… “se hace necesario continuar eliminando cualquier prejuicio que impida hermanar en la virtud y en la defensa de nuestra Revolución a todas y a todos los cubanos…”
Informe Central al VI Congreso del PCC
 
Una vez finalizado el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba son más las preguntas que las respuestas. Esto, que pudiera parecer un desatino político e ideológico según la tradición histórica del socialismo, plantea nuevos desafíos al pensamiento y el accionar revolucionario que aboga por construir colectivamente los referentes del cambio con todas y todos los que apuestan por la continuidad socialista de la sociedad cubana.
 
Cualquier reflexión sobre el VI Congreso del PCC suscita, para quienes vivimos en Cuba, confrontar sentidos de vida propios con las posibilidades de hacerlos efectivos dentro del sistema de relaciones sociales en las cuales estamos inmersos. Este proceso de valoración y autoconciencia, mediado por múltiples contradicciones de pensamiento y acción resultado de las experiencias de vidas individuales y colectivas, incluye un amplio espectro de posiciones en las cuales están implícitas las capacidades críticas y creadoras de cubanas y cubanos.
 
La posibilidad real del cambio
 
¿Qué socialismo queremos? Es en esta interrogante donde convergen las múltiples preocupaciones del pueblo cubano acerca de cómo organizar y proyectar sus sentidos de vida con perspectiva histórica colectiva desde lo cotidiano, cómo articular la diversidad de significaciones respetando las múltiples identidades que la constituyen, cómo no dejar de ser sujeto activo y transformador, cómo articular necesidades, intereses, deseos, saberes y valores individuales y colectivos en el proyecto socialista cubano. Ellas son demandas de la práctica social que solo pueden encontrar respuestas en la articulación de la diversidad cognoscitiva, valorativa, expresiva, de saberes y acciones que confluyen en el contexto cubano actual.
 
“…Cuba está entre el reducido número de países del mundo que cuentan con las condiciones para transformar su modelo económico y salir de la crisis sin traumas sociales porque, en primer lugar, tenemos un pueblo patriótico, que se sabe poderoso por la fuerza que representa su unidad monolítica, la justeza de su causa y preparación militar, con elevada instrucción y orgullosos de su historia y raíces revolucionarias.”[1]
 
Las preguntas motivan las reflexiones críticas, el primer paso para transformar nuestra realidad inmediata. El patriotismo, valor que honra la resistencia y lucha de mujeres y hombres, plantea nuevos objetivos históricos desde el contexto nacional, regional y global. La fuerza de nuestra unidad popular, está en la diversidad de pensamientos y acciones que acompañan los nuevos intentos de integración y transformación de la sociedad cubana hacia más socialismo. Los continuos debates sobre la realidad nacional, en espacios formales e informales, intentan reconstruir las fuentes de producción y reproducción de sentidos de vidas enfrentando los dogmas teleológicos que frenan los cambios sociales con una supuesta defensa al “ideal socialista” y discursos “modernizadores” que abogan solo por transformaciones económicas sin su correspondiente coherencia política e ideológica.
 
Unidad en la diversidad
 
La situación cubana actual es muy compleja. Dos generaciones de cubanas y cubanos han nacido luego de la descomposición del campo socialista europeo,en medio de una gran crisis global y con un fuerte bloqueo imperialista que se recrudece en la misma medida que Cuba se mantiene como alternativa anticapitalista. El desafío del pueblo cubano está en recuperar la confianza en el socialismo como necesidad histórica y utopía posible, para convertir la voluntad popular en realidad cotidiana y en un pedazo irreversible de la historia humana.  
 
8 millones 913 mil 838 personas participaron en los debates sobre los Lineamientos económicos y sociales, registrándose más de tres millones de intervenciones. Dudas, discrepancias, insatisfacciones, modificaciones y sugerencias acompañaron el proceso de consulta popular sobre “la continuidad e irreversibilidad del socialismo, así como el desarrollo económico del país y la elevación del nivel de vida, conjugados con la necesaria formación de valores éticos y políticos de nuestros ciudadanos”.[2]
 
Una vez más se convocó a la voluntad y unidad popular para proponer y definir los procesos de continuidad y cambio hacia más socialismo. No hubo unanimidad, sino diversidad, en torno al interés común de cubanas y cubanos de afrontar el desafío, impuesto por las circunstancias históricas, de fortalecer el proyecto de emancipación social, dignificación humana e independencia nacional, al tiempo que nos insertamos en el sistema económico mundial capitalista sin perder la soberanía y la autonomía del pueblo para decidir su destino histórico.
 
Esto implica necesariamente un ejercicio crítico y creador, en todos los espacios públicos y privados, con nuevas dimensiones valorativas y una amplitud cultural renovadora sin reticencias a la diversidad. La diversidad es el reto de la unidad en las actuales condiciones de cambio revolucionario. Para las nuevas generaciones el desafío es mayor, porque exige una actitud fundadora y reclama un cambio de paradigmas en el hacer, pensar y desear la experiencia histórica socialista cubana. La juventud cubana, diversa y transgresora busca y hace caminos propios, exige ser protagonista del futuro, correr el riesgo de cambiar el mundo y quieren ser sujeto de procesos que contengan en sí las dimensiones y tensiones de un mundo mejor.
 
Otros nuevos sujetos de cambios se configuran en la sociedad cubana actual. Sujetos diversos que expresan la pluralidad de necesidades, intereses, demandas, aspiraciones y metas que se configuran desde la cotidianidad que vivimos. Un nuevo sujeto popular se va conformando construyendo alternativas, dando respuestas a las necesidades concretas de su entorno comunitario o laboral, enfrentando el burocratismo, formalismo insensible y dogmatismo de quienes quieren conservar “su poder”.
 
En Cuba, a diferencia de otros contextos, la propensión hacia la articulación e integración de la diversidad, unidad del sujeto popular, es resultado del propio proceso histórico de la nación y del proyecto revolucionario. Nadie tiene dudas de que la unidad es la premisa de nuestra supervivencia como pueblo y como proyecto social alternativo al capitalismo. Sin embargo, la unidad en torno a la patria, la Revolución y el socialismo no significa en modo alguno homogeneización forzada ni nivelación impositiva y superficial de toda la riqueza plural y colectiva que significa la diversidad.
 
Pensar, hacer y desear juntos proyectos coherentes que resuelvan problemáticas concretas, necesarias y posibles es un compromiso individual y colectivo que demanda conocimiento, confianza, superación de prejuicios, transparencia en la toma de decisiones y el manejo de los recursos, espacios equitativos y procedimientos claros para la participación de todas y todos. El respeto a las múltiples identidades individuales y colectivas del sujeto popular supone enfrentar la desigualdad social que emane de privilegios, exclusiones y prejuicios discriminatorios.
 
El socialismo como proceso liberador de las capacidades transformadoras humanas, se construye sobre valores colectivos y humanistas y tiene un carácter crítico y creador. Intentar promover un ideal socialista al margen de las necesidades e intereses de la vida cotidiana de los hombres y las mujeres que construyen la sociedad socialista conduce al fracaso de la experiencia y al descrédito del ideal. Ya la historia ha dado cuentas suficientes como para no repetir errores.
 
La unidad en torno al socialismo no puede ser una consigna, responde a la capacidad del proceso de integrar acciones y relaciones diversas para producir y reproducir la vida cotidiana desde el respeto mutuo, la solidaridad, el cuidado, la cultura de convivencia, la protección a la naturaleza y la autosostenibilidad.
 
El reto de los cambios
 
“Rectificar errores, criterios obsoletos y dogmas”, es la llamada de la dirección política y el gobierno cubano para actualizar el proyecto socialista. Las reflexiones sobre esta convocatoria despiertan desde las prácticas cotidianas una pluralidad de acciones, modos de actuar no habituales, concurrencias de actores sociales con identidades y perspectivas diversas. En esta cotidianidad se configuran y articulan, también, los intereses y valores, que se enfrentan a la visión conservadora, tecnocrática y excluyente de la sociedad, a la homogeneización de la riqueza espiritual y cultural del pueblo cubano y a la simplificación del mundo desde la lógica capitalista de dominación que no deja de merodear nuestras vidas.
 
