Bajo ese título, el señor Rodrigo Tenorio Ambrossi columnista del diario Hoy, expone su pensamiento respecto a este tema en la edición del 8 del presente mes y año. Afirma: "Imposible negar que existe un proyecto de ley de comunicación que pende sobre la libertad de expresión como una espada de Damocles. Con una facilidad impresionante, se habla de la obligación de los medios de decir solo y tan solo la verdad, como si la verdad fuese una cosa física limitada en sí misma. Por otra parte, se pretende crear organismos destinados a juzgar la veracidad o no de lo que los otros dicen, escriben, opinan. ¿Existe la verdad? ¿Alguien la conoce, ha hablado con ella o vive con ella habitándola de manera permanente? Los llamados a juzgar sobre la verdad en los otros, ¿cuentan con el privilegio de no equivocarse nunca? ¿Desde dónde se cree que la verdad se reduce a la posición binaria escolar de cierto–falso? ¿Existe alguien que diga siempre la verdad y toda la verdad? ….". Criterios que demandan precisiones que permitan demostrar la fragilidad de sus afirmaciones.

1. Si revisamos exhaustivamente el proyecto de Ley de Comunicación podemos constatar que la aseveración del señor Tenorio de que aquella establece "la obligación de los medios de decir solo y tan solo verdad", es falsa de falsedad absoluta. Lo que el proyecto de Ley dispone en el artículo 23 es el derecho a recibir información, a través de los medios de comunicación, que sea veraz, contrastada, contextualizada y oportuna. Vaya usted a saber de dónde extrajo el señor Tenorio la obligación que afirma contiene el proyecto de Ley de Comunicación. Aseveración, esta sí, expuesta con una: ligereza, desconocimiento y facilidad impresionantes.

2. Más adelante afirma en otro extravió: "como si la verdad fuese cosa física limitada en sí misma". Lo equivocado en este caso radica en que el señor Tenorio desconoce la acepción de la verdad, de la veracidad que es usual en comunicación. Efectivamente el señor Tenorio desconoce que la veracidad, como lo precisa, por ejemplo, el Tribunal Constitucional de España: "no va dirigido a la exigencia de una rigurosa y total exactitud en el contenido de la información, sino a negar la protección constitucional a los que transmiten como hechos verdaderos, bien simples rumores, carentes de toda constatación, o bien meras insinuaciones sin comprobar su realidad mediante las oportunas averiguaciones propias de un profesional diligente; todo ello sin perjuicio de que su total exactitud puede ser controvertida o se incurra en errores circunstanciales que no afecten a la esencia de los informado". A lo que agrega el Tribunal Constitucional: ".. cuando la Constitución requiere que la información sea ‘veraz’ no está tanto privando de protección a las informaciones que puedan resultar erróneas, como estableciendo un deber de diligencia sobre el informador a quien se le puede y debe exigir que lo que trasmite como ‘hechos’ haya sido objeto de previo contraste con datos objetivos". Por ello señala el Tribunal Constitucional: … el requisito de la veracidad deberá entenderse cumplido en aquellos casos en los que el informador   haya realizado, con carácter previo a la difusión de la noticia, una labor de averiguación de los hechos sobre los cuales versa la información y la referida indagación la haya efectuado con la diligencia que es exigible a un profesional de la información". Citas que confirman nuestro juicio de valor a la vez que descubren la debilidad del conocimiento del señor Tenorio en teoría de la comunicación, sin embargo de lo cual se permite incursionar en este campo.

3. El señor Tenorio, muy suelto de huesos, sostiene: "Por otra parte, se pretende crear organismos destinados a juzgar la veracidad o no de lo que los otros dicen, escriben, opinan". Demostrando, una vez más, que no ha leído, no se diga estudiado o entendido el proyecto de Ley de Comunicación. No lo ha leído, puesto que si así hubiese obrado hubiese descubierto que no existe artículo alguno que proponga como atribución del Consejo el juzgar la veracidad desde la  perspectiva de su entendimiento de la verdad. No lo ha estudiado, ya que entonces se habría enterado que el Consejo analiza y toma una resolución sobre las denuncias que formule la ciudadanía  respecto al irrespeto de las normas deontológicas, luego de demostrarse la procedencia de la denuncia respetando el debido proceso. Preciso es informar al señor Tenorio que la deontología no se limita a la verdad, por lo que el campo de la acción ciudadana va mucho más allá de ella.

