El hombre hondureño es un ser mítico y por ende simbólico. Vivimos un mundo de mitos y símbolos en pleno siglo XXI. El mito es para nosotros una creencia que la utilizamos para explicar las relaciones entre las cosas no materiales con las cosas materiales.

En el mundo de las creencias, los hondureños apostamos por el azar, por la religión, por seres sobrenaturales como el duende, el padre sin cabeza, los santos, la misma idea de Dios, etc.

Creemos en la trascendencia de las cosas reales que se puede convertir en cuestiones irreales. Por alguna razón seguimos creyendo que nuestros seres queridos ya muertos, a veces nos hablan o nos envían algunas señales que muchas veces pedimos para actuar con menos posibilidades de equivocación.

Nuestro pensamiento no racional cree en amuletos, en la suerte, y sobre todo, en la fe sobre algún acontecimiento que nos permite trascender el mundo frío y sin vida de las cosas. Una pata de conejo, una pieza del ave que nos da buena suerte, un color que nos anima, una pluma, una bandera que nos alimenta, ciertas creencias en objetos materiales que nos permiten una dimensión de fe, en fin, la cultura mestiza (mezcla de indigenidad y españolidad) de la cual somos herederos nos hace configurar un ser hondureño muy mítico y de mucha simbología.

Somos por lo general simbólicos dado que siempre estamos representando de manera concreta ideas que son asociadas convencionalmente entre un objeto y un significado que sólo es válido para aquellas comunidades, poblaciones y culturas que determinan aceptar esas representaciones y esas significaciones.

Una bandera es un símbolo que hemos convenido debe significar algo para grupos, sociedades y pueblos. La bandera de un país, el escudo de una nación son los ejemplos más cercanos de lo que significa un símbolo.

Pero a veces también esa simbología la trasladamos a una vestimenta, a unos atuendos representativos de alguna creencia, zapatos, medias, colores de la bisutería, y sombreros.

Morazán para el caso está representado en una famosa pintura del siglo XIX en la cual viaja a caballo y lleva puesto un sombrero de ala mediana de la época.

Los campesinos hondureños usan el sombrero para salvaguardarse del sol o de la lluvia, lo usan hasta por las noches cuando ni hay sol ni hay lluvia. Los obreros agrícolas todos usan sombreros.

Los capataces, los terratenientes, los citadinos que llegan al campo a realizar alguna actividad portan un sombrero.

Mel Zelaya siempre usó el sombrero de su cultura campesina rural. Pero, este sombrero pese a que pertenece a la clase terrateniente fue aceptado por el pueblo hondureño como una representación del pensamiento y acción de Mel Zelaya sea que estuviese en la casa presidencial como presidente o que estuviera en un acto protocolario cualquiera de gran envergadura o de poca trascendencia.

Su propuesta política de instalar la Asamblea Nacional Constituyente para redactar una nueva Constitución y fundar un nuevo país fue acogido por el pueblo como un símbolo de un proceso de liberación, un proceso revolucionario nunca antes planteado por dirigente político alguno.

Y con este sombrero fue candidato a la presidencia, presidente, ex presidente, líder nacional con un carisma nunca antes experimentada por el pueblo. Con este sombrero llegó a la Casa Blanca del imperio norteamericano, a la OEA, visitó a presidentes como Hugo Chávez, Fidel Castro, Rafael Correa o Evo Morales.

Sus reuniones políticas dirigiendo el Frente Nacional de Resistencia Popular, y ahora el partido Libertad y Refundación, LIBRE, han sido acompañadas por el sombrero que usa como parte de su cultura rural.

Hoy es aceptado Mel Zelaya con su particular sombrero en el concierto de los gobiernos libres de América, entre el pueblo hondureño y en toda parte a donde se dirija a realizar actividades políticas del nuevo partido que dirige con toda la solvencia moral y social necesaria para refundar Honduras.

El Presidente Mel Zelaya piensa lo siguiente:Hace días que se asocian símbolos con las luchas; el Ché Guevara y los cubanos pusieron en moda la boina, los rusos el gorro de piel. En este caso los sombreros identifican perfectamente un territorio, el origen del marchante y la época.

Los sombreros los usaron Cinchonero, Morazán (el Morazán civil) Sandino y Rodas y los revolucionarios mexicanos igual que Omar Torrijos que portaba un sombrero verde militar. Entre tanto, los Árabes usan el turbante y así sucesivamente.

El sombrero forma parte de la personalidad del hombre del campo y ahora de los que identifican esta LUCHA por refundar Honduras.

El sombrero es símbolo de un pueblo en lucha, de una nación que se levanta y dice basta a la oligarquía nacional aliada del imperio cruel y su sistema político injusto, sangriento y voraz.

El sombrero de Mel Zelaya es un símbolo de popularidad, de calor humano, de incentivo de lucha contra la injusticia y la inequidad social. Quitar el sombrero de Mel Zelaya es quitar un símbolo de lucha por la independencia, la soberanía y la refundación de Honduras como patria libre sin ataduras a ningún imperio o nación que no quiera someter a su voluntad y su capricho.

El Movimiento Resistencia Progresista (MRP) es la única tendencia interna del partido Libre que ha incorporado este símbolo de la Resistencia de un líder que ha impactado de manera crucial en el nuevo pensamiento revolucionario hondureño y latinoamericano.