“Ningún país puede esperar establecer condiciones duraderas para la paz si no encuentra modos de desarrollar la confianza mutua entre sus ciudadanos, a través de sistemas educativos inclusivos que fomenten la comprensión mutua, el respeto, la tolerancia y el diálogo”.
Irina Bokova, Directora de UNESCO (8 de septiembre de 2011)
 
 Desde 1967, la UNESCO celebra cada 8 de septiembre el Día Internacional de la Alfabetización. Y lo hace con el objetivo de instar a los gobiernos, organizaciones, docentes e iniciativas privadas, a luchar contra el flagelo del analfabetismo, un mal relacionado sobre todo a la insuficiencia de fondos para la educación, a las desigualdades sociales y étnicas, y también a la discriminación.
 
Año a año, en la misma fecha se publica un informe de la situación mundial, en el 2011 la cantidad de personas que no saben leer ni escribir sería de 793 millones. O sea, se ha mejorado casi nada en el acceso a este “derecho humano”; las carencias siguen siendo muy grandes y las diferencias muy marcadas, especialmente si consideramos la incidencia de la pertenencia a determinadas clases sociales o minorías, las cuales usualmente son menos favorecidas en también otros campos.
 
Según los estudios, dos regiones del mundo juntas, sur asiático y África subsahariana, congregan a tres cuartas partes de los analfabetos del mundo, zonas en las cuales aún en pleno siglo XXI existen países donde el problema alcanza a ¡más de la mitad de la población!
 
Analfabetismo latinoamericano: indígena
 
 En este lado del mundo, el dato “conjunto” de Latinoamérica pinta mucho mejor, aunque la realidad para muchos sigue siendo muy parecida a la africana. La mayoría de los países latinoamericanos alcanza porcentajes de alfabetización de entre 80 y 96 por ciento, pero se encuentran casos como el Guatemala, con un veinticinco por ciento de personas que no lee ni escribe (entre poco más de catorce millones), justamente uno en los que los indígenas representan una gran proporción; y Nicaragua, donde los indígenas también son muchos y tampoco acceden a suficiente educación.
 
Lo malo de las estadísticas es que las grandes carencias internas de muchos países son parcialmente maquilladas, al prestarse demasiada atención a los datos “nacionales” globales. Así, el alto grado de alfabetización en algunos grupos mayoritarios (como caucásicos, mestizos, descendientes de europeos), oculta el alto porcentaje de analfabetos existentes en otros grupos, quienes en gran parte no solo no leen ni escriben en español o portugués, sino (lo que es peor) tampoco en su propia lengua natal.
 
Todavía hay muchas comunidades, pueblos y regiones enteras en dónde ir a la escuela es un privilegio. Los campesinos, los discapacitados, los indígenas y principalmente las mujeres, son los que sufren con mucha más frecuencia esta carencia.
 
Hace tiempo se viene alertando que las mujeres indígenas son de las que se enfrentan a más desventajas para acceder a la educación y a la cultura; y con ellas a mayores posibilidades para acceder a fuentes de empleo, llevar una vida digna y saludable, y perpetuar sus propias culturas y lenguas.
 
Un periodista había escrito al respecto (Arellano, 2010):
 
“La UNESCO señaló que en México las probabilidades de que las mujeres que hablan una lengua indígena sepan leer y escribir son 15 veces inferiores a las de quienes sólo hablan español, ya que las disparidades en el analfabetismo de los adultos pueden estar vinculadas a factores de desventaja, como es el caso de la pobreza extrema”.
 
Este comentario nos introduce a otro problema vinculado al analfabetismo: la pobreza. Pero, no sólo la pobreza es causa de menor acceso a la educación y a la cultura, sino que el propio analfabetismo impide escapar de la pobreza. Así, nos encontramos ante un círculo vicioso difícil de romper y con graves consecuencias para la calidad de vida.
 
Idiomas indígenas ante la extinción
 
La falta de acceso a educación, escolarización y alfabetización son males que incluso se vuelven comunes en miembros de determinadas etnias, regiones o zonas. Y la pobreza no es la única culpable, sino que también se apuntan las marginaciones que siguen sufriendo algunas minorías, la falta de interés gubernamental (sumado a la falta de representantes indígenas en los gobiernos), el racismo de muchos funcionarios, el escaso apoyo que se suele brindar a quienes no constituyen mayorías, y el olvido dado a las lenguas cuyos hablantes poseen menos poder económico o político.
 
Si al analizar al analfabetismo también consideramos el problema de la creciente extinción de idiomas en el mundo (UNESCO, 2011b), veremos que el indígena sufre discriminaciones superpuestas y que sus culturas están particularmente amenazadas. No se tiende a alfabetizarlo en su lengua materna, sino en el de la mayoría, imponiéndole visiones e idiomas extraños a su mundo, restringiendo gravemente las posibilidades de supervivencia y desarrollo de sus particularidades, cosmovisiones, conocimientos, tradiciones, intereses, etc.
 