4. Si lo antes expuesto demuestra la ligereza del señor Tenorio, lo es más la formulación de las siguientes interrogantes: ¿Existe la verdad? ¿Alguien la conoce, ha hablado con ella o vive con ella habitándola de manera permanente? Los llamados a juzgar sobre la verdad en los otros, ¿cuentan con el privilegio de no equivocarse nunca? ¿Desde dónde se cree que la verdad se reduce a la posición binaria escolar de cierto–falso? ¿Existe alguien que diga siempre la verdad y toda la verdad? Puesto que estas preguntas nos informan que el señor Tenorio también desconoce que la verdad del hecho sobre el cual se informa o sobre el cual se opina, no se juzga en el plano de la subjetividad de los hombres. La veracidad o no de una información, se comprueba o no, contrastándola con la realidad objetiva. En palabras de Marx: "El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, le terrenalidad de su pensamiento". Es por ello, señor Tenorio que guardando total coherencia con la concepción planteada por Marx en la II Tesis sobre Fuerbach, lo que se exige de los periodistas y comunicadores es la verificación de la información a difundir, la verificación si el evento sobre el cual se informa se ha producido efectivamente. Con ello lo que se pretende en comunicación es evitar que la información se sustente en rumores, en especulaciones que no tiene por qué ser ciertos. En consecuencia, señor Tenorio no se trata de que alguien califique a la información como verdadera o no en forma subjetiva como usted lo malentiende. .

5. Abundando sobre el concepto verdad en comunicación, no puedo inhibirme de citar in extenso, para ilustración del señor Tenorio, el siguiente texto expuesto por Emilio Filippi, respecto a lo boletines, entrevistas o ruedas de prensa.  Filippi enseña:

"Cuando el periodista deja de ser un simple intermediario y ejerce un periodismo profesional, suele cumplir estos pasos:

• Verifica la verdad del boletín, la entrevista o la rueda de prensa, a partir de un doble supuesto: que el poder personal o institucional suelen echar mano de la mentira o de las verdades a media, y que es deber del periodista proteger a sus lectores o receptores del engaño del poder.

• Investiga los antecedentes de ese material, su contexto y sus consecuencias.

• Somete ese material a otras fuentes idóneas e independientes, para verificar, para complementar o para diversificar el enfoque del hecho.

• Busca las aplicaciones y proyecciones de los temas tratados por los documentos en cuestión".

Como usted, señor Tenorio sabrá apreciar, lo que exige la veracidad es la exigencia para que el periodista, y también ustedes los columnistas, verifiquen la verdad de los contenidos a utilizar; los contextualicen (antecedentes, contexto y consecuencia); los contrasten para verificarlos desde otras fuentes. Principios todos que usted, señor Tenorio parece desconocer, puesto que no verificó "sus verdades", no las contextualizó ni tampoco las contrastó. Se limitó a expresar lo que sus subjetividad  le planteó como su verdad, sin siquiera consultar el texto del proyecto de Ley de Comunicación que se permite criticar.

6. En conclusión, señor Tenorio, es recomendable que estudiemos o reestudiemos los libros sobre teoría de la comunicación; estudiemos las sentencias o dictámenes legales que se han pronunciado sobre comunicación; y, sobre todo, tengamos la fortaleza para abstenernos de pronunciarnos sobre materias que desconocemos. Sólo con dedicación y esfuerzo tendremos el derecho a expresar nuestras opiniones en forma fundamentada, con argumentos válidos. Caso contrario las opiniones que se expresen no pasarán de ser simples y avezadas conjeturas.

Quito, 9 de mayo del 2012

 

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