y trabajo van a existir siempre; por el momento la lucha principal es contra los restos de neo-liberalismo aún vigentes en la Argentina, como el sistema tributario.

Por más que la ley de participación en las ganancias los hará enfrentarse, en esta coincidirán la UIA, la CGT y seguramente gran parte del oficialismo. Se ve entonces necesario bajar la tensión, y adherir a las posturas conciliadoras que también existen, aunque son poco difundidas.

Los métodos de Néstor Kirchner que exigía una juventud que lo “corra por izquierda” y un sindicalismo que “haga quilombo, empate y una vez empatado, yo vengo y le doy la razón”; fue un camino inteligente para timonear en la tormenta y trajo resultados satisfactorios en 2003 cuando la geografía política era, más bien, un aluvión. Hoy, luego de las transformaciones operadas, el escenario es otro. Cabe preguntarse, entonces, si para desactivar la crisis es menester retomar la vieja fórmula o reorientar las alianzas.

 
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Facultad de Periodismo y Comunicación Social. Universidad Nacional de La Plata.