“Algo pasa cuando muchos no dudan de las afirmaciones del Ejército estadounidense pero sí de las del fundador de Wikileaks, Julian Assange, que no ha matado a nadie, y menos a nadie inocente”
Wikileaks, el Pentágono y la información
 
El escrito “ABUNDANCIA REVOLUCIONARIA”, bastante extenso, trata dos aspectos de la insurgencia actual, que tiene alcance mundial.
 
La primera parte hace una crítica económica a los absurdos “principios” del Neoliberalismo, la expresión agónica del irracional y destructivo capitalismo, imitado por las sociedades ancestrales que se han vuelto consumistas porque lo consideran el máximo modelo de civilización.
 
El caso de China es patético. Se trata de una sociedad milenaria, con una economía feudal y hasta esclavista, según la clasificación de Marx, que logró deshacerse de los emperadores pero que posee una experiencia productiva tan admirable como la de los demás pueblos que han sobrevivido manteniendo un equilibrio ejemplar con la Naturaleza, capaz de evitar la mayoría de los desastres causados por el absurdo consumismo.
 
Desgraciadamente, el complejo de inferioridad que el capitalismo les infunde a sus cultores (considerado por ellos como muestra de superioridad y lucidez) ha conllevado que los pueblos renuncien a su grandeza para imitar a los inmigrantes inopes, expulsados de Europa y que, en algo así como cien años, acabaron con el inmenso territorio de USA y, ahora, pretenden extender su depredación al resto del Mundo.
 
El gran cacique Sioux se lo había advertido al jefe de los blancos a principios del s. XX, aterrado con la disposición criminal de los colonos ambiciosos, dotados de un individualismo enfermizo y obsesivo que los tornaba incapaces de valorar lo que no se pudiesen apropiar para convertirlo en dinero.
 
Su consigna era arrasar con todo lo que considerasen rentable, como los bisontes y las praderas que los sustentaron durante miles de años.
 
Y tal disposición sigue caracterizando al absurdo Imperio que dice ser la cima de la democracia y el paraíso de la libertad, aunque su catadura asesina es innegable, sobre todo cuando existen documentos que lo prueban sin dejar lugar a dudas y que le quieren cobrar a Assange asesinándolo legalmente para escarmiento de quienes se sientan motivados a imitar su valentía.
 
La adopción de las recetas anticientíficas, basadas en los delirios de la sionista atea Ayn Rand, están destruyendo la Vida de una forma tan acelerada que no se les escapa a las mayorías engañadas y dispuestas a llamar a cuentas a los potentados que se favorecen con semejante destrucción.
 
Mientras se apoderan de todo, para arrasarlo y enriquecerse rápidamente, impiden que las mayorías disfruten de la abundante riqueza de bienes de uso producidos sin explotar a los proletarios, pues son fruto de un proceso productivo automático, fundado en las máquinas y capaz de satisfacer todas nuestras necesidades al tiempo que nos libera de la esclavitud del trabajo y nos reconoce la condición de creadores, garantizándonos el disfrute del ocio que nos permite materializarla.
 
El segundo enfoque de la “Abundancia Revolucionaria” es de tipo socio-político.
 
Se centra en las oportunidades que se le presentan a la Humanidad para asumir la Democracia Directa, única capaz de valorar en su justa medida cada regalo de la Naturaleza, sin destruir ésta ni apropiarse de aquel como un privilegio de algunos individuos con complejos de superioridad y reducida capacidad intelectual (que compensan con su habilidad y disposición criminal).
 
Son depredadores con mentes involucionadas, incapaces de entender los procesos complejos que han permitido el surgimiento y la conservación de la Vida.
 
Por eso, mientras ocultan las fuentes de energías limpias, capaces de dotarnos hasta de agua potable (como la del hidrógeno unido al oxigeno) buscan agotar todo el petróleo, que bien puede ser la sangre de la Madre Tierra, como sostienen esas culturas persistentes, realmente ejemplares y dignas de imitación.
 
Como si fuese poco el mal que han hecho hasta ahora, tienen planeado el saqueo universal de los minerales que les permita destruir la biosfera de una vez por todas, pues es lo que los herederos de Abraham consideran que corresponde para precipitar el Juicio Universal.
 
