En su reciente Mensaje del 21 de mayo de 2011, el señor presidente Sebastían Piñera cierra su alocución planteándose la inquietante interrogante sobre qué podría desviarlo de su camino. Desde su punto de vista, existen dos amenazas claras: la primera es aquello que llama “el germen de la división y el virus de la beligerancia”; el segundo se resume en un debilitamiento de nuestras instituciones democráticas.
 
La amenaza es clara: “Sin instituciones, la fuerza reemplaza a la racionalidad, la inestabilidad se adueña de la vida pública y los derechos se tornan frágiles. Como país ya recorrimos ese camino y socavamos las bases mismas de nuestra democracia y sana convivencia” Nadie puede negar que, en efecto, nuestro país conociera de manera dolorosa cómo la fuerza arrasó con las instituciones democráticas por largos diecisiete años. Una experiencia de la que todavía no nos hemos recuperado del todo. Sin embargo, esto requiere algunas precisiones que no podemos dejar de considerar.
 
Habría que recordar que más allá de la retórica del actual mandatario, no es cierto que: “Las instituciones, es decir las reglas que democráticamente nos hemos dado para canalizar nuestra creatividad, arbitrar nuestras diferencias y armonizar los múltiples y legítimos intereses que existen en toda sociedad libre y plural, deben ser siempre respetadas”. En rigor, vivimos, hasta el presente, bajo una constitución creada por una dictadura militar con débiles ajustes cosméticos. No nos hemos dado este “orden democrático”, éste ha sido impuesto por mano militar y defendido por una derecha obstinada que, actualmente, gobierna Chile. Es cierto, cuando se debilitan las instituciones democráticas surge inevitable la fuerza capaz de abolir todos los derechos. La historia reciente nos enseña, sobradamente,quienes han sido los que actúan de esa manera.
 
Una segunda precisión al Mensaje Presidencial 2011 dice relación exactamente con el concepto mismo de democracia. Si bien, en el Chile actual, todo disenso o voz en contrario al discurso oficial es calificado de “germen de la división y virus de la beligerancia” y es visto como una amenaza al sistema democrático, no es menos cierto que a los ciudadanos, fundamento último de cualquier soberanía democrática, les asiste el pleno derecho de impugnar y expresar democráticamente su rechazo a un orden tan injusto como extemporáneo. La democracia es, precisamente, un sistema en el que el espacio público adquiere un carácter agonístico.
 
Cada vez que miles de chilenos manifiestan su desacuardo con la solución empresarial que se le ha dado a Hidroaysen, por ejemplo, no hacen sino ejercer su derecho ciudadano en defensa del patrimonio nacional. Lo mismo se puede afirmar de estudiantes, profesores y trabajadores que se movilizan en defensa de sus legítimos intereses frente a políticas públicas que favorecen claramente el lucro de minorias en desmedro de amplias mayorías sociales. En suma, la única amenaza contra las instituciones democráticas es, justamente, no respetar los derechos de millones de chilenos que claman por mejores condiciones de vida en cuestiones tan concretas como educación, salud medioambiente y previsión social.
 
– Álvaro Cuadra es Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS

DEJA TU COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí