En 2005, el entonces presidente, Alejandro Toledo, refiriéndose a la cadena algodón-textil-confecciones, afirmó: «Si logramos el TLC con EE.UU… habrá más trabajo… desde plantar el algodón, regarlo, cosechar el algodón, después convertirlo en hilo, después en tela» (1). Siete años más tarde, la realidad es otra. Si bien la industria de confecciones logró crecer entre 2006 y 2011 (2), la producción de algodón nacional, en el mismo periodo, cayó 44%, desde 79 mil a 44 mil toneladas anuales, y la superficie sembrada se redujo de 86 mil a 51 mil hectáreas. Esto ha provocado que la cantidad de trabajadores en el sector algodonero nacional haya caído 70% entre 2006 y 2010, según Indecopi.
 
Es cierto que en 2011 hubo una leve recuperación de las hectáreas cultivadas de algodón y la producción; sin embargo, ello se debió a circunstancias excepcionales en el mercado internacional que provocaron un alza en la cotización del algodón a niveles récord. Este año, la tendencia decreciente reapareció y se estima que a finales de 2012 la producción caerá 12% —hasta 38,500 toneladas, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos—. La efímera alza en los precios solo contribuyó a agravar la situación de los productores, que con la expectativa de que los precios seguirían subiendo aumentaron sus áreas cultivadas, para encontrarse luego con que los precios se habían desplomado.
 
La situación  del sector algodonero es tan crítica que los empresarios textiles se han dado cuenta de que está en riesgo su propia viabilidad. Es así que Pedro Gamio, del Comité de Confecciones de ADEX, dice ahora que es necesario recuperar las 120 mil hectáreas que se sembraban hace 15 o 20 años (3). Enrique Falcone, del Comité Textil de la SIN, también aboga por «el resurgimiento de las fibras larga y extralarga del algodón, para no perder la presencia textil peruana en nichos especializados del mundo y ofrecer un paquete completo desde la fibra hasta la confección 100 % peruana, porque lo contrario significaría que el país se convierta en maquilero».
 
Pero ¿cuáles son los factores que han agravado la crisis de la producción algodonera nacional? La evidencia apunta al rompimiento de esta cadena agroproductiva, en desmedro de los agricultores, pues la industria textil y de confecciones ha ido reemplazando el algodón nacional con algodón importado subsidiado, siendo EE.UU. el proveedor del 99.2% del total.
 
Indecopi ha decidido intervenir en este asunto a través de su Comisión de Fiscalización de Dumping y Subsidios, y ha realizado un estudio (4), en el cual encuentra que las importaciones de algodón al Perú, entre 2006 y 2011, casi se duplicaron, al aumentar de de 37,990 a 66,550 toneladas. Este aumento en las importaciones coincidió con una reducción de 68% a 40% en la participación del algodón nacional en el mercado peruano entre  2006 y 2011,  mientras que las importaciones aumentaron su participación de 27% a 60%.  
 
El estudio de Indecopi concluye que existen indicios de una relación de causalidad entre el ingreso masivo de algodón estadounidense subsidiado y el deterioro en los indicadores económicos del sector algodonero nacional. Por ello, Indecopi inició un procedimiento de investigación para determinar la necesidad de imponer medidas compensatorias ante las importaciones de algodón en fibra, originario de EE.UU. La decisión ya ha sido notificada al gobierno de ese país, de acuerdo con las normas de la OMC.
 
La crisis actual es consecuencia directa de enfrentar a nuestro sector algodonero —debilitado por décadas de abandono— con la competencia desleal del algodón importado subsidiado y otros productos sustitutos, como los hilados que ingresan al Perú a precios de dumping. Mientras que los exportadores de prendas de algodón cuentan con medidas de promoción estatal que les facilitan la apertura de mercados y gozan de regímenes tributarios y laborales especiales, los productores algodoneros son afectados por un limitado acceso al crédito formal, la escasa inversión en tecnología, el dominio de los grandes compradores sobre los precios al pequeño productor y el debilitamiento de sus organizaciones representativas, entre otros factores. Todo esto ha contribuido a que el agricultor decida reemplazar este cultivo por otros más rentables.
 
