El Partido Revolucionario Institucional (PRI) modernizó y perfeccionó su maquinaria para regresar al poder. Durante el sexenio 1988-1992, Carlos Salinas de Gortari dio un viraje completo al nacionalismo revolucionario enarbolado por el PRI y en su lugar adoptó la filosofía neoliberal.  La pugna al interior del PRI entre dos corrientes ideológicas provocó la principal escisión en su partido en 1987, con la salida de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.
 
Salinas logró lo impensable, que a pesar del cambio de rumbo en el partido emanado de la Revolución mexicana los sectores obrero, campesino, popular, además de los militares, grupos empresariales y la empresa de televisión, Televisa, continuaran unidos bajo la nueva ideología del partido que dejaba atrás el discurso revolucionario.  Ya lo había dicho Emilio Azcárraga Milmo fundador de Televisa: “soy soldado del PRI”. El otrora líder sindical de la Confederación de Trabajadores de México, Fidel Velázquez, simplemente apoyó la nueva corriente sin oponer resistencia a las políticas de adelgazamiento del estado y privatización de las dependencias paraestatales.
 
El entonces titular del Poder Ejecutivo tuvo la capacidad de hacer reformas profundas a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos gracias a la alianza del PRI con el Partido Acción Nacional (PAN) en el Congreso de la Unión.  Ernesto Zedillo Ponce de León sucedió a Salinas de Gortari dando continuidad a las políticas de apertura comercial, inmerso en una profunda crisis económica y política en México.  La maquinaria política perfecta que había sido el PRI no pudo conservar el poder y en el 2000, a 71 años de ostentar la presidencia de México, la perdió.
 
El cambio en México no vino por la izquierda como amenazaba en 1988 con el hijo del general Lázaro Cárdenas -quien siendo parte del sistema impulsó políticas sociales de trascendencia histórica y que fortalecieron el nacionalismo mexicano al expropiar el petróleo en 1938-.  El cambio vino por la derecha, con el PAN y bajo el liderazgo de Vicente Fox Quesada, quien abrió la puerta de la alternancia política en el país.
 
El PRI se vino en picada y en 2006 fue la tercera fuerza electoral.  En ese entonces el PAN repitió su triunfo con Felipe Calderón Hinojosa y gracias a la obtención de 15 millones 284 votos (35.89%). El segundo lugar lo obtuvo Andrés Manuel López Obrador, con la Alianza Por el Bien de Todos, con 14 millones 756 mil 350 votos (35.31%); el candidato del PRI, Roberto Madrazo Pintado, con la Alianza por México, contó con 9 millones 301 mil 441 votos (22.26%); Alternativa Socialdemócrata y Campesina, con su candidata Patricia Mercado Castro, acumuló un millón 128 mil 850 sufragios (2.7%); mientras que el Partido Nueva Alianza (Panal), con Roberto Campa Cifrián lo hizo con 401 mil 804 votos (0.96%).
 
En ese entonces la participación en la jornada electoral fue del 58.61%, de un padrón de alrededor de 71 millones 300 mil electores; votaron 41 millones 791 mil 322 personas.
 
Debido al margen tan estrecho entre el primero y el segundo lugar y las denuncias presentadas por López Obrador, México vivió un conflicto postelectoral de gran envergadura.  El lema lopezobradorista de ese entonces era voto por voto, casilla por casilla, con la intención de hacer un recuento de los sufragios, lo que no sucedió.  El mega plantón en una de las principales arterias de la ciudad de México, la avenida Reforma, trajo para López Obrador más efectos negativos que positivos, de ahí que para el 2011 cambiara su imagen con la llamada república amorosa, que le sirvió para contener los ataques de violento y peligroso para la nación -y mientras estuviera en la tercera posición en las preferencias electorales-.  Una vez que rebasara a la candidata panista, Josefina Vázquez Mota en la segunda posición, fue nuevamente objeto de una guerra sucia a la que él mismo contribuyó al comenzar de nueva cuenta a advertir que se avecinaba un fraude electoral.
 
Para las elecciones de 2012 el PRI duplicó los votos a su favor: su candidato Enrique Peña Nieto obtuvo (con datos al 5 de julio) 18 millones 727 mil 398 votos.  López Obrador también aumentó sus votos al sumar 15 millones 535 mil 117 votos –poco más de 778 mil sufragios-.  El PAN se vino abajo con 12 millones 473 mil 106 votos -dos millones y medio menos que en 2006-.  El Panal, con su candidato Gabriel Quadri de la Torre, subió sus números a un millón 129 mil 108 sufragios (2.3%).
 
En esta ocasión la participación ciudadana se incrementó al 63.14%, de un padrón de 77 millones 738 mil 494 electores.  Es decir, 49 millones 87 mil 446 personas emitieron su voto.  En comparación con el 2006 hubo más de siete millones de sufragios.
 
