Están allí, detenidos sólo por manifestar pacíficamente su indignación. Ellos, al igual que los jóvenes de Nueva York, Madrid, Londres, Roma o Melbourne, estaban asentados en un camellón a las 2 am durmiendo o platicando a esa hora entre ellos, cuando violentamente llegó la policía (sus miembros vestidos como Robocop) y los desalojó y los detuvo sin precisar las causas. Cuando sus familiares fueron a indagar qué había pasado, ellos también fueron agredidos y amenazados de que podían también ser detenidos. Todo lo anterior sucedió el 18 de octubre en Tijuana.
 
La historia de hoy, así, se vuelve otra vez inexplicable para los dueños del poder (¿quiénes son realmente?), que eso sí, sólo reprimen brutalmente cuando son los jóvenes los que ocupan la vanguardia social, se lanzan a las calles, levantan sus mantas y pancartas, cantan e interpretan su música y dicen ¡basta!, vamos a cambiar. Sí, porque son los jóvenes quienes saben, por ejemplo en Estados Unidos, que ellos son el 99% de los excluidos, mientras sólo el 1% posee gran parte de la riqueza; en España, cansados de los partidos políticos, claman por una democracia verdadera ¡ya!; en África y Medio Oriente piden el fin de los regímenes que se han perpetuado en el poder; en Inglaterra se clama por una verdadera igualdad; en Chile se va de frente en contra de un sistema educativo injusto y depredador, mientras en Italia la guerra es contra los medios y su dueño (cínico, degenerado) absoluto: Berlusconi. Es decir, la rebelión natural de los jóvenes contra la autoridad, comienza optimistamente a cambiar de dirección. De una autoridad identificada según ellos con el conservadurismo de la familia (los padres que no entendían el rock, las drogas, el reve, las computadoras y el ciberespacio), hoy paulatinamente se pasa a revelarse contra una autoridad más concreta pero más omnipresente: el “sistema”, al cual correctamente se identifica como el que crea una educación que favorece sólo a los poderosos, una economía que no permite que los jóvenes tengan medios de sobrevivencia y que distribuye muy inequitativamente la riqueza; es decir un “sistema” que pinta de negro al futuro.
 
El que la lucha de los jóvenes hoy todavía no adquiera un grado de organización adecuado, es sólo parte de las tareas pendientes. Mas sin duda se está avanzando y se puede avanzar más aceleradamente, si todos los excluidos de la sociedad, que somos todos indignados (el 99% precisamente), hacemos nuestras las luchas de los jóvenes de hoy.
 
¿Y el 1%, quiénes son? Ya también los jóvenes lo están diciendo: son los ricos de hoy y siempre, y lo son también todos los políticos, pues la política es hoy sinónimo de corrupción seas del partido político que seas.
 
Lo dice claro Joaquín Bohigas: renace el 68, pues renace el grito de ¡Presos políticos, libertad! Es decir libertad para los jóvenes indignados de Tijuana. ¿Escuchas bien, Carlos Bustamante Anchondo?
 
Fuente: Forum en línea