Semejante proyecto criminal de destino para la Humanidad, lo encubren como ambición bien orientada, pues rápidamente multiplica las fortunas de quienes comandan la aterradora campaña de destrucción.
 
Por eso, es urgente que los pueblos se deshagan de los impostores que están acabando con todo, para asumir el ejercicio de la Democracia Directa que despoje del poder a los abusivos que nos lo han robado.
 
Es la esperanza que despierta en la Humanidad la insurgencia de algunos de los pueblos más oprimidos y alienados, capaces de despertar y reivindicar con originalidad la dignidad humana, tan descaecida con los métodos del consumismo.
 
Ese es el decisivo papel de las multitudes en todo el Mundo, y en África y el Medio Oriente lo están asumiendo con coraje y lucidez los pioneros de la Nueva Era.
 
En su gran mayoría son jóvenes con suficiente honradez, energía, lucidez, entusiasmo, compromiso, capacidad e interés en forjar un Nuevo Mundo que rompa con el impuesto por las momias decrépitas y perversas que están desapareciendo con la Historia pero pretenden arrastrarnos a todos al Infierno que se han ganado por criminales y abominables.
 
Su catadura la comprueba suficientemente la información que se ha ido conociendo a través del Ágora Virtual (Internet), buena parte de ella aportada por Wikileaks, aunque cada vez más seres dignos denuncian las canalladas que les ha tocado conocer. Es un proceso imparable.
 
Se trata de la divulgación de esa Verdad que los astrólogos consideran característica de la era de Acuario, y que para los cristianos es una promesa del Mártir del Gólgota (o del Redentor que tanto detestaba la hipocresía y la mentira y a quienes las usaban permanentemente, como los fariseos) expresada como “La Verdad os hará libres”.
 
Esta promesa enfurece a los cristianos de USA, tan detestables como la incitadora al crimen, Sara Palin, su mentor John McCain y todos los hipócritas con almas de bandidos, miradas angelicales y hasta dulces maneras, los más recalcitrantes de los cuales se agrupan en el “Tea party”. Éstos, tanto como los tradicionales republicanos y demócratas, son parte de los halcones de Washington o sus sirvientes, como los advenedizos Clinton y Obama.
 
Sin duda, todos ellos son los fariseos del presente, además de asesinos despiadados y cínicos que pretenden reducir la gravedad de sus crímenes acudiendo a los cipayos y poniendo la vida de sus criminales por encima de las de sus víctimas inocentes, generalmente inermes e incapaces de defenderse, como queda claro con las declaraciones de la Clinton y lo confirman las matanzas y las torturas que siguen cometiendo.
 
Son tan degenerados que pretenden que -en vez de castigarlos como se lo merecen todos, amos y siervos- les aplaudamos sus abusos, y hasta que se los patrocinemos, como cualquier lacayo vendepatria.
 
Entre tales lacras, el más vil y servil en este hemisferio lo ha querido ser Álvaro Uribe Vélez -guiado por su peligrosísimo pariente y consejero, José Obdulio Gaviria Vélez, también primo de Pablo Escobar Gaviria- aunque Oscar Arias y otros desean superarlo.
 
De las conquistas de los pueblos insurgentes nos aprovecharemos todos los que no somos potentados ni sus lacayos, para construir la Sociedad Democrática Global que confronte y venza el aterrador Nuevo Orden Mundial que están empeñados en completar y consolidar los enemigos comunes, esas lacras desnudadas por Assange y que tenemos la obligación de derrotar.
 
Como el texto que envié llegó mutilado, confío en que al menos la parte económica haya sido recibida por todos, tato como los tres anexos que incluí.
 
Para estar seguro, reenvío la parte socio-política y aprovecho para agregar otros documentos que nos aportan luces para entender el gran desafío de la Humanidad actual, que parece definitivo, algo así como apocalíptico.
 
Al menos, muchos están convencidos de que se llegó el fin del Mundo y que lo único que podemos hacer es rezar. El Armagedón sería inevitable para los corderos engañados y dispuestos a suplantar el sacrificio humano de Isaac por el de toda la especie humana, a manso de los herederos de Abraham por la rama pervertida, la de Jacob o Israel.
 
 
Otros creemos que basta salir de las lacras que nos llevan al exterminio, asumiéndonos como gente y abandonando la condición de siervos y esclavos cobardes y proclives al engaño y la abyección.
 
