La difusión a través de los medios de comunicación opositores al gobierno nacional de los conflictos entre las asambleas populares, las organizaciones ambientalistas, de la sociedad civil y población en general por un lado, y el gobierno nacional, los gobiernos provinciales, las fuerzas represivas y las empresas megamineras por el otro, puso la cuestión de la megamineria en la agenda social nacional con una masividad que no habían tenido anteriormente. Se sucedieron notas y comentarios periodísticos en medios escritos, radiales y televisivos, de unos y otros lados.
 
Las imágenes de los uniformados reprimiendo a hombres, mujeres y menores de edad con palos, escudos, gases lacrimógenos, balas de goma y golpes en Famatina y Catamarca recorrieron el país y también el exterior.
 
Esa difusión, además de fortalecer al Grupo Clarín en su conflicto contra el gobierno nacional, busco mostrarlo como progresista, preocupado y defendiendo la calidad de vida de los pobladores afectados por el deterioro ambiental causado por la minería, y por la represión padecida.
 
Yo pensaba que el multimedios era el mismo que, entre tantas otras cosas, tenia antecedentes de connivencia y negociados con la dictadura militar, que ningunea e invisibiliza los padecimientos de los sectores populares por causa de los problemas ambientales, el que promociona a las megamineras en sus medios, el que participa, promociona y tiene grandes negocios con el sistema sojero de producción transgénica.
 
El gobierno nacional, desde los discursos presidenciales para abajo, al ver que las protestas eran difundidas por su enemigo multimediático, salio a defender la megamineria, desestimando los daños ambientales y productivos que genera a corto, mediano y largo plazo, tratando a los pobladores de ignorantes, ambientalistas fundamentalistas, y acusándolos, nuevamente, de hacerle el juego a la derecha.
 
Yo pensaba que la derecha estaba también integrada, entre tantos otros, por las empresas megamineras y los funcionarios asociados a sus negocios, que se llevan todo y dejan miseria y deterioro ambiental; que mienten antes de comenzar la explotación, prometiendo que generaran miles de puestos de trabajo, construirán viviendas y hospitales; las que obligan a los pobladores a desplazarse por el deterioro ambiental; las que contaminan el agua con metales pesados; las que usan inmensas cantidades de agua poniendo en riesgo y limitando las otras actividades productivas; aquellas cuyo financiamiento tiene el mismo origen que las petroleras que hacen prospección en las Malvinas, y que no son cuestionadas por el Gobierno Nacional.
 
Y que el juego a la derecha se lo hacen los que apoyan y promueven a la derecha para que haga sus negociados.
 
Pensaba que había una connivencia, una complicidad, entre el Estado Nacional y los Estados provinciales con esas empresas mineras para el desarrollo de estos emprendimientos depredadores, que se ponía de manifiesto no solo por los contratos mineros en si mismos, y porque los pasivos ambientales tendrán que ser pagados por el Estado y la población una vez que las empresas se vayan, sino también por el uso de las fuerzas represivas en contra de la población, para que sus actividades y ganancias sean garantizadas y cuidadas por encima de cualquier otro derecho.
 
Yo pensaba que los pobladores autoorganizados en asambleas, organizaciones y redes de los municipios de Belen y Andalgala, en el noroeste de la provincia de Catamarca, que realizaron  bloqueos selectivos impidiendo exclusivamente el paso de los vehículos que trasladan cianuro, quimicos y explosivos al emprendimiento de Bajo de la Alumbrera; que protestan también contra el nuevo proyecto Agua Rica; que pusieron el cuerpo para que no pasen esos camiones monstruosos, tirándoles con cascotes a riesgo de su propia seguridad, eran solo personas, gente, familias muy concientizadas de los riesgos y daños a los que estaban expuestos; y que lo que estaban haciendo era defender la calidad de su ambiente, de su vida y la de sus hijos, del agua, del aire, del suelo, de los ecosistemas; y de las actividades productivas que les dan sustento.  Y que las cuestiones de gestión administrativa y política debían ser resueltas por los gobiernos, en especial si se presentan insistentemente como progresistas e interesados en mejorar la calidad de vida de la gente.
 
Las que no me confundieron, las que no dejan resquicios siquiera para la ironía, fueron las empresas megamineras y sus aliados locales, tanto públicos como privados; ellos siguieron mintiendo con sus afirmaciones y promesas, y exigiendo que se haga TODO lo necesario para que no se les interferiría sus actividades y su lucro.
 
Tampoco me confunden ni dejan lugar para la ironía los pobladores afectados que se organizan y luchan hace ya tanto tiempo en defensa de su agua, de su tierra, de su aire, de sus ecosistemas, de su ambiente, de sus emprendimientos productivos, de su vida y la de sus hijos.
 
Buenos Aires, 2o de marzo de 2012.-
 
Claudio Löwy – Ing, Forestal – Master en Desarrollo Humano Sostenible