La Unión de Naciones de América del Sur, Unasur, realizó una reunión cumbre en Perú, con el objetivo de blindar económica y políticamente a la región de las consecuencias de la no aprobación del presupuesto norteamericano.
 
Durante la cumbre de Unasur, aparentemente se había superado el problema del impago de las obligaciones de deuda al banco del cártel del Tesoro, con la aprobación del techo de la deuda, cuando fue declarada la suspensión del crecimiento de la economía europea, por el presidente del Banco Central Europeo Jean Claude Trichet.
 
Sólo que la nueva crisis del modelo global, financiero-capitalista, no sólo ha provocado la parálisis de la economía europea, ahora se ha iniciado una nueva fase de recesión mundial, como lo informa el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, en una carta dirigida a los representantes de la Unión Europea.
 
Los ministros de economía y directores de bancos centrales de Unasur, se reunirán para analizar y proponer acciones conjuntas e inmediatas, ante la nueva crisis financiera que ha pasado de un problema de deuda a una amenaza, capaz de arrastrar a España e Italia, como lo advierten ambos funcionarios de la Unión Europea.
 
La previsión de los gobernantes de Unasur para tomar decisiones no puede quedarse en sólo medidas de contención. Toda vez que el problema no es pasajero. Se trata antes que nada de un cambio histórico de grandes dimensiones, como es la ruptura del mundo hegemónico, en tránsito al mundo multipolar y la formación de nuevos centros de poder mundial. No habrá marcha atrás, ni las acciones terroristas de la ultraderecha en Noruega podrán frenar, retardar o impedir el cambio.
 
La reunión cumbre se convocó por el riesgo de un default si no se aprobaba el presupuesto norteamericano. Barack Obama elogió el acuerdo sobre la deuda: “No podemos equilibrar el presupuesto sobre las espaldas de las mismas personas que han soportado la mayor carga de esta recesión.” Pero la realidad dista una enorme distancia del dicho de Obama.
 
En México estamos acostumbrados a que toda propuesta de reforma de Calderón al Congreso sólo busca cubrir sus compromisos con países y empresas extranjeras. En Estados Unidos esto no cambia, a pesar del discurso de Obama. Públicamente se reconoce como una derrota de Obama, las concesiones al Tea Party y a los republicanos, no cobrar impuestos a la minoría y recortar la inversión social, pero lo cierto es que se trata de un compromiso por el cual fue electo Obama.
 
Más allá del discurso para obtener votos para la reelección, el hecho es la nueva parálisis económica mundial, que amenaza con “barrer” la reserva de divisas suramericanas, 700 mil millones de dólares; existe el riesgo de una devaluación abrupta del dólar, que dañará a las economías, amenaza con estallar la inflación, estrangular el crecimiento y acabar con el superávit comercial.
 
México cuenta con 132 mil millones de dólares de reservas, y no cuenta como Unasur con la flexibilidad política para adoptar decisiones, pues la derecha panista gobernante es ortodoxamente librecambista y no adoptará como lo está haciendo ya Brasil y Argentina, salvaguardas para proteger a su economía. Las medidas adoptadas por Carstens para enfrentar el inicio de la crisis, le fueron seriamente cuestionadas como argumento para reprobar sus aspiraciones a presidir el Fondo Monetario Internacional.
 
Los mandatarios de Unasur, ante la gravedad de la crisis mundial por la recesión, tienen la responsabilidad de ir más allá de medidas meramente defensivas y estrictamente de corto plazo, sin atender el problema de fondo. El riesgo de una regresión histórica, de trágicas consecuencias, sólo puede superarse si se rompe el pensamiento político tradicional de carácter lineal y se toman decisiones conforme a los nuevos paradigmas del cambio histórico.
 
Apresurar la emergencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), con el diseño de una agenda estratégica y de compromisos para actuar en consecuencia, es la respuesta. El diseño de Unasur ya cumplió y bien su propósito. Dar el paso hacia la nueva estructura de integración regional, implica reconocer el contexto internacional, y no aceptar sentarse a esperar a que Estados Unidos y Europa recuperen su ritmo de crecimiento para sentirnos a salvo.
 
Unasur, alternativa frente a las presiones del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, requiere ahora otra concepción y diseño de instrumentos consecuentes con una época de ruptura y de cambios profundos. China pone el ejemplo al adoptar nuevos instrumentos que le abran paso en un terreno minado, como la creación de la calificadora global de crédito Dagon, que rompe el monopolio de las calificadoras.
 
Dagon permite a las potencias emergentes asiáticas un instrumento para guiar sus inversiones con un nuevo ranking, basado en deuda soberana, y elevó la calificación de Brasil y Argentina y disminuyó el puntaje de Estados Unidos y Alemania. 
 
Durante la inauguración de la embajada de Argentina en Brasil, las presidentas Cristina Kichner y Dilma Rouseff advirtieron de la necesidad de defender a sus monedas de la apreciación y de la avalancha de mercancías que no encuentran mercado en los países en desarrollo.
 
El presidente de Uruguay, Pepe Mújica, reclamó una reacción en bloque a los países de la región para enfrentar los efectos de la crisis financiera global y defender los logros alcanzados, sobre todo, en el plano social.
 
Celac requiere de instrumentos fortalecidos como Bansur para hacer efectivas las grandes obras de infraestructura que integren y desarrollen regiones y sus productos.
 
La crisis alimentaria global como mecanismo para reducir el ingreso y trasladar riqueza, requiere de un plan para elevar la producción agroalimentaria, tanto en su variable de producción campesina como en la producción industrial, para lograr la soberanía alimentaria regional y poder exportar agrocombustibles y alimentos procesados.
 
El tránsito del mundo hegemónico al multipolar abre el espacio para un cambio en la producción y orientación de la ciencia y la tecnología, en los países y potencias emergentes, que rompe el monopolio del conocimiento y las patentes de las corporaciones. Baste señalar un ejemplo, al asumir China como el primer consumidor de energéticos, se provoca un cambio en la tecnología que tuvo Estados Unidos dominada desde que fue el primer consumidor.
 
Esta es una coyuntura para que Latinoamérica desarrolle y aproveche el talento que exporta; crear un programa de innovación para atender y desarrollar su mercado interno, conforme a los requerimientos culturales y prioridades, aprovechando y asegurando el dominio de sus recursos, saqueados, con el acuerdo de las oligarquías como medio de dominación local.
 
Celac tiene en su agenda estratégica la visión de ser un puente Sur-Sur, fundamental en una época de acelerados cambios geopolíticos y desplazamientos de centros de poder.
 
Los países de gobiernos derechistas –Chile, Colombia, ¿Perú?, algunos centroamericanos y México–, bien pueden cobijarse con las decisiones que adopte Unasur para proteger sus reservas y tomar distancia de la hecatombe; de no hacerlo ya tenemos la experiencia del Fobaproa pero ahora será a lo bestia.
 
Fuente: Forum en línea

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