Se inician las conversaciones secretas.
 
El 7 de enero de 1975 el presidente Ford en conversaciones sostenidas con Kissinger dio luz verde a los contactos con los cubanos. ¿Cuál sería el acuerdo al que podríamos llegar?, preguntó Ford a Kissinger. El secretario de Estado y asesor para asuntos de Seguridad Nacional de inmediato respondió lo siguiente: “No estoy seguro de que usted desee restablecer relaciones antes de las elecciones de 1976. Pienso que debemos pedirles que cierren la boca en la prensa. Han publicado caricaturas con el nombre de Nixon escrito con esvástica. Quizás tengamos que permitir que empresas estadounidenses en terceros países comercien con Cuba. Tendremos que tratar de lograr algo de Cuba –liberación de prisioneros, solución a algunas reclamaciones, apertura de la emigración—algo. (…)”.[1]
 
A continuación la conversación se desarrolló de la siguiente forma:
 
Presidente: Si pudiéramos lograr una mejoría en el caso de la emigración y la solución de algunas reclamaciones…
 
Kissinger: Quizás una declaración de no intervención. Castro quiere reunirse conmigo. Yo estoy opuesto a ello.
 
Presidente: Estoy de acuerdo. Hablemos de estas tres cosas.
 
Kissinger: Esta semana les enviaremos una nota diciéndoles que estamos dispuestos a explorar lo que tienen en mente. (…)[2]
 
Fidel recibió en los primeros días de enero de 1975 la nota de Kissinger proponiendo la iniciación de las conversaciones. De esta manera, el 11 de enero de 1975 se efectuó en una cafetería del aeropuerto La Guardia, en la ciudad de New York, el primer encuentro entre las representaciones de ambos gobiernos. Asistieron por la parte estadounidense, Lawrence Eagleburger,[3]funcionario del Departamento de Estado y en aquel momento uno de los más cercanos colaboradores de Kissinger y Frank Mankiewicz. Como representantes del gobierno cubano participaron Ramón Sánchez Parodi,[4] funcionario del Departamento de América del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, y Nestor García Iturbe, consejero en la Misión de Cuba ante las Naciones Unidas.
 
Según el testimonio de García, el primero en hablar fue Eagleburger, quien señaló que se había reunido el día anterior con Kissinger para discutir los pormenores de la entrevista y que el secretario de Estado había preparado una nota para trasladársela a los representantes cubanos. La nota entregada ratificaba las intenciones de Estados Unidos de explorar las posibilidades de “normalizar” las relaciones entre ambos países, hacía hincapié en que era necesario que ninguna de las dos partes hiciera nada que pudiera empeorar la situación existente entre ambos países y argumentaba que, a pesar de existir amplias diferencias ideológicas, se podía avanzar en temas concretos que interesaban a ambas partes. “Los Estados Unidos –enfatizaba la nota- pueden y están dispuestos a avanzar en esos temas incluso con naciones socialistas con las que tenemos diferencias ideológicas significativas, como lo demuestra el progreso reciente en nuestras relaciones con la Unión Soviética y la República Popular China”. Asimismo, señalaba que, aunque había una larga lista de asuntos de preocupación para ambas partes, Estados Unidos de manera unilateral daría los siguientes pasos: permitir los viajes de los diplomáticos cubanos acreditados en Naciones Unidas, desde Nueva York a Washington y otorgar visas adicionales de tiempo en tiempo a cubanos para visitar Estados Unidos con motivo de encuentros culturales, científicos, educacionales y otros propósitos similares. La nota terminaba diciendo: “Sería, por tanto, útil para ambas partes identificar y definir los temas que podrían ser discutidos, y en que orden podríamos mejor discutirlos. Estamos preparados ahora para considerar como pueden marchar adelante las conversaciones sobre estos temas, dónde, a qué nivel y con qué ritmo. Examinaremos cuidadosamente estas sugerencias y responderemos rápidamente y con espíritu de cooperación”.[5]
 
Un documento desclasificado en los Estados Unidos, que contiene un resumen de las conversaciones sostenidas en ese período, señala que los representantes cubanos plantearon que no estaban allí para negociar, sino para escuchar y reportar a La Habana, pero que, como comentario personal, Sánchez Parodi había advertido que el bloqueo era el único obstáculo que impedía el comienzo del proceso de negociaciones para la normalización de las relaciones y que el acuerdo sobre piratería aérea había sido un gesto amistoso de Cuba, al que Estados Unidos no había respondido adecuadamente, por ejemplo, restringiendo las actividades terroristas de los cubanos residentes en la Florida. Por su parte, el propio documento señala que Eagleburger expresó que los Estados Unidos estaban listos para mejorar las relaciones con Cuba siempre que se hiciera sobre la base de la reciprocidad. Además, que el ayudante de Kissinger en el Departamento de Estado hizo énfasis en que, aunque los Estados Unidos no pediría que Cuba desistiera de su estructura interna o método de gobierno, consideraba que Cuba debía seguir una política exterior independiente y que no creía que su país podría levantar el embargo a menos que Cuba tomara algunas medidas.[6]
 
Sobre este primer encuentro, García también ha contado que, en la etapa final de la entrevista, Eagleburger, con vistas a evitar que la CIA y el FBI se enteraran de los contactos secretos, propuso un plan de comunicaciones mediante llamadas telefónicas, seudónimos y frases convencionales, para establecer los lugares y las fechas de los próximos contactos, además de poder avisar sobre viajes futuros.[7]Sánchez Parodi y García estuvieron de acuerdo. En realidad, la iniciativa fue dirigida completamente y bajo una estricta compartimentación, por Kissinger. Aparentemente, Ford no fue nunca completamente informado y los contactos no fueron discutidos en el Departamento de Estado ni en el Consejo de Seguridad Nacional.[8]Mucho menos se quiso que el Congreso estadounidense interviniera en la iniciativa.
 
Pero, ¿cuáles eran los principales puntos en la agenda de conversación que le interesaban a Estados Unidos discutir con los cubanos? Estos habían quedado claramente recogidos en un memorándum que le envió el subsecretario de Estado para asuntos interamericanos William D. Rogers a Kissinger el 2 de enero de 1975: compensación por las propiedades de firmas estadounidenses intervenidas en Cuba; el pago por la mina de níquel de Nicaro, propiedad estadounidense también nacionalizada; devolución del dinero de rescates por los secuestros de aviones; el pago de bonos atrasados; el pago de la deuda postal cubana; la necesidad de hacer algo respecto al edificio que había sido Embajada de Estados Unidos en Cuba y que estaba muy deteriorado; excarcelación de ciudadanos estadounidenses recluidos en cárceles cubanas; y mejoría respecto a los derechos humanos. Washington también quería que el gobierno de Cuba permitiera a los cubanos residentes en Estados Unidos visitar a sus familiares en la Isla, pusiera fin a su “participación maliciosa” en el tema de Puerto Rico, limitara el apoyo a los “insurgentes terroristas” en América Latina, y cumpliera el compromiso de no convertirse en una base de armas ofensivas.[9]
 
A finales del propio mes de enero, Kissinger envió otra nota a Fidel, utilizando nuevamente de intermediario a Mankiewicz. En la misma informaba y argumentaba la decisión de Estados Unidos de permitir a los funcionarios cubanos en Naciones Unidas viajar a Washington. “La reunión del 11 de enero fue útil -continuaba diciendo la nota- y una reunión más de nuestros representantes es ahora apropiado”.[10] Junto al mensaje, Mankiewicz trasladó a Fidel varios mensajes verbales de Kissinger, entre ellos, una propuesta que contemplaba la eliminación del bloqueo paulatinamente, pero por supuesto, con el aditivo de que para que eso fuera posible Cuba debía tener algunos gestos positivos hacia los Estados Unidos que justificaran ante el Congreso y la opinión pública el cambio de política, como por ejemplo permitir que algunas familias cubanas residentes en los Estados Unidos viajaran a Cuba para visitar a sus familiares.[11]
 
Un mes después del primer contacto entre representativos de ambos países, Estados Unidos otorgó licencia para comerciar con Cuba a una subsidiaria canadiense de la empresa estadounidense Litton Busines Equipment, Ltd. Con posterioridad, el 17 de febrero de 1975, el Departamento de Estado de los Estados Unidos confirmó que se había decidido ampliar el radio de movilidad a los diplomáticos cubanos en Naciones Unidas.[12]Siguiendo el rumbo de esos gestos positivos para una mejoría de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, el 1 de marzo, Kissinger planteó en un discurso pronunciado en Houston, Texas, que se considerarían cambios en las relaciones bilaterales con Cuba si la OEA levantaba las sanciones a la Isla, a lo que agregó: “No vemos virtud en un perpetuo antagonismo entre Estados Unidos y Cuba…hemos tomado algunas medidas simbólicas para demostrar que estamos preparados para movernos en una nueva dirección, si Cuba lo desea”.[13]
 