La polémica está dada, y las mayorías pueden evitar que los criminales se salgan con la suya.
 
La caída de Gadafi será una prueba determinante de verdadero poder popular, y será la señal inequívoca de que los potentados han perdido la iniciativa, pues ya sólo ofrecen destrucción y poco les interesa el bienestar de los desposeídos.
 
Afortunadamente, los desposeídos tienen la fuerza verdadera, como las multitudes lo demostrarán en la medida en que cada uno asuma el compromiso que le corresponde.
 
Pero si el déspota logra sostenerse, el “no futuro” será casi inevitable, de modo que impedirlo exigirá más determinación de los dignos que anhelan un Mundo de armonía capaz de enterrar la Historia e inaugurar la Nueva Era.
 
No tenemos más remedio que reaccionar, pues nadie nos va a salvar. Todo depende de todos los que se sientan dignos y lo manifiesten claramente repudiando a los enemigos comunes.
 
ANEXOS (Nuevos)
 
   1.     Túnez y la Revolución Árabe
   2.      El incendio del Medio Oriente
   3.      Cablegate, la diplomacia contra la democracia
   4.      Wikileaks, el Pentágono y la información
   5.      Los documentos de Wikileaks sobre América Latina
   6.      Gadafi Firma Su Derrota
 
Nota: El mensaje original fue truncado al terminar la frase.” lo cual es más común en todo el Mundo de lo que las presuntas democracias reconocen”.
 
Para su adecuada comprensión, lo retomo desde que abordé el tema socio-político. Ahí va:
 
ABUNDANCIA REVOLUCIONARIA, ACÁPITE SOCIO-POLÍTICO
 
Un Estado eficiente es el que está atento para satisfacer las necesidades de sus ciudadanos, que son los que lo dirigen y se esmeran para que los funcionarios sean los mejores, más idóneos, capaces y honrados, siempre dispuestos a rendir cuentas de su gestión y a optimizar sus resultados para maximizar el bienestar de los ciudadanos.
 
Depende de todos lograrlo, despojándolo de su carácter de máquina de opresión para las mayorías en defensa de quienes las explotan y oprimen, y convirtiéndolo en entidades de servicio y protección para todos los ciudadanos.
 
 
Ese Estado hay que construirlo como una solución concreta a las necesidades de la población. Le dará real cumplimiento a la justicia social que todos los pueblos anhelan pero siempre se les ha negado en las sociedades jerárquicas.
 
En consecuencia, remplazará la máquina de opresión al servicio de los potentados, que son los Estados actuales.
 
El reto presente es concreto y universal.
 
En Egipto, particularmente, recae gran parte de la iniciativa y la responsabilidad sobre la construcción de esa nueva sociedad realmente democrática, tolerante y protectora, cuyo ámbito de validez será el Mundo entero, sin fronteras ni parroquianismos.
 
De ella todos seremos ciudadanos globales aunque conservando la idiosincrasia y la identidad propias de los pueblos y los individuos, siempre y cuando no pretendan imponérselas a los demás, o eliminarlos porque no las comparten o no las respetan.
 
De ahí que la Yihad sea tan pavorosa para quienes no son seguidores del profeta licencioso. La obligación que les impone a quienes sí lo son de difundir sus creencias a la fuerza y por todo el Mundo (con más saña que cualquier cristiano evangélico) los convierte en enemigos de la Humanidad, ni más ni menos que los sionistas.
 
O quizás hasta más que los milenarios enemigos comunes, pues éstos, en su arrogancia de “pueblo elegido”, no pretenden imponernos su fe.
 
Su gran peligro reside en que están resueltos a extinguirnos y a acabar de despojar a los palestinos, para cumplir sus profecías apocalípticas que les permitirían a los potentados seguir cabalgando sobre los diezmados pueblos, en caso de que la guerra no nos extinga a todos, si es que logran que les cuaje o, lo que es lo mismo, si la gente decente no lo impide.
 
Por eso nos conviene entender bien lo que está pasando, explorando informaciones que la gran prensa nos oculta.
 
Es interesante conocer diversos puntos de vista para irnos involucrando libremente en lo que es una tarea común de alcance mundial y ocurrencia inmediata, que a todos nos afecta y compromete.
 
La represión sangrienta en Libia, Marruecos, Yemen y Bahrein retrata a sus regímenes como igual de criminales e ilegítimos al de Irán. O sea, como auténticas dictaduras contra sus pueblos.
 
