Ponerse a opinar sin argumento, es caminar a la deriva…
 
Otra vez los hijos del imperio salen con sus envenenadas garras para mancillar la dignidad de los pueblos y no les basta con apoyar y dar golpes de estado, con violar derechos humanos, con invadir países, y robar sus riquezas, promover la violencia en el planeta. Ahora es que un inmaculado “gringo” nos trae la paz, la moral, el respeto a los derechos humanos y la justicia. Esto me recuerda cuando tenía siete años y mi abuela misionera de la iglesia bautista, invitaba a evangelistas y misioneros la mayoría de ellos enviados por la CIA, obviamente no traían “las buenas nuevas”, pues venían con una gama de falacias e inventando historias, como que Fidel Castro y los comunistas comían niños y un sinnúmero de mentiras, hablando de la gran tribulación, de los castigos divinos, del rapto de la iglesia, de la gran bestia, de los jinetes apocalípticos y otros temas que causan cierta aprensión en los seres humanos y desde luego sin ninguna preparación teológica o escatológica, eran simples fanáticos, pero convencidos de su labor alienadora y adoctrinando a inocentes hondureños “beneficiados” con ropas de segunda y otras indignas regalías. La abuela les daba hasta el ternero más gordo, para complacer los “hermanos” porque ellos “llevan la paz y el evangelio a los pueblos” eso decía la Cristina García.
 
La intromisión de los yanquis en Latinoamérica no es cosa nueva de la cual debamos sorprendernos, pero si es un acto digno en el caso de Ecuador, de Bolivia y de Venezuela, haciéndoles sentir su malestar. Y han declarado non grata la presencia de intrusos embajadores que antes de juzgar a priorí y dar declaraciones nocivas en contra de pueblos y naciones con anhelos de una real independencia; deberían darle un vistazo a su propio país, donde adolescentes provocan y realizan masacres, donde suscitan la violencia y después la condenan. Mejor barrer su casa primero antes de criticar la del vecino don Spector.
 
La abuela de 94 años, siempre me dice “no hablés mal de los hermanos norteamericanos” y sus nietos que viven en el norte ya no piensan lo mismo que ella, pues muchos de ellos tienen la piel trigueña y su acento latino los traiciona, “no abuela usted les daba hasta lo que nosotros nos íbamos a comer, les daba la mejor carne, los mejores huevos, la mejor gallina y ellos acá nos la mejor paliza, nos tratan como animales”. Ella con su generosidad como la mayor parte de la población hondureña, causaba y practicaba cierto “malinchismo” tratando ingenuamente al extranjero con suma hospitalidad y con cierto desprecio al nuestro.
 
Después de las ominosas declaraciones de un hijo de USA en contra de los docentes hondureños, me vuelven a la practicidad cristiana de la abuela “no difamar a nadie… porque eso trae consecuencias en contra de uno mismo” “no juzgar para no ser juzgado”. Este límpido “americano” conocerá la conducta e idiosincrasia de los docentes hondureños, de dónde habrá obtenido datos para realizar irresponsables aseveraciones, sabrá este honorable hombre de seda, qué muchos de los docentes que reclaman sus derechos en las calles son eruditos y dignos seres humanos que jamás llegarían a su país para denigrar e insultar a sus conciudadanos. Sabrá este plausible señor que desde los sumerios (huellas que en su invasión a Irak ellos destruyeron) los maestros han sido los sabios hasta nuestros días, que los griegos y los romanos cuando conquistaban un pueblo, se llevaban a sus profesores y los cuidaban, porque con ellos estaba implícito su desarrollo en todos sus ámbitos. Imagino que este cándido varón sólo ha visto paz y koinonía en las calles de su país y por eso se atreve a infamar un gremio, ya suficientemente satanizado por la mediática y dictadura hondureña, emprendida por empresarios y tarifados. No cabe duda que los gringos creen que Honduras y el planeta les pertenecen y como tales, pueden invadir, agredir, difamar, deportar, y hasta matar cuando quieran y dónde quieran.
 
– Israel Serrano es Escritor y docente hondureño