¿Cómo fue posible este triunfo del PRI?  Vamos a reflexionar respecto del comportamiento del voto. A pesar del clima de violencia que vive México se detuvo la tendencia de un alto abstencionismo en las elecciones y como ya vimos se superó el porcentaje de participación ciudadana obtenida en 2006 en casi cinco puntos porcentuales.  Es de llamar la atención porque había dudas si el crimen organizado hostigaría en la jornada electoral.  El 27 de mayo en la 27 Conferencia Nacional de Procuración de Justicia, realizada en Monterrey, Nuevo León, los procuradores de cada estado revelaron que los mapas de riesgo consideraban como principal foco de atención a grupos del crimen organizado y que la mayor vulnerabilidad se localizaba en los comicios locales donde los grupos delictivos buscan controlar los cuerpos de seguridad regional.
 
Efectivamente hubo actos intimidatorios en las campañas electorales y en los registros de candidatos locales, mismos que se denunciaron, en mayor medida en los estados Sonora y Zacatecas.  Sin embargo, en términos generales fue un proceso electoral tranquilo y con un mayor número de votantes.  El clima de violencia no fue factor.  Hubo siete millones 296 mil 124 votos nuevos que en 2006.  El número de votos de candidatos no registrados y anulados fue prácticamente el mismo: un millón 202 mil 593 para 2006 y un millón 222 mil 717 para 2012.  Es decir, esto no cambió a pesar de que Javier Sicilia, líder del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, había anunciado la promoción del voto nulo.
 
Otro factor fue el voto de castigo al PAN.  Recordemos que el partido en el poder sufrió divisiones desde la contienda para elegir a su candidata.  Vimos al panismo más alejado de su ideario democrático y sufrió embates internos en varios estados al seleccionar a sus candidatos locales, incluyendo a la presidencial.  Josefina Vázquez Mota no contó con el apoyo del presidente Felipe Calderón y después padeció las críticas del expresidente Vicente Fox.
 
Un factor más fue el que López Obrador persistiera en su intención de ser candidato pese a su desprestigio consecuente con su protesta postelectoral del 2006.  Amenazó -por así decirlo- con ser el candidato por parte de otros partidos que no fuera el PRD (Partido de la Revolución Democrática), y así lo hizo con la anuencia del PT (Partido del Trabajo) y el MC (Movimiento Ciudadano), poniendo al PRD al filo de la división.  El jefe del Gobierno del Distrito Federal (GDF) y serio contendiente por la candidatura presidencial por el PRD, Marcelo Ebrard, tuvo la prudencia de evitar ese escenario que hubiera sido catastrófico para el PRD, logrando mantener la unidad del partido a cambio de mantener el control de la designación del candidato perredista para el GDF, puesto ansiado para cualquier político con aspiraciones a contender por la máxima magistratura.
 
Por su parte, el PRI disciplinó a sus políticos y mantuvo la unidad interna.  Todos abrazaron al nuevo candidato y se alinearon.  Aquellos gobernadores acusados de corrupción como en Tamaulipas y que pusieron en riesgo el proyecto ya no tienen cabida en el nuevo PRI.  No hubo escisiones como en 1987.  Y quienes quieran seguir gobernando los estados por su lado, solos se quedarán.  La unidad fue factor fundamental para el PRI.
 
Ahora bien, si tomamos en cuenta el número de nuevos votantes y le sumamos los votos perdidos por los partidos Acción Nacional y Alternativa Socialdemócrata y Campesina, nos da la cantidad de diez millones 952 mil 152 votos, mismos que se distribuirían en los incrementos para las coaliciones por México (PRI-PVEM) y Movimiento Progresista (PRD-PT-MC), además del Panal y de más 20 mil 124 votos nulos que se incrementaron en seis años, como se aprecia en el siguiente cuadro.
 

Nuevos votantes de 2006 a 2012

 

 

 

7,296,124

Votos perdidos por el PAN de 2006 a 2012

 

 

2,527,178

Votos perdidos por Alternativa Socialdemócrata y Campesina

1,128,850

 
Votos en disputa por Peña Nieto, AMLO y Quadri

 

 
10,952,152
 
Si consideramos que la Alianza por México, el Movimiento Progresista y el Panal conservaron tal cual su base de sufragios del 2006 e incrementaron los votos gracias al nuevo padrón, al voto de castigo al PAN y aquellos dejados libres por Alternativa Socialdemócrata y Campesina, los casi 11 millones se tuvieron que haber distribuido de la siguiente forma:
 

Incremento de votos de la Alianza por México

 

 

9,425,957

Incremento de votos del Movimiento Progresista

 

778,767

Incremento de votos del Panal

 

 

 

727,304

Incremento de votos anulados

 

 

 

20,124

 
Total del incremento de los votos de 2006 a 2012
 

 
10,952,152
 
Como primera conclusión tenemos que la Alianza por México conformada por el PRI y el PVEM (Partido Verde Ecologista de México) duplicó el número de sufragios a su favor principalmente gracias al incremento de votantes en estas elecciones.  Persiste la pregunta del cómo consiguió animar a tantos ciudadanos para sumarse a su propuesta de campaña.  Ya vimos en el artículo anterior que hubo un arrastre popular de Enrique Peña Nieto gracias a un plan bien ideado de proyección de su imagen con la empresa Televisa.  También mencionamos que hubo compra y coacción del voto -y esto por parte de todos los partidos, pero según las denuncias y testimonios el monto por parte de la Alianza por México es muy elevado-.
 