Pero el feroz ataque aéreo de Moamar Gadafi, acudiendo a mercenarios extranjeros y a traidores nativos para masacrar al pueblo -que reclama su soberanía y la salida del tirano, desde el 17 de febrero, siguiendo los pasos de Túnez y Egipto-, es el colmo de los abusos de un dictador y la evidente confirmación de que lo es, y de los de peor calaña. Más de 40 años oprimiendo y engañando a su pueblo, lo demuestran sin lugar a dudas.
 
 
El clan Gadafi ha agredido al pueblo libio con más saña que cualquier enemigo externo, convirtiéndose en el Quinto Jinete, como lo tildaron Dominique Lapierre y Larry Collins, pero no por sus amenazas al Imperio decadente y brutal sino por su genocidio contra el pueblo que dice haber salvado de las garras del Imperio.
 
Sus crímenes contra la Humanidad exigen reacciones eficaces y urgentes. Hasta la burocratizada y casi inútil ONU ha reaccionado y parece dispuesta a pedirle a la Corte Penal Internacional que detenga y juzgue a estos genocidas despiadados y delirantes, pues la OTAN no se atreve a proceder contra su socio y presunto enemigo radical.
 
El asesino libio y sus cómplices a nivel mundial son lacras y cánceres que nos están planteando un reto definitivo. Quieren forzar una guerra civil que ensangriente las revoluciones y los movimientos populares que darán al traste con la Historia e inaugurarán la Nueva Era.
 
Es un desafío para toda la especie que repudia a los violentos y necesita deshacerse de ellos a la mayor brevedad, rechazando sus métodos salvajes y despiadados, propios de fieras, coercitivos, usados para imponer relaciones sociales que pisotean la dignidad de las personas en beneficio de los potentados y sus siervos.
 
Ya nadie está dispuesto a tolerarlos, sobre todo conociendo su catadura, tan evidente a partir de las denuncias hechas por Wikileaks.
 
Éstas les han dolido tanto porque constituyen verdades pavorosas e innegables que los criminales denunciados deberían reconocer o la sociedad les tiene que endilgar para cobrarles sus evidentes y graves delitos contra la Humanidad, la Vida y la Tierra.
 
Pero, son tan cínicos que, sin darse por aludidos en las atrocidades denunciadas y por ellos cometidas, han resuelto cobrarle su valioso aporte para la evolución de la Humanidad a Julian Assange, inclusive quitándole la vida.
 
Al respecto, la alcahuetería con Gadafi contrasta con la burda persecución contra Assange. De ambas depende la perpetuación de los asquerosos que insisten en terminar con todo y buscan por todos los medios evitar los castigos que están en mora de recibir sin que haya dudas de que se los merecen.
 
Los demás podemos, en otro indispensable ejercicio de Democracia Directa, cobrárselas a Gadafi y salvar a Assange de los halcones que lo quieren matar, y no dudarán en hacerlo si no nos oponemos abierta y claramente.
 
La justicia inglesa aún es respetable y puede rectificar, a pesar de la decisión de un tribunal inferior de conceder la extradición a Suecia del valiente delator de los mayores criminales, los más agazapados y peligrosos porque están convencidos de que tienen derechos sobre los demás miembros de la especie y disponen de la capacidad asesina para amenazar la conservación de casi todas las formas de Vida, incluyendo las que llamamos superiores y entre las que solemos considerar la nuestra.
 
Una vez en Suecia -a donde lo enviarían los enemigos de la Humanidad por cargos aún no formulados y que se fundan en delitos tan absurdos como copular sin condón con una prostituta en el país del amor libre-, su consiguiente extradición a USA conllevaría la pena de muerte del digno miembro de la especie, ese australiano apóstol de la Verdad, como escarmiento de los potentados contra todo el que pretenda desafiarlos denunciando su despreciable catadura y su infinita hipocresía.
 
Con su bárbara actitud han demostrado que son abortos de la civilización, proyectos fracasados incapaces de vivir en un Mundo que nos permita alcanzar los altos ideales de progreso y convivencia que estamos en condiciones de lograr, tras milenios de sufrimientos, luchas, dolores, injusticias y miserias impuestas a las mayorías mediante la violencia y la brutalidad de los potentados, esos seres inescrupulosos que ya no tiene cabida en el quehacer humano.
 
Indudablemente, la impensable canallada de los Gadafi exige la inminente caída de su régimen criminal, sobre todo después de que Moamar amenazó públicamente, el 22 de febrero, con asesinar a los opositores, en vez de pedir disculpas por los que ya mató.
 
Para escándalo de la Humanidad, está cumpliendo su promesa, de modo que van miles de muertos por culpa de las obsesiones de estos burdos e insaciables asesinos que han oprimido durante tantos años a ese pueblo tribal, y que siguen soñando con instaurar una dinastía como la de Kim Il Sung en Corea del Norte, remplazado por su hijo y, luego, por su nieto.
 
En su delirio de grandeza, Moamar sigue sintiéndose un caudillo providencial y predestinado, a pesar de no haber logrado instaurar un régimen ejemplar aprovechando los recursos que le han brindado el petróleo y su control absoluto del poder.
 
No se ve a sí mismo como el verdugo de su pueblo, al que le ha tocado sufrir sus caprichos y bravuconadas durante tanto tiempo. Sigue considerándose su salvador, la auténtica alma de su patria. Evidentemente, el ejercicio del poder absoluto, según la sabia aseveración de lord Acton, lo corrompió absolutamente y, además, también le secó el cerebro o le apresuró el reblandecimiento cerebral.
 
Quizás por eso, en vez de cumplir su promesas “revolucionarias” -que tanto miedo causaron a los potentados de occidente en su momento-, prefirió asociarse con degenerados como Silvio Berlusconi, esa lacra de la Humanidad que infama a Italia convirtiéndola, de hecho, en una finca de la mafia, lo cual su propio pueblo también está resuelto a cobrarle pronto, como lo ilustra la intervención de la oposición, ahora particularmente escandalizada y resuelta a salir de esa inmundicia que Saramago llamaba la “cosa”.
 
Por lo visto, a todos los potentados se les llegó la hora de pagar sus crímenes. Inclusive los furibistas en Colombia, que hasta hace poco se consideraban tan poderosos e inmunes naturales como Gadafi, están sintiendo los hálitos de la justicia que ya no parece dispuesta a seguir garantizándoles impunidad.
 
Por su lado, la declaración oportunista de Ahmadineyad, tratando de diferenciarse del monstruo que está masacrando a su pueblo, lo delata como de la misma catadura del potentado Berlusconi y del siervo David Cameron, también presuntamente escandalizados con el salvajismo del dictador libio contra su propio pueblo (que la bestia considera su propiedad personal).
 
 
En Libia, la caída del déspota megalómano abre la posibilidad de que la población asuma directamente el poder, harta de gobernantes y representantes.
 
Y, como “no hay mal que por bien no venga”, la inexistencia de una institucionalidad sólida y consolidada permite que el pueblo defina y se dote de las instituciones democráticas que garanticen los derechos de todos como resultado del ejercicio de esa democracia real.
 
Para lograrlo, los pueblos cuentan con el ágora virtual que facilita y estimula la participación de todos los que deseen aportar propuestas, para su discusión y la necesaria decantación que rescate las mejores y las someta a la refrendación de quienes las experimentarán en su cotidianidad.
 
Es particularmente valiosa y factible la oportunidad de elaborar una Constitución entre todos los libios. Y coincide con la de los tunecinos y los egipcios, tanto como con la de los demás pueblos que se vayan deshaciendo de sus verdugos.
 
Constituirá una gran demostración de Democracia Directa capaz de contribuir decisivamente en la gestación de esa Sociedad Mundial Democrática.
 
Ella nos librará de tantos impostores que posan de representantes de los demás cuando no son más que avivatos acostumbrados a pelechar aparentando que les interesa la suerte de quienes voten por ellos y hasta la del resto de ciudadanos.
 
Tan definitiva tarea la facilita la señalada ausencia de alguna institucionalidad positiva debido a la forma despótica de gobernar del clan familiar de Gadafi, dispuesto a establecer una dinastía a nombre del “socialismo”, convencido de su predestinación y de que el pueblo es inepto e incapaz de gobernarse por sí mismo.
 
En los países que ostentan tal rótulo, por muy proletarios que sean, sus pueblos siguen sometidos por déspotas que los suplantan, como en cualquier país capitalista, feudal o esclavista. Los hechos lo demuestran sin dejar lugar a dudas, inclusive para los más dogmáticos que se niegan a ver lo evidente.
 
En ninguna parte existe el poder del pueblo ni el del proletariado. Y pocos habitantes se atrevían a reclamarlo, a no ser algún suicida medio deschavetado, pues la capacidad de represión de tales regímenes es proverbial.
 
Pero la insurgencia de los países árabes y musulmanes -particularmente subyugados y tradicionalmente abandonados a su suerte por la comunidad internacional- es un ejemplo que todos los pueblos replicarán, independientemente de los rótulos con que se cubran los gobiernos que los oprimen.
 
De ahí que el megalómano inescrupuloso, Moamar, el iluminado del clan y su cabeza más visible, pues es su fundador, no tenga inconveniente ni reatos de conciencia para masacrar al pueblo a nombre del “socialismo”. Esto es, a nombre de la ideología que, se supone, libera al pueblo.
 
 
El déspota considera que es el intérprete más autorizado y lúcido de los anhelos populares, el que entiende sus problemas y es capaz de resolverlos, aunque a veces el pueblo tenga que sufrir.
 
De todos modos, el caudillo –como tantos megalómanos más, absolutamente anacrónicos- se siente digno y merecedor de las reverencias, el acatamiento y el agradecimiento eterno de sus víctimas. No asimila su rotundo fracaso a pesar de que tuvo los medios y la oportunidad para hacer algo valioso de su país, favoreciendo al pueblo.
 
Como todos los jerarcas (según el ya mencionado aserto de lord Acton), pronto prefirió usar el poder en su beneficio personal, manteniendo reprimidos, sometidos y envilecidos a sus supuestos representados y protegidos. Sus negociados con gente tan despreciable como Berlusconi lo delatan abiertamente como un traidor de su pueblo.
 
Su propósito pragmático era impedir las reacciones que hoy estamos viendo y que, necesariamente, acabarán con ese cruel régimen autocrático, desenmascarando y castigando a los criminales que lo han dirigido.
 
Es la reacción de los habitantes inermes, pero honestos y resueltos a conquistar su dignidad y su soberanía, pisoteadas por el clan de déspotas felones que los ha mantenido sumidos en la ignominia mediante una represión pavorosa, constante y omnipresente. Ésta impedía cualquier expresión de la oposición y hasta cualquier iniciativa de los simpatizantes del régimen, incapaces de desairar al desequilibrado mentalmente que posa como líder.
 
Más que como ciudadanos, los habitantes eran tratados como esclavos sin garantías, sometidos a los caprichos de Gadafi y sus hijos, que les negaban derechos tan básicos como pensar y expresarse libremente, lo cual es más común en todo el Mundo de lo que las presuntas democracias reconocen.
 
Realmente, es la misma historia de todos los gobiernos jerárquicos que le roban el poder y la autoridad al pueblo.
 
Afortunadamente, el desarrollo de los medios de producción (en particular las tecnologías de la comunicación y la informática, la llamada telemática) los han vuelto obsoletos, realmente obsoletos, no artificialmente como los productos prematuramente desechados.
 
Para los pueblos llegó el momento de gobernarse a sí mismos, dotándose de instituciones pulcras y eficaces que remplacen definitivamente las corruptas que oprimen al ciudadano cotidianamente y sirven para pagar favores políticos a politiqueros ineptos interesados en enriquecerse de cuenta del patrimonio común aprovechando cualquier oportunidad que se les presente.
 
Por tanto, las caídas de los déspotas genocidas que han azotado a los pueblos (ahora resueltos a ejercer el poder directamente), serán victorias del movimiento mundial democrático que está estremeciendo las estructuras de poder de las sociedades jerárquicas, independientemente de la ideología con que se arropen.
 
 
Su resultado será crear la sociedad plana, rica y generosa que caracterizará a la Nueva Era. En ella desaparecerán las diferencias artificiales basadas en el despojo de los débiles y los decentes por los mediocres pero despiadados ambiciosos.
 
Serán el talento y la capacidad de servicio los criterios para valorar a las personas, no sus posesiones, pues todos tendrán lo que necesiten y lo que deseen, de modo que sería absurdo presumir a partir de lo poseído.
 
Pero en las sociedades consumistas, que todo lo tergiversan rindiéndole pleitesía a la locura y a la estupidez, la capacidad de consumo es el gran criterio para estimar o repudiar a la gente.
 
Recuérdese el pavoroso testimonio que significa “La historia universal de la infamia” que nos regaló el genio Jorge Luis Borges. Según lo dejó sentado, y es una verdad histórica, cualquier asqueroso adinerado puede comprar una casta niña pobre para contagiarle las pestes del degenerado potentado que la infama.
 
Necesariamente, la Sociedad Global Democrática será fruto del esfuerzo común de todos los que deseen participar en su gestación.
 
La lucha será masiva, preferentemente pacífica, de multitudes concientes y resueltas que no se dejarán engañar más y se muestran decididas a identificar y defender sus derechos y a castigar a quienes se los han conculcado.
 
Se trata de una lucha determinante y excepcionalmente civilizada, fundada en la Verdad, incruenta, de ideas y talentos, no de armas, fuerza, mentiras, traiciones y violencia, como ha sido lo típico en la Historia, según lo constatamos con la reacción del monstruo Gadafi contra su propio pueblo, del cual se considera el padre fundador, con potestad sobre sus vidas, sus honras y sus haciendas.
 
El avance de los libios es imparable, pese a la aterradora represión ordenada por Gadafi. Ejemplarmente, cada vez más esbirros desobedecen sus órdenes genocidas, inmolando sus propias vidas a cambio de las de los civiles a quienes se negaron a matar, como lo hicieron el 23 de febrero 17 heroicos pilotos.
 
No sería extraño que algún patriota, como le pasó a Anuar Sadat, le cobrara directamente al verdugo sus crímenes para detener la orgía de sangre que está efectuando, una auténtica carnicería para su propio pueblo, que es infinitamente superior al degenerado que lo asuela.
 
Llegó la hora de rechazar definitivamente la defensa de los privilegios de los enemigos comunes, a quienes tenemos la obligación de “desapoderar” (o “desempoderar”) y castigar por sus numerosos y graves crímenes.
 
Es una misión universal que nos llama a apoyar abierta, clara y contundentemente la insurgencia de los pueblos afanados por conquistar la libertad, la igualdad y la fraternidad (expresada ésta como solidaridad y tolerancia).
 
A todos nos compete asimilar sus lecciones para ponerlas en práctica simultáneamente a fin de terminar de una vez con las sociedades jerárquicas para forjarnos un futuro como sociedad globalizada pero defensora de la diversidad y respetuosa de los fueros y la soberanía de los pueblos, los individuos y sus culturas.
 
Los países del Maghreb (Marruecos, Argelia y Túnez), junto a Libia y Egipto, cubren toda la costa mediterránea del África. Con Sudán conforman los países cuyos pueblos están despertando en el “continente negro”.
 
A ellos se suman los de la península arábiga (Arabia Saudita, Yemen y las islas de Bahrein en el golfo pérsico), tanto como los de Irán y los de otros que no quieren ser víctimas de más engaños.
 
Tienen la oportunidad y están resueltos a tomar su destino en sus propias manos mediante un ejercicio de Democracia Directa al cual ya no renunciará la Humanidad, pues es el camino de la liberación para todos los mansos, tan diferentes a los sicópatas conformados por los potentados y por quienes, disminuidos y acomplejados, los envidian y hasta los admiran.
 
Si son consecuentes, los humanos decentes pueden unir sus voces, sus anhelos y sus energías para definir e implantar medidas esenciales en la conformación de la Sociedad Democrática Global que dé al traste, en todo el Mundo, con las sociedades jerárquicas y consumistas.
 
Éstas nos están convirtiendo en una especie en extinción, acatando el mandato del Nuevo Orden Mundial que los potentados insisten en imponer a través de las recetas neoliberales y desarrollando los planes del club de Bilderberg. Buscan asegurarse la esclavitud universal, que es el futuro que les han decretado a las mayorías.
 
Los potentados (no sólo los sionistas) insisten en destruir, como a Haití, a muchos países que, de ser independientes, soberanos y democráticos, podrían ofrecerles a los ciudadanos una vida digna y sin carencias artificiales.
 
La amenaza es para todos, tanto como la oportunidad y el reto de evitarla.
 
Vencer nos favorecerá a todos, así como perder nos “perderá” a todos.
 
¡Manos a la obra!