Una de las definiciones más amplias de democracia es la libertad, libertad en el más noble sentido de la expresión.

La libertad es el mayor legado de la humanidad.

La búsqueda de la libertad ha desencadenado batallas y consecuentemente, millares de seres humanos han muerto embelesados por la libertad.

La libertad es la vida misma. Pero para vivir en libertad, el secreto es la valentía. Hay que ser valientes para reconocer cuán cobarde es una persona, al vulnerar las normas legales y perder la libertad.

La libertad como la vida misma, sólo la merecen quienes la conservan cotidianamente.

Actualmente disfrutamos en Bolivia un proceso político en construcción. Este proceso anhelado por las masas empobrecidas está en permanente conspiración por la derecha opositora.

La derecha conspira todos los días, y a veces la izquierda no se da cuenta.

Los pretextos sobran para inventar desorden social,  desgaste, desprestigio. Cualquier desliz es utilizado para conspirar, desde reivindicaciones salariales hasta marchas de protesta so pretexto de custodiar el medio ambiente.

Mentalidades y sujetos como éstos, presumiblemente tienen el paracaídas de oro para caer en los medios de comunicación que develan el ejercicio de un  periodismo viciado y cobarde.

En todo este teje meneje de disturbios de la derecha opositora, emergen los movimientos sociales con valentía y  furor para defender lo que les costó un río de sangre: la libertad y la democracia porque es la vida misma.

Perder la democracia es perder la libertad, y perder la libertad es perder la vida misma. Hay que estar siempre atentos, porque lo planes de la política norteamericana no son nada nuevo. Planes de permanente conspiración hacia nuestros pueblos democráticos de Latinoamérica.

 En Bolivia ya pasó la época de resolver todos los problemas con golpes de estado. No necesitamos golpes de estado, necesitamos un golpe de conciencia.

María Eugenia Claros Bravo es Directora Periódico Visión Z – Santa Cruz-Bolivia