“Tanto en Fanon como en los chinos existe la certeza de la crisis que golpeará al mundo capitalista si éste no anula el abismo entre sus riquezas y la miseria del mundo colonial, es decir, si no se auto-elimina. La tesis del estrangulamiento del capitalismo por sus excesivas riquezas es idéntica en Fanon y en los chinos, hasta en el uso de las imágenes exteriores…”
(“Frantz Fanon y la Revolución anticolonial”: P. Geismar & P. Worsley et al). 
 
 
La actual crisis económica mundial y la creciente ingobernabilidad global que de ella se deriva (con su cauda de agitación social en el mundo árabe, en el norte de África, en diversas zonas de Europa, en varias ciudades de los Estados Unidos y en muchas partes de América Latina), representan eslabones de una misma cadena o proceso actualmente en marcha, que conduce hacia lo que algunos denominan “la desaparición de Occidente tal y como se conocía después de 1945”, y a la acelerada desarticulación geopolítica mundial ahora en marcha (1).
 
Otros analistas (como Touraine), vinculan este proceso de disolución o recomposición del capitalismo global a eventos históricos recientes, como la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la URSS. Mientras que otros observadores incorporan otro probable eslabón a este largo proceso histórico, el cual denominan “la posible desintegración de los Estados Unidos” (2).
 
Wallerstein, por su lado, fiel a su perspectiva histórica, ha propuesto una mirada más extensa en el tiempo, y ha definido este prolongado proceso de descomposición capitalista como una “franja transicional”, entendida como una crisis integral del sistema-mundo capitalista, en la cual se subsumen otros eventos internacionales más viejos, en particular, el gradual desmontaje del “Estado de Bienestar” iniciado a fines de los años sesenta e inicios de los setenta, y su posterior profundización en los años ochenta.
 
Fanon por su parte, también dedicó cierta atención a este problema de la descomposición gradual del capitalismo, el cual él denominaba “auto-estrangulamiento” (3), mientras que Juan Bosch, ex –presidente de la República Dominicana, quien fuera derrocado por una conspiración de los EEUU, acuñó el término “Pentagonismo”, para dar cuenta del importante cambio histórico producido en esos años (mediados de los sesenta), a través del cual el imperialismo norteamericano iniciaba su conversión política y económica más importante de los últimos cien años (4). 
 
La tesis principal de Bosch giraba en torno a la transformación del imperialismo (tal y como lo había estudiado y descrito Lenin a principios del siglo XX), de ente político transnacional dedicado a la exportación de capitales y a la conquista y ocupación militar de territorios (colonias o neo-colonias), a una nueva tendencia, centrada ahora, en la extracción de plusvalía desde la periferia hacia el centro capitalista, por la vía de la especulación financiera, la apropiación de recursos energéticos y naturales estratégicos, y por medio del afianzamiento de la dependencia militar de los países periféricos hacia el complejo industrial-militar norteamericano (vía contratos de ventas de bienes y servicios militares, uso de contratistas y asesores, programas de entrenamiento y capacitación militar, asistencia en inteligencia etcétera) (5). 
 
Dicho en breve, si Lenin sostenía que el imperialismo era la fase superior del capitalismo, Bosch planteaba que el “pentagonismo” era la fase superior del imperialismo (6).
 
Como puede apreciarse fácilmente, el problema de la conversión del capitalismo en supracapitalismo, y su tendencia a generar inestabilidad social y política, es de vieja data. Surgió junto al nacimiento de los grandes trusts y carteles monopólicos y oligopólicos en tiempos de Marx, quien lo estudió a profundidad en la segunda mitad del siglo XIX, y siguió siendo objeto de análisis en las primeras décadas del siglo XX, con los trabajos de Hilferding, Lenin, Kondrattief, Rosa Luxemburgo y Schumpeter entre otros.
 
El problema de fondo, tal y como la mayoría de estos analistas lo visualizaban, sigue siendo el mismo de hoy en día: el creciente dominio del capital financiero (una pequeña pero poderosa fracción del capital), por encima del resto de sectores del sistema capitalista.
 
Este dominio a través del cual la pequeña fracción bursátil financiera hegemoniza al resto del sistema, hace del crédito y la deuda (especialmente estatal), y la especulación financiera, su principal fuente generadora de ganancia y de plusvalía.
 