El 27 de marzo de 1975 el asesor del subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, Harry Shlaudeman, señalaba en un extenso informe titulado “La Normalización de las Relaciones con Cuba”: “Si alguna ventaja entraña para nosotros el fin del perpetuo antagonismo reside en eliminar a Cuba de las agendas nacional e interamericana –anular el simbolismo de un asunto intrínsecamente trivial…Nuestro interés es dejar atrás el problema de Cuba, no prolongarlo indefinidamente”.[14]
 
Harry Shlaudeman propuso en este mismo documento enviado a William Rogers un modelo de negociación entre Cuba y Estados Unidos que sugería se restablecieran las relaciones diplomáticas y consulares como parte de un acuerdo inicial que incluía el levantamiento parcial del bloqueo, el compromiso mutuo de no intervención y de la negociación para solucionar el asunto de las reclamaciones por las propiedades nacionalizadas por la Revolución Cubana. La idea de Shlaudeman era que primero se establecieran las relaciones diplomáticas con Cuba y después se negociara las reclamaciones, como se había hecho con la Republica Popular China y Alemania Oriental. El acuerdo inicial que proponía era el siguiente: 
 
1-“Los Estados Unidos eliminarían todos los controles sobre las subsidiarias y las exportaciones de terceros países.
 
2-Los Estados Unidos autorizarían, con un carácter limitado, las exportaciones directas, manteniendo en un nivel mínimo las restricciones en las esferas de la tecnología, los materiales estratégicos, el financiamiento de los bancos y la congelación de los activos cubanos que en estos momentos se encuentran en este país.
 
3-Los Estados Unidos estarían dispuestos a discutir la situación de Guantánamo en algún momento futuro.
 
4-Cuba accedería a contraer compromisos conjuntos en materia de no intervención e intenciones pacíficas.
 
5-Cuba estaría de acuerdo en negociar la solución de las reclamaciones;
 
6-Ambas partes estarían de acuerdo en establecer relaciones diplomáticas y consulares.
 
A continuación Shlaudeman exponía en el documento enviado a Rogers: “Como parte de las acciones unilaterales, nosotros eliminaríamos los controles sobre los viajes y los cubanos liberarían a los ocho presos que reclaman la ciudadanía estadounidense”.[15]
 
Mas Kissinger se negaría rotundamente a establecer primero las relaciones diplomáticas con Cuba y después negociar la solución a las reclamaciones: “No. Absolutamente no. Ni pensarlo. Ese no es mi estilo de trabajo”,[16] le diría Rogers cuando este le mencionó la idea.
 
Entretanto, continuaban las visitas a Cuba de congresistas estadounidenses y sus pronunciamientos en favor de una mejoría de las relaciones con la Isla. En mayo de 1975, el senador McGovern (demócrata-Dakota del Sur) viajó a Cuba. “En lo que a mí concierne, no hay ninguna duda acerca de que el bloqueo debe ser levantado, yo me doy cuenta de que eso fue unilateralmente decidido por Estados Unidos sobre bases que más bien son dudosas,…”,[17] le expresó McGovern a Fidel Castro. En el informe que realizó sobre su visita a la Isla, enfatizó que él coincidía con Fidel en que debía dársele prioridad al levantamiento del embargo para poder resolver otros problemas de las relaciones bilaterales. Asimismo, McGovern reportó en una llamada telefónica a William Rogers, subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, que el primer objetivo de Fidel en ese momento era normalizar las relaciones con Estados Unidos.[18] A continuación, a finales de junio del propio año llegó a Cuba el representante Charles Whalen (republicano-Ohio), quien posteriormente recomendaría a la administración estadounidense desarrollar iniciativas para barrer con el estancamiento que existía en las relaciones entre ambos países. A pesar de las iniciativas tomadas por los congresistas estadounidenses en relación con Cuba, Kissinger actuaba independiente por su lado, pues quería mantener la mayor discreción y control sobre el proceso de acercamiento a Cuba y que el Congreso no se inmiscuyera.[19] Esto tuvo mucho que ver con la forma en que el binomio Nixon-Kissinger había dirigido la política exterior de los Estados Unidos, consistente en centralizar las decisiones en la Casa Blanca, pasando por encima de las burocracias establecidas en los departamentos principales de la administración, particularmente el Departamento de Estado, y evitando por todos los medios posibles la interferencia del Congreso y de la opinión pública. Kissinger continuó empleando algunos de estos métodos durante el mandato presidencial de Gerald Ford.
 