Desde el Estado se están planteando medidas para la recuperación del sector, como la declaratoria de interés nacional a la cadena productiva del algodón, el uso de fondos públicos para el pago de una contribución a los productores algodoneros y el inicio de la mencionada investigación de oficio de Indecopi. Además, los ministerios de Comercio Exterior y de Agricultura están facilitando que los actores de la cadena acuerden un autogravamen a las importaciones de fibra, textiles y prendas de vestir, que permita crear  un fondo para financiar la competitividad de la cadena algodonera.
 
La Asociación Nacional de Productores de Algodón, Anpal Perú, tampoco se ha quedado cruzada de brazos. Federico León, presidente de Anpal, informa que han promovido la exportaciòn de algodón Pima peruano, en asociacion  con la empresa cooperativa Costach Ltda., el Minag, Agrobanco y una empresa privada especializada, y el año pasado se consiguió exportar este producto a un precio de US$220 por quintal de algodón fibra, con lo cual se pudo pagar a los productores hasta S/.200 por quintal rama. Esta exitosa exportación incentivó a que  Actividad Pima, del gobierno regional de Piura, subiera su precio al productor de S/.140 a S/. 194 por quintal.
 
Anpal también participó activamente en la negociación del pago de contribuciones a los productores algodoneros, con un monto que fluctúa entre S/.15 y S/.22 por quintal rama. Sin embargo, aunque los acuerdos ya están ratificados, están supeditados a que el Ministerio de Economía disponga los fondos para concretar el pago. Ante las críticas por el uso de fondos públicos para el pago de estas contribuciones, León responde que esto debe ser entendido como una compensación ante la inacción del Estado para enfrentar la entrada de algodón subsidiado, la subvaluación en las importaciones de hilados, la suplantación en la denominación de origen del algodón y otros problemas cuya solución son competencia del Estado.
 
Otra medida esencial para la recuperación de la cadena es la inversión en investigación, que permita reducir el periodo vegetativo del cultivo y el grosor de la fibra Tangüis. Esto tendría que complementarse con capacitación y asesoramiento al productor, para la aplicación de buenas prácticas agrícolas. En este sentido, es una buena noticia la reactivación de la Fundación para el Desarrollo Algodonero (Fundeal). Entre las primeras acciones de esta nueva etapa de Fundeal estará la implementación de semilleros certificados, en alianza con INIA.
 
Como puede observarse, el reto de recuperar la producción algodonera nacional es enorme, pero es un buen inicio que todos los actores involucrados estén de acuerdo en que este esfuerzo es esencial, pues sin algodón peruano está amenazada la viabilidad de toda la cadena agroproductiva algodón-textiles-confecciones y la subsistencia de más de 20 mil familias rurales (5).
 
 
NOTAS
1. <http://www.elmundo.com.bo/>, 20 de setiembre de 2005.
2. Según el Índice de Fabricación de Prendas de Vestir, CIIU 18, de PRODUCE, en diciembre de 2006 este índice era de 132.9, y en diciembre de 2011 fue de 174.6.
3. Pedro Gamio: el gobierno debe apoyar al algodón sin medidas proteccionistas. Gestión, 28 de mayo de 2012.
4. Indecopi. Secretaría Técnica de la Comisión de Fiscalización de Dumping y Subsidios. (2012). Informe 016-2012/CFD, Evaluación del inicio de oficio de un procedimiento de investigación por la presunta existencia de subvenciones en las exportaciones al Perú de algodón en fibra originario de EE.UU.
5. Minag. Cadena productiva del algodón. <http://www.minag.gob.pe/portal/sector-agrario/agricola/cultivos-de-importancia-nacional/algod%C3%B3n/cadena-productiva>.
 
 
– Beatriz Salazar es investigadora del CEPES.
La Revista Agraria No 141, Centro Peruano de Estudios Sociales – CEPES