Luego de monitorear las reacciones internacionales, fundamentalmente en Miami, algunos países europeos y dentro de la propia contrarrevolución interna, ante la contundente denuncia de Cuba en el documental “Peones del imperio”, salido a la luz el pasado sábado, la colega periodista Norelys Morales Aguilera, del sitio Corresponsales y Blogueros de la Revolución, me ha enviado la siguiente pregunta:
 
¿Cuáles son, en tu consideración, las razones porque en esta cobertura sobre la denuncia cubana, los diarios vinculados a la mafia cubano americana como El Nuevo Herald y el Diario de las Américas, así como varias agencias internacionales, no incluyen, deliberadamente, tu participación en dicha imputación contra la mafia terrorista de La Florida y sus asalariados en Cuba?
 
Mi respuesta es breve y simple: La categórica denuncia contra la manipulación de perturbadores y provocadores de la contrarrevolución interna, devenidos en oportunistas y fantoches, y capaces de vender su alma al diablo por un poco de monedas, dirigida por las principales organizaciones terroristas radicadas en el exterior y por los Estados Unidos a través de su sede imperial en la Habana (la SINA), fue un golpe demoledor contra la irrisoria y minúscula subversión, al poner al desnudo su papel en la guerra mediática contra Cuba. Tampoco escaparon en el destape las irresponsables acciones injerencistas de diplomáticos europeos en la Habana, en franca intromisión en los asuntos internos de Cuba.
 
Las acusaciones dirigidas contra agrupaciones como la FNCA, el CLC, el Directorio Democrático y otras organizaciones, además de las oprobiosas Radio Y TV Martí, particularmente contra personas de la catadura de Luis Posada Carriles, Luis Zúñiga Rey, Pepe Hernández, Santiago Álvarez, Horacio Salvador García Cordero y otros, como financistas de estas acciones desestabilizadoras, descubiertas por nuestros dos agentes de la Seguridad Cubana, abarcan las campañas de terrorismo mediático contra nuestro pueblo. Pero mis declaraciones abordan el otro tipo de terrorismo que ha golpeado a los cubanos por más de cinco décadas. El terrorismo real, el que cobra vidas inocentes, y con cuyos promotores y ejecutores se codean los contrarrevolucionarios dentro de la Isla denunciado en este documental.
 
A la mafia de Miami, a EE UU, a la derecha europea, a los grandes medios de comunicación no les interesa en estos momentos, cuando se juzga a Posada Carriles en El Paso, Texas, revolver el estercolero y sentirse salpicados en sus falsas imágenes públicas como supuestos luchadores por la libertad de Cuba. A esa confabulación de silencio se han sumado hasta los propios contrarrevolucionarios internos y los obcecados agresores mediáticos contra Cuba.
 
Prestos, pues, a defender a sus acólitos vende patrias, callan conscientemente la verdad sobre la denuncia contra el terror. Sobre eso no les interesa escribir, temiendo un efecto boomerang. Pero esa verdad, aunque la oculten, vive el recuerdo eterno de las víctimas inocentes de sus crímenes.