Las contradicciones entre el ejecutivo y el Congreso en torno al tema Cuba se hicieron más encrespadas del 8 al 23 de septiembre de 1975, cuando el legislativo celebró audiencias conjuntas ante los Subcomités de Comercio Internacional y de Organismos Internacionales, del Comité de Relaciones Exteriores, sobre la Resolución 6382 de la Cámara para “Enmendar la Ley de Asistencia Extranjera de 1961 con respecto a Cuba y para otros fines”. Congresistas como Jonathan B. Bingham, George McGovern y Charles Whalen se manifestaron a favor del levantamiento del bloqueo a Cuba. William D. Rogers al hablar en la audiencia del 11 de junio logró dejar en suspenso las ambiciones del Congreso. Explicó el proceso que tendría lugar en la OEA y argumentó que de acuerdo con el derecho internacional no era legal levantar el bloqueo, pues Estados Unidos debía respetar las sanciones impuestas por la OEA a Cuba en 1964. También hizo referencia al tema de los derechos humanos en Cuba y expresó el deseo del Departamento de Estado de mejorar las relaciones con la Isla. Rogers testificó en contra de la Resolución 6382 de la Cámara, argumentando que era el ejecutivo y no el Congreso el que debía dirigir la iniciativa de acercamiento a Cuba. La intervención de Rogers provocó un debate con el Representante por Ohio, Charles Whalen, que reproducimos a continuación:
 
Sr. Whalen: En la página 9-A, usted indica que no apoyará la Resolución 6382 de la Cámara. Entiendo su posición de apoyar tal medida en tanto se mantenga en vigor la sanción de la OEA. ¿Cambiaría usted su posición si dicha sanción es eliminada de la agenda multilateral?
 
Sr. Rogers: No, no. Creo que sería un error que el Congreso decidiera, de forma unilateral, levantar la prohibición al comercio cubano.
 
Sr. Whalen: En otras palabras, ¿su argumento es que debe concluirse y acordarse un paquete cohesivo –creo que es la palabra que usted utilizó— completo, antes de que el Congreso tome alguna acción?
 
Sr. Rogers: Bueno, el Congreso no tiene que tomar ninguna acción. Esencialmente, la rama Ejecutiva tiene la autoridad para levantar la prohibición y permitir las ventas, embarques y exportaciones de Estados Unidos a Cuba y, bajo ciertas condiciones, las importaciones de Cuba a Estados Unidos. Lo que les estamos diciendo es que no nos quiten esa carta de las manos y nos la dejen jugar a nosotros.[20]
 
Después de enviar su mensaje a Fidel sugiriendo la realización de otra ronda de conversaciones, Kissinger se dedicó a esperar la respuesta cubana. Por un mal entendido, pues Mankiewicz le había dicho a García que Eagleburger lo llamaría por teléfono para fijar la próxima fecha de las conversaciones, la comunicación no se estableció. Los cubanos esperaban la llamada estadounidense y los estadounidenses esperaban la respuesta cubana. Finalmente Rogers y Eagleburger le insistieron a Kissinger que reanudara los contactos antes que tuviera lugar la reunión de cancilleres de la OEA en San José, Costa Rica, para evitar que el Congreso se les fuera delante en el tema Cuba, y ya que se sabía que las sanciones impuestas a Cuba por la OEA en 1964 iban a ser levantadas en San José, ver que concesión le podían sacar a Cuba antes de que eso sucediera. Kissinger después de ser convencido expresó: “Sí es cierto. Es mejor lidiar directamente con Castro. Sean corteses; compórtense como caballeros, no como picapleitos. Que él se de cuenta.
 