En esa dinámica, los principales actores de la economía real (los productores de bienes y servicios, los pequeños y medianos empresarios y los asalariados), se ven subordinados a la lógica de lo que se ha llamado “economía monetaria-crediticia” (7), en la cual la reproducción de las fuerzas tradicionales del mercado y la economía en general ya no posee importancia central.
 
Y ello es así pues surge el supracapitalismo y lo que Wallerstein llama “supramercado” (el terreno donde actúan y dominan las corporaciones transnacionales). Se opera entonces un dominio casi absoluto del capital hacia el trabajo. En esta dinámica lo que importa es el crecimiento económico basado en el rentismo y la especulación financiera, aunque esté se produzca sin empleo y sin producción de bienes, servicios y/o productos tangibles (8).
 
Visto así, para el supracapitalismo las principales conquistas históricas en tiempos modernos (desde la famosa proclama de la Revolución Francesa hasta la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1945), son un estorbo.
 
No resulta extraño, entonces, que el malestar siga creciendo cada día en múltiples rincones del centro y la periferia capitalista. Ese malestar generalizado apenas comienza. La gigantesca tarea que ahora tenemos frente a nosotros, consiste en definir las estrategias para enfrentar a este supercapitalismo, decrépito pero todavía muy letal.
 
 
Notas:
 
1-Es así como lo ven numerosos analistas internacionales, entre quienes sobresalen los miembros del destacado LEAP/2020, el competente “tanque de pensadores” que produce periódicamente el “Global Europe Anticipation Bulletin (GEAB). Por ejemplo, en su boletín No. 14, sostienen literalmente: “de hecho estamos asistiendo al peligro de un hundimiento de Occidente”.
2- Por ejemplo, en el libro “La gran depresión del siglo XXI”, sus autores ven un posible paralelo entre la disolución de la URSS con la probable desarticulación de los Estados Unidos”. Ver “La nueva fase de la crisis mundial: la amenaza de bancarrota de Estados”; P. Campanario, P. Nakatani et al; http://www.observatoriodelacrisis.org/2010/05/la-nueva-fase-de-la-crisis-mundial-la-amenaza-de-bancarrota-de-estados/
3-“Frantz Fanon y la Revolución anticolonial”: P. Geismar & P. Worsley et al; Ediciones del Siglo, Buenos Aires, 1969, p. 104-105.
4-Planteamiento formulado por su autor en “El Pentagonismo, sustituto del imperialismo”, el cual fuera presentado como tesis a la Tercera Conferencia Interamericana de Ciencias Políticas y Sociales, la cual tuvo lugar en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, República Dominicana, en noviembre de 1967.
5- Op cit, p. 28
6- Op cit, p. 32
7-Término acuñado por Hilferding. Ver “Crédito y ganancia en un contexto de financiarización”; Gregorio Vidal. Por su parte, Michael Hudson, describe este proceso de distorsión estructural que provoca la economía de casino en los siguientes términos: “El Consenso de Washington aplaude esta política a favor de los rentistas. Su ideología neoliberal sostiene que la vía más eficiente a la riqueza consiste en hacer pasar la planificación de las manos del gobierno a los banqueros y los ejecutivos financieros, encargados de privatizar y financiarizar la economía. Sin que casi nadie se percate, esta idea está desplazando a la clásica ley de las naciones fundada en la idea de la soberanía sobre la deuda y la política financiera, sobre la política aduanera y fiscal…” (“El Sur tiene que prescindir del modelo del Norte. ¿A dónde va la economía mundial?: Michael Hudson; Sin Permiso, 26 septiembre, 2010, p.2).
8- Sin embargo, el trabajo sigue siendo un factor dinámico en la composición estructural del sistema capitalista. De hecho, una buena parte de las fuerzas sociales que agitaron la reciente rebelión en Egipto corresponde a la clase trabajadora organizada en sindicatos. Ver por ejemplo, el artículo “La conexión Cairo-Winsconsin”, de Noam Chomsky (Revista Sin Permiso; 06 marzo, 2011).
 
 
 
– Sergio Barrios Escalante. Científico Social e Investigador. Ensayista y Escritor. Edita la Revista virtual Raf-Tulum.
 

DEJA TU COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí