“La crisis de Estados Unidos es también la del mundo”: Peter Dale Scott.
 
Para un imperio en decadencia como lo es Estados Unidos ahora, la guerra se ha convertido de unos años para acá [tanto durante la Guerra Fría como a raíz de la caída del bloque soviético] en un modus operandi, porque al parecer ha agotado todas las opciones de mantener la hegemonía por cualquier medio pacífico —la diplomacia se ha convertido al espionaje, y de refilón el libre mercado ha mostrado su inutilidad; prueba de que la mano invisible nunca existió a pesar de la tesis smithiana—, derivando así en el uso cotidiano de la violencia.
 
Así, bajo la argucia de llevar la libertad, la democracia y la paz a todos los rincones del planeta, EU erige la fuerza mediante el aparato “complejo militar-industrial” (Dwigth D. Eisenhower) que conforma el Pentágono, como bandera de violación de soberanías y entrañas [la apropiación de los energéticos fósiles; petróleo y gas] de cualquier país de mundo. Claro que los presidentes en turno, por lo menos desde James Carter a la fecha, presumen trabajar para llevar el bienestar de su población y la concordia para todos los países amigous de la tierra. ¡Mascarada vil!
 
Más claro ni el agua, así resulta lo anterior de las reflexiones de Peter Dale Scott que comentamos desde ayer [ver: “EU, el gobierno secreto, I”], porque revela no sólo el utilitarismo o servilismo de los gobiernos —el uso pragmático del poder político, sean de extracción demócrata o republicana— para fines o intereses claramente preestablecidos, sino también la aplicación de medidas por encima del propio aparato político-estatal. De ahí el precepto que baña toda la argumentación de Dale, sobre el “gobierno secreto” que no sirve al interés general cuanto es abiertamente hegemónico e imperial. O en palabras del propio Peter Dale, “la política profunda” o el “Estado profundo” que domina paralelamente al poder establecido.
 
De ahí la mención, por parte del especialista, de la creación de programas ultrasecretos como la “Continuity of Governement”, COG, o “Continuidad del Gobierno”. Se trata de: “Un programa ultrasecreto destinado a organizar la dirección del Estado en caso de situación de urgencia nacional. El programa de la COG fue parcialmente aplicado el 11 de septiembre por Dick Cheney, uno de los principales arquitectos de ese programa desarrollado dentro de un comité que opera fuera del gobierno regular desde 1981… [Lo que] indicaría que el sistema constitucional de contrapoderes ya no se aplica en Estados Unidos, y que los decretos secretos predominan ahora sobre la legislación pública. Pero la gama de participación torcida es amplia.
 
Desde mediados de los años 70, tras el escándalo Watergate, “cuando Dick Cheney y Donald Rumsfeld [dignos representantes luego de los halcones] que por entonces dirigían el equipo de la Casa Blanca del presidente Gerald Ford, y controlaban el Departamento de Defensa, (ambos) desempeñaron un papel decisivo en el triunfo final de los prusianos, al alejar a Henry Kissinger y nombrar como director de la CIA a George H. W. Bush (padre), quien elaboró desde allí un nuevo estimado, más alarmista, de la amenaza soviética, dando así lugar a la correspondiente explosión de los presupuestos de defensa y sabotaje de la política de distensión”.
 
Entre las acciones de complot desde los EU contra países como la Unión Soviética y con fines de control imperial, por ejemplo, Dale destaca las actuaciones de Brzezinski —un polaco antisoviético que se convirtió en su momento en el consejero de Seguridad Nacional de Carter—: “En 1978, Zbigniew Brzezinski… implementó una forma una forma para, mediante la creación de una unidad especial de la Casa Blanca con Robert Gates, el actual secretario de defensa, que era por aquel entonces un joven agente operacional de la CIA.
 
Bajo la dirección de Brzezinski, oficiales de la CIA se aliaron a la agencia de inteligencia de Irán, la SAVAK, para enviar agentes islamitas a Afganistán, hasta que se llegó a la invasión por parte de la Unión Soviética en 1980. “Brzezinsk estaba decidido a utilizar al Estado profundo para hacerle a la Unión Soviética tanto daño como fuera posible”. Fue en “la siguiente década, que se caracterizó por la implicación secreta de la CIA en Afganistán, fue determinante en la transformación de aquél país en un vivero de cultivo de la amapola del opio, del tráfico de heroína y de islamismo yihaidista”. De ahí vino el apoyo a sujetos como Osama bin Laden que luego se convertirían en enemigos acérrimos.
 
“La conexión de los narcóticos es tan profunda que no se menciona en los documentos de la CIA que se han hecho púbicos. Pero la cooperación de la CIA, dirigida por William Casey desde 1981, con el banco de la droga llamado Bank of Credit and Commerce International (BCCI) estimuló la creación en Afganistán de una inmensa narcoeconomía, cuyas consecuencias desestabilizadoras ayudan a explicar por qué hay soldados de la OTAN, afganos y pakistaníes muriendo en esos lugares.
 
El BCCI fue un enorme banco de lavado de fondos provenientes de la droga. Corrompía, con sus presupuestos y recursos, a políticos de primer plano en el mundo entero… presidentes, primeros ministros… y una parte de ese dinero sucio (de eso no se habla mucho pero es la realidad) llegaba a políticos en Estados Unidos, a políticos de los dos partidos, y esa es una de las principales razones que explican por qué nunca lograron que el Congreso abriera una investigación contra el BCCI”. Los casos no son nuevos, todavía puede verse el caso recientemente denunciado del banco Wachovia, también en EU, contra quien tampoco se procede legalmente a pesar del manejo de cuantiosos recursos procedentes del narcotráfico y luego ingresa al mercado financiero.
 
Caso es que: “La cuestión de la COG se mencionó públicamente por primera vez desde 1987, durante las audiencias sobre el escándalo Irán-Contras, cuando un miembro del Congreso nombrado Jack Brooks le preguntó a Oliver North: ‘Coronel North, en el marco de su trabajo en el Consejo de Seguridad Nacional, ¿no le asignaron a usted en un momento dado la planificación de la continuidad del gobierno en caso de un desastre de envergadura?’”. Pregunta sin respuesta, pospuesta para ser tratada en una audiencia especial que nunca se realizó.
 
El caso es que: “Los planes de la COG son un secreto celosamente guardado, pero en los años 1980 hubo informes que señalan que esos planes implicaban medidas de vigilancia y detenciones sin mandato, así como una militarización permanente del gobierno. En cierta medida, esos cambios claramente se aplicaron después del 11/S”, dicta Peter Dale Scott. Y Obama lo sigue a pie juntillas.