Ante peroratas de algunos blancos defensores de procesados por crímenes de lesa humanidad en dictadura, que salen a decir cuentos para llenar la cabeza a nuestros jóvenes digo; es incontestable que la razón de ser del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) fue la defensa de paradigmas de igualdad y justo reparto de las riquezas abriendo camino entre gobernantes corruptos y un pueblo hambreado. Su lucha buscaba eliminar la explotación del hombre por el hombre.
 
Surgieron los tupamaros como consecuencia de un ultraderechismo acérrimo y cobarde que sangraba a la población, hiriendo y matando estudiantes y trabajadores, desparramando pobreza y marginación. Un Uruguay donde la opinión pública se reducía a la opinión publicada previa censura o mediante amiguismo de prensa. Fuerzas armadas y conjuntas, proactivos en la represión, importaron la escuela yanqui de torturadores por sed de perfeccionamiento en el suplicio a indefensos detenidos.
 
Los tupas no se alzaron contra la democracia, sino contra el mal uso que hacían de ella los responsables de hacerla cumplir. Esa fue la primer violencia armada; el autoritarismo insitucionalizado valiéndose de mecanismos democráticos para provecho individual. Y cuando militares, Bordaberry y secuaces dan el Golpe de Estado, ya el movimiento tupamaro estaba neutralizado y encarcelado.
 
Hoy sufrimos aún consecuencias de políticas públicas inexistentes y de acomodos sempiternos con los políticos de turno que hacían de su cargo un bien propio.
 
La democracia pre- dictadura se redujo a una elite de oligarcas gozadores de privilegios en desmedro de todo aquel que tuviera la osadía de rebelarse. En los partidos tradicionales la tradición era el beneficio personal y empresarial. Salvo excepciones, el enriquecimiento ilícito en la administración pública era moneda corriente y nadie rendía cuentas. Estos hechos llevaron al país a la bancarrota económica, culpa de muchos blanquicolorados que ahora quieren volver, justo cuando la balanza comienza a equilibrarse con el segundo gobierno de izquierda.
 
El Movimiento de Liberación Nacional fue una respuesta histórica a la coyuntura política y social instalada para beneficio de unos pocos a costo de la crisis de un país entero.
 
En la época tupamara no existía una democracia cabal, íntegra y fuerte como no la hubo al salir del régimen de facto en 1985, herramienta republicana oxidada, recortada, pusilánime y con resabios de totalitarismo, salpicada de sangre de asesinados y desparecidos por sus ideas provenientes de todos los sectores fundadores del Frente Amplio.
 
Hoy al menos, cargando todavía una Constitución hecha por aristócratas con huellas de conservadurismo patricio y sueños de integración regional de próceres emancipadores latinoamericanos aún no cumplidos, podemos decir que el proceso hacia el cambio está en marcha y se disfruta.
 
Por si hay dudas, no estoy de acuerdo con violencia de ninguna índole, como también lo son las mentiras bajo formato discurso.
 
No ofenderán con vulgares calumnias la memoria de los que perdieron su vida luchando por justicia social, pues siempre habrá alguien para contar la verdad histórica profunda.
 
No hay pretexto para la opresión hacia pueblo.
 
Aquellos ideales de libertad alimentan sueños presentes, esperanza que renace y anida en corazones frenteamplistas y en la unidad que no matarán ni verán morir por más homilías falsas que gasten.
 
 Susana Andrade – Atabaque