Ahora podemos reflexionar que se invirtió la fórmula.  Antes el PRI contaba con su voto duro y consideraba que le beneficiaba el abstencionismo, cosa que no se vio en reflejado en el 2006; ahora buscó la mayor participación para sumarla a su voto duro.  No corrió riesgos y como salió a la luz en los medios, el plan ágora fue toda una ingeniería electoral para hacer que los sindicatos afines no sólo aseguraran el voto de sus afiliados, sino que lo promovieran en pirámides humanas y alcanzaran la cifra de 5 millones de sufragios (véase La Jornada del 25 de junio, página 3; nota firmada por Karina Avilés o el enlace http://www.jornada.unam.mx/2012/06/25/politica/003n1pol).  Y si no bastaran los discursos y promesas, pues se aseguraron los compromisos con la entrega de dinero, con la compra de las voluntades políticas.
 
Esto último está documentado por Alianza Cívica -la organización de la sociedad civil que surgiera luego del presunto fraude electoral de 1988-, que goza de prestigio internacional en la observación electoral.  Apuntó esta instancia que el 28.4% de los ciudadanos encuestados estuvieron expuestos a al menos una práctica de compra y coacción del voto en la jornada del 1° de julio del 2012; en 21% de las casillas existen reportes violación al voto secreto.
 
De las cuatro fuerzas políticas que participaron en los comicios por la presidencia, el PRI es el más señalado de haber realizado estas prácticas, según los encuestados por Alianza Cívica. De acuerdo con el informe, la presión para votar a favor del PRI-PVEM abarca el 71% de los casos. En tanto, la compra y coacción del sufragio para el PAN alcanzaría el 17%, para el PRD-PT-MC el 9% y el Panal el 3%. Además, en el 14% de las casillas observadas se acreditó que hubo “acarreo” de ciudadanos para que votaran.(Véase Aristegui Noticias del 4 de julio de 2012, en http://aristeguinoticias.com/el-pri-acaparo-70-de-casos-de-coaccion-y-compra-de-votos-estudio/)
 
El PRI modernizó y perfeccionó su maquinaria, aquella que le asegurara 71 años en el poder, a través del cálculo del número de votos por distrito electoral, la proyección de imagen, el corporativismo, el voto duro, la participación ciudadana, las pirámides humanas y la compra y coacción de votos.
 
En 2006 la diferencia oficial de votos entre Felipe Calderón y López Obrador fue de tan solo 243 mil 934 votos (0.56%).  Hoy en día la diferencia de votos entre Peña Nieto y López Obrador es de tres millones 192 mil 281.  Como se sabe, la compra de votos no es causa de nulidad de las elecciones, como tampoco resulta creíble que el sindicato de maestros tuviera la capacidad de efectivamente alcanzar su meta de cinco millones de votos para lograr este triunfo.
 
Si llegaran a prosperar las denuncias de compra de votos y el PRD presentara un millón de tarjetas de la tienda Soriana que fueron utilizadas para lucrar con el hambre de la gente y que emitiera su sufragio a favor de Peña Nieto, bastaría al Poder Judicial manifestar que eso no alteraría el resultado final para que no prospere esa denuncia.
 
Más del 50% de los paquetes electorales serán abiertos y revisados, pero ahí no encontrarán evidencias significativas de fraude.  El mecanismo implementado por el Instituto Federal Electoral es ejemplar; prácticamente no hay manera de alterar los votos al emitirlos.  Al descubrir que esto es así, López Obrador tendrá menos recursos legales para impugnar estas elecciones.  Si los perredistas toman en cuenta el alto costo que tuvieron con el conflicto postelectoral de 2006 pensarán dos veces las cosas para repetir aquel episodio.
 
Incluso Marcelo Ebrard -recién mencionado por TheEconomist como un social demócrata al que le hubiera dado su voto en lugar de Peña Nieto-sería el primer afectado de una radicalización de López Obrador para sus aspiraciones presidenciales de 2018.  La tendencia es que la impugnación de López Obrador no prospere y que a cambio el PRD mantenga su capital político y trate de conservarlo durante seis largos años.
 
En México se acabaron los tiempos en que la discusión de ideas convencía las conciencias para elegir a los gobernantes.  En este 2012 se instauraron los tiempos en que la mercadotecnia política manifestada en su máxima expresión impone su voluntad, a la clase gobernante.
 
Hugo Benítez Thomas es Director de Pulso de México.  pulsodiario@hotmail.com