La variedad de temas, de interpretaciones de los mismos pareciera que nos confunde en lugar de aclararnos las cosas. Crisis, hambre, goles, riñas, relativismos laicos según el jefe del catolicismo y nada de relativismos religiosos, cine, artistas, modelos, caída de bolsas, euro en peligro, en un torbellino donde los medios se alimentan basados en el peor lugar común que conozco, el que dice que una imagen equivale a mil palabras. El palo curvo en el agua o la puesta de sol y los diarios de la sociedad del conocimiento que nos dicen a que hora sale el sol y a que hora se esconde, puede enseñarnos, que una palabra puede orientarnos más que una brújula, pero oh destino, también puede enredarnos bastante y que es el modo como vivimos hoy en un mundo más que globalizado, enredado en un laberinto de ideas sospechosas de no tener nada de global, más bien, de órdenes de poder, de intereses particulares.
 
Se puede compartir una palabra para decir cosas distintas de acuerdo a referencias culturales diferentes. Lo que tiene que ver no solamente con lo que se habla sino desde donde se habla.
 
De tal manera que el relativismo ético que veo tan peligroso nada tiene que ver con el relativismo religioso que reúne a miles de jóvenes en Madrid para hablarles del aborto, de la eutanasia, de la homosexualidad y nada del hambre y muerte en Africa, del arrinconamiento agresivo de los mercados a los ancianos jubilados, al valor del trabajo, la ausencia de futuro de los jóvenes, sobre todo desde una institución con un vicio de génesis que consiste partir de una institución creada por Dios y de un señor que dice ser su representante.
 
Pero si hay un relativismo laico. El tango cambalache lo dice con toda claridad. Lo del fútbol es iluminador. Lo del entrenador del Real Madrid es muy claro. Pero, dicen los relativistas, es un buen entrenador. Un presidente de EE.UU. decía de un dictador latinoamericano, será un hijo de puta pero es mi hijo de puta. El nieto que mata a su abuela a 500 metros de distancia con un rifle, claro es un magnífico tirador pero es un pésimo nieto. O la imagen que usaba P.Krugman para designar a las decisiones de ahora en los mercados que son como el hijo que mata a sus padres y pide clemencia por ser huérfano.
 
Adorno y Horckheimer mostraban con razón en Dialéctica de la Ilustración la complicidad entre mito e ilustración que dominó la modernidad basada en una razón parcial, cosificante, con arreglos a fines egoistas y una masa que hoy vive entre mitos religiosos híbridos y vacíos con celulares inteligentes, redes sociales donde se decantan los basurales verbales de una época de masividad, coches veloces que en los veranos se hacen bolsa en las carreteras mientras millones de personas ven el presente y el futuro mas oscuro que la cabeza de Benedicto XVI.
 
Walter Dennis Muñoz es periodista