La utopía liberadora que expresa el deseo popular de cambiar las cosas se enfrenta al sentido común de lo establecido. En medio de la crisis global, donde todo parece haberse salido abruptamente de su cauce y nadie vive tranquilo, el pueblo cubano, con nuevas fuerzas y pasiones, construye y busca caminos, porque “un pueblo no se merece sino lo que es capaz de conquistar. El pueblo cubano nunca ha sido remiso al cumplimiento de esa regla ineluctable.”[3]
 
La profundidad y la rapidez que exige la actualización del modelo socioeconómico cubano requieren mayor coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Los procesos de cambios actuales en la sociedad cubana abogan por el desarrollo local integral, sin embargo, en estos espacios se manifiestan divisiones y fragmentaciones entre las instituciones y entre los actores sociales, desconocimiento de los objetivos del proyecto que convoca al cambio, ausencia de visiones estratégicas en los líderes y dirigentes, falta de transparencia en la toma de decisiones y el manejo de los recursos, predomina la inmediatez irreflexiva en la conducción del proceso, no se construyen relaciones sociales fuertes entre los actores sociales, se presentan actitudes sectarias y discriminatorias (por edad, orientación sexual, género y raza), existen prejuicios y tabúes que limitan la comunicación interpersonal, se reproduce el verticalismo y el autoritarismo para trabajar y convocar a la diversidad de actores[4]
 
Hacer el cambio desde y por el pueblo (sujeto real y concreto) es la esencia creadora de la revolución cubana, su constante referente revolucionario. Estamos viviendo una nueva oportunidad histórica para cambiar la lógica civilizatoria capitalista y avanzar hacia formas de convivencias más humanas. Las oportunidades del cambio hay que aprovecharlas. Experiencias renovadoras, muchas desconocidas, se dan en el contexto cubano como brote de nueva socialidad. Estas experiencia se nutren del acumulado revolucionario del sujeto popular que se reconfigura, en espacios formales o informales, con propuestas transformadoras emanadas de sus prácticas cotidianas.  
 
El VI Congreso de PCC convocó al despliegue de la subjetividad propositiva y protagónica, “…bajo un denominador común en nuestra conducta: el orden, la disciplina y la exigencia”[5]. El orden está en los valores que construimos desde nuestras prácticas reales y cotidianas, la disciplina en el respeto a esos valores y la exigencia en el compromiso a ser coherente en pensamiento y acción. El denominador común: la unidad desde la diversidad que somos en todos los ámbitos de la vida social.
 
Bajo la innegable diversidad, las reales diferencias y contradicciones, la Revolución cubana, hoy, perfila un sentido histórico y cultural de vida que se abre desprejuiciadamente al concurso del empeño colectivo para buscar respuestas a interrogantes concretas: ¿Cómo convertir las demandas sociales en un programa coherente de alcance socialista en lo económico, ético, político, estético, jurídico? ¿Cómo construir poderes compartidos que enfrenten la corrupción, la burocracia y el autoritarismo? ¿Cómo unir objetivos comunes desde diversidad sociopolítica respetando la dignidad y la identidad de cada cual? ¿Cuáles son las formas más efectivas de democracia participativa y protagónica?
 
Queremos un socialismo dignificador de lo humano. La Revolución cubana es una revolución por la vida del pueblo cubano y de la humanidad toda. Nos corresponde el derecho a soñarla y hacerla, pero como alertó Martí “nadie podrá hacer, si no lo hacemos todos juntos”.
 

– Georgina Alfonso González es investigadora del Grupo América Latina: Filosofía Social y Axiología (GALFISA) del Instituto de Filosofía de La Habana. Coordina el proyecto Ética y política desde el movimiento de mujeres: Desafíos al feminismo y el socialismo en el siglo XXI. Autora del libro Valores y vida cotidiana (Editorial de Ciencias Sociales, la Habana, 2009).

 

* Este texto es parte de la revista América Latina en Movimiento, No. 465 de mayo de 2011, sobre Cuba: "transformaciones necesarias" (http://alainet.org/publica/465.phtml)



[1] Castro Raúl. Discurso de clausura del VI Congreso del PCC, 19 de abril de 2011. En: Periódico Granma, La habana, 20 de abril de 2011, Año 47, No 95, pag 6.
[2] Tomado del Informe Central al VI Congreso del PCC
[3] Roa, Raúl. Retorno a la alborada. Editorial Ciencias Sociales, 1977. p. 169.
[4] Memorias de los Talleres de GALFISA sobre Identidad y Diversidad en el trabajo comunitario en Cuba y Venezuela, 2007 7 2008. Fondos GALFISA, Instituto de Filosofía
[5] Castro Raúl. Discurso de clausura del VI Congreso del PCC, 19 de abril de 2011. En: Periódico Granma, La Habana, 20 de abril de 2011, Año 47, No 95, pag 6.