Con la denominación de “Orientaciones pastorales sobre el voto responsable de los fieles católicos y personas de buena voluntad”, el arzobispo primado de México hizo su arribo a la escena electoral.
 
Mientras las autoridades en la materia fijan las reglas del juego para estos días de veda, en el partido más antiguo de la humanidad, el que apenas hace unos cuantos siglos despachaba desde el epicentro del poder, era su reencarnación, se sirve con la cuchara más grande.
 
Naturalmente que Norberto Rivera y su pares e impares están en pleno derecho a instruir a su feligresía pastoralmente, como le llaman a las instrucciones políticas que trazaron, y los católicos a acatarlas o, como ya es costumbre extendida, escucharlos y proceder como la conciencia de cada quien dicte. Exactamente tal y como sucede en materia de sexualidad y reproducción, donde los sacerdotes transmiten sus dogmas, pero el más común de los sentidos acaba por abrirse paso.
 
Nueve son las orientaciones pastorales trazadas, a saber: “verdadero” humanismo; educación, fortalecimiento de la familia, valores morales y cívicos; combate a la injusticia social; lucha contra la cultura de la corrupción –mas no en la propia casa–; promoción de iniciativas para el desarrollo económico; combate al crimen organizado, que es deber irrenunciable del Estado; el cuidado, protección e integración social de personas vulnerables; preservación y cuidado de los recursos naturales de la nación.
 
Sin mencionar al Gobierno del Distrito Federal, proveniente del Partido de la Revolución Democrática, ni a la Asamblea Legislativa capitalina, con mayoría perredista, que aprobaron las reformas que permiten el matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción de menores por estas parejas, así como la despenalización del aborto hasta la semana 12 del embarazo, las directrices establecen sin rodeos “que los fieles católicos deben tener claridad de que no es posible hacer una opción política por quienes son partidarios o promotores de falsos derechos y libertades que atentan contra las enseñanzas contenidas en la sagrada escritura, la tradición y la doctrina de la Iglesia”.
 
En ninguno de los otros ocho lineamientos políticos de Rivera Carrera (indiciado en tribunales de Los Ángeles, California, por presuntamente proteger a un sacerdote pederasta y prófugo de la justicia estadunidense y mexicana), se detalla que el partido X o Z que, por ejemplo, desde el gobierno no cumpla con la promoción del “combate al crimen organizado, (…) respetando en todo momento los derechos humanos y la salvaguarda de la paz social, no sólo con el uso legítimo de la fuerza, sino mediante una educación para la paz y en los valores morales y cívicos que rehaga el tejido social”, atentan contra “la tradición y la doctrina de la Iglesia”.
 
Dicho de otro modo, las directrices del cardenal Rivera tienen dedicatoria electoral y si mínimamente fuera coherente con lo que ordena a sus feligreses, pues éstos no tendrían por quien sufragar el 1 de julio.
 
Mas usted ya puede dormir tranquila, generosa lectora, porque la desmemoriada Beatriz Elena Paredes jura que no permitirá como jefa de Gobierno –“porque tengo amplias posibilidades de ganar” (sic hilarante)–: “Ningún paso atrás en materia de derechos civiles de las mujeres y de la diversidad, ningún paso atrás”. Pero antes, del brazo de Norberto Rivera y sus homólogos en el país, impulsó febrilmente las reformas constitucionales para criminalizar el aborto, aprobadas en 17 estados por diputados de los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional.
 
Entre las desmedidas ambiciones terrenales del clero y el oportunismo a flor de piel de la veterana política Paredes Rangel, para permanecer en el escenario, algunas candidaturas ciudadanas no cantan mal las rancheras, pues aún no comienza la contienda e Isabel Miranda Torres a 136 días de los comicios anuncia “Yo ya gané, y si perder es ganar, ya gané”.
 
¡Por supuesto! Candidata ciudadana de Felipe Calderón. 
 
Utopía 1077
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