Ante esta coyuntura, surge el reto de construir la educación del siglo XXI -y la alfabetización que tanta gente precisa- desde la realidad local, considerando no sólo a los idiomas maternos, sino también a las culturas propias de cada grupo social o etnia; dejando de lado esa tendencia antigua de intentar unificar todo a través de un ministerio de educación estandarizante, que responda más a conceptos de la era industrial que de la sociedad tecnológica actual.
 
Premio para el INEA
 
Ya hace tiempo la UNESCO viene advirtiendo del analfabetismo que sufren los indígenas, por ello no es casualidad que este año haya sido seleccionado como uno de los ganadores de sus premios el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos de México (INEA), “por sus programas de alfabetización bilingües… [que] …han demostrado su eficacia para reducir los índices de analfabetismo de las poblaciones indígenas de México, en particular de las mujeres, y para mejorar su capacidad de ejercer sus derechos” (UNESCO, 2011).
 
México, es un caso especial, pues cuenta con nueve universidades interculturales bilingües, un catálogo más o menos bien elaborado de lenguas indígenas y sus variantes, programas de alfabetización bilingüe, y proyectos diversos de rescate de idiomas. Aun así, la situación todavía es bastante negativa; pues, factores como la pobreza, la falta de recursos, el racismo y ciertas “tradiciones” educativas siguen siendo barreras para lograr el efectivo respeto al derecho humano a la cultura y a la educación (“en lengua propia” se debería agregar). Fuentes oficiales señalan, que aunque constituyen solo el diez por ciento de la población, el treinta por ciento de los analfabetos son indígenas (cuando), y que algunos de sus poblados poseen hasta 70 por ciento de no alfabetizados (INEA, 2011).
 
Este premio es un llamado de atención para la mayoría de los países de América, que siguen relegando a las minorías lingüísticas. Región donde se da el curioso caso de grandes números de indígenas o descendientes afroamericanos que solo leen y escriben en español, portugués o inglés, pero cuya lengua materna es otra. Una realidad que enmascara al problema del analfabetismo y permite que el “analfabetismo funcional” siga siendo tan elevado. No es suficiente con enseñar un idioma ajeno o importado, la gente tiene derecho a ser educada sin imposiciones, y para ello los recursos estatales o localización no deben ser una excusa. Todavía demasiadas lenguas amerindias no cuentan con libros para la formación en las mismas o –peor aún- ni siquiera han sido normadas en su escritura.
 
Por todo esto, no es sorprendente que la gran mayoría de los libros publicados en la región, la casi totalidad de los diarios, gran parte de los programas radiales y la mayor parte de la programación de la televisión sigan siendo hechos en solamente cuatro o cinco idiomas; cuando la verdad es que decenas de millones de latinoamericanos hablan cientos de lenguas.
 
Conclusiones
 
 Mientras en el mundo ya se discute sobre “analfabetismo tecnológico o informático”, muchas minorías siguen luchando por acceder a una educación básica, necesaria, útil y vital para una vida digna. Entre estas minorías se hallan los indígenas, especialmente mujeres. Además, deben enfrentar el problema de la progresiva desaparición de sus lenguas (y con ellas sus culturas), debido al avasallamiento que sufren en sistemas altamente homogeneizantes y poco respetuosos de las diferencias que tanto enriquecen a la región y al mundo.
 
No queda más que luchar por el reconocimiento a la educación en lengua materna y en el contexto de la cultura propia, para los diversos grupos sociales que pueblan cada país, porque cada país es un conglomerado de naciones o de pueblos que deben aprender a respetarse y a convivir sin imposiciones, marginaciones ni olvidos.
 
Dani O. Sotelo (oviedosotelo@yahoo.com)
 
Referencias bibliográficas
 · Arellano, César (2010) “Altas tasas de analfabetismo entre las indígenas, según UNESCO”. Diario La Jornada, 9 de septiembre de 2010. México DF. http://www.jornada.unam.mx/2010/09/09/sociedad/041n1soc
· Bokova, Irina (2011) Mensaje de la Directora General de la UNESCO con motivo del Día Internacional de la Alfabetización. 8 de septiembre del 2011. nesdoc.unesco.org/images/0021/002113/211358s.pdf
 INALI: Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (2010). Catálogo de las lenguas indígenas nacionales, cuaderno informativo. México D.F.: Secretaría de Educación Pública.
· INEA (2011) “El INEA apuesta al desarrollo: UNESCO”.  Boletín de prensa del INEA, 8 de septiembre del 2011.
· UNESCO (2011) “793 millones de personas no saben leer ni escribir”. Servicio de prensa de la UNESCO, 8 de septiembre de 2011. http://www.unesco.org/new/es/media-services/single-view/news/8_september_international_literacy_day_793_million_adults_can_neither_read_nor_write/
· UNESCO (2011b) Atlas UNESCO de las lenguas del mundo en peligro. http://www.unesco.org/culture/languages-atlas/index.php?hl=es&page=atlasmap

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