–Estamos avanzando en una nueva dirección;
 
–nos gustaría sincronizar;
 
–la Ciudad de Nueva York bajo el manto de la ONU sería el lugar indicado;
 
–las medidas serán unilaterales;
 
–se necesita reciprocidad;
 
–debemos detenernos hasta lograr alguna reciprocidad”.[21]
 
El 20 de junio de 1975 cumpliendo la orientación de Kissinger se redactó un mensaje para Fidel Castro. Entre otras cosas este señalaba: “…, consideramos que sería muy útil restablecer antes de la reunión de San José nuestras reuniones bilaterales confidenciales a fin de permitir un mayor intercambio de opiniones de gobierno a gobierno. Esto permitiría a Cuba y a los Estados Unidos, sin detrimento de sus respectivas posiciones en negociaciones ulteriores, sincronizar sus declaraciones y gestos recíprocos, discutir la secuencia recíproca de acontecimientos futuros y entender más claramente los criterios de ambas partes sobre los asuntos pendientes”. [22]
 
El mensaje le fue enviado a Cuba a través de Nestor García Iturbe. Luego de la autorización de Fidel Castro, el 9 de julio de 1975 se retomaron las conversaciones secretas entre ambas partes en el Hotel Pierre de Nueva York, con vistas a intercambiar puntos de vista sobre temas que pudieran discutirse como parte del proceso de normalización de las relaciones. En esta ocasión, la representación estadounidense recayó nuevamente en Lawrence S. Eagleburger y William D. Rogers y la cubana en Ramón Sánchez Parodi y Nestor García Iturbe.
 
Rogers rompió el hielo en las conversaciones señalando que el proceso de discusión debía ser recíproco, que el gobierno de Estados Unidos reconocía los gestos recientes realizados por Cuba y que estaba listo para permitir la celebración de un juego de béisbol entre equipos de ambos países y para apoyar el movimiento que se daría en San José –el levantamiento de las sanciones de la OEA contra Cuba de 1964-.[23]Después Rogers tocó nueve puntos en particular que le interesaban al gobierno de los Estados Unidos:
 
a) Las reclamaciones por las propiedades nacionalizadas. Sobre este particular, puntualizó que Estados Unidos estaba en la mejor disposición de analizar realísticamente y con flexibilidad el tema de las compensaciones por las propiedades estadounidenses nacionalizadas y que el gobierno de Washington no insistía en un acuerdo que comprendiera un pago inmediato en efectivo. Que otras discusiones debían también considerar la compensación de los intereses estadounidenses por la nacionalización de la mina de níquel de Nicaro, la deuda postal cubana, la devolución de los pagos de rescate pendientes y el pago de bonos atrasados.
 
b) Los fondos cubanos congelados en los bancos estadounidenses. Sobe este aspecto señaló que la parte estadounidense estaba en la mejor disposición de responder positivamente a las reclamaciones cubanas sobre los fondos congelados en los bancos estadounidenses, pero que estos fondos debían utilizarse principalmente para el pago de reclamaciones, sin excluir la decisión de Cuba de emplearlos con otros fines.
 
c) Las subsidiarias estadounidenses en terceros países. En relación con este punto dijo que su gobierno estaba preparado para apoyar una resolución en San José que permitiera a cada estado establecer las relaciones diplomáticas y comerciales que estimaran pertinentes con la Isla. Que si esta resolución se aprobaba como esperaban, Estados Unidos eliminaría las prohibiciones de vender bienes manufacturados a Cuba que pesaban sobre las corporaciones estadounidenses en terceros países.
 
d) Transporte marítimo desde terceros países. Expresó que si las sanciones de la OEA eran levantadas Estados Unidos consideraría una renuncia general a la prohibición a la asistencia exterior a los países cuyas embarcaciones abastecían a Cuba.
 
e) Prisioneros estadounidenses. En relación con este punto destacó que Estados Unidos deseaba que los 8 ciudadanos estadounidenses que guardaban prisión en Cuba bajo cargos de “ofensas políticas” fueran liberados.
 
f) Ciudadanos estadounidenses. En este punto se refirió a la posibilidad de considerar la petición de aproximadamente 800 ciudadanos estadounidenses -considerados en la Isla como ciudadanos cubanos- de viajar definitivamente a los Estados Unidos.
 
g) Visitas familiares. Sobre este aspecto expresó la necesidad de considerar los pasos necesarios para aliviar la tensa situación de las familias divididas. Que ambas partes podía acordar 100 visitas semanales en ambas direcciones y que Estados Unidos comenzaría a permitir el viaje de estudiantes y artistas estadounidenses a Cuba.
 
h) Respeto Mutuo. En este punto dijo que aunque Cuba tenía derecho a tomar medidas para defender su soberanía, durante las discusiones Estados Unidos verificaría que Cuba no fuera una base de operaciones militares ofensivas o de amenazas contra los Estados Unidos. También mencionó el caso de Puerto Rico, planteando que allí había un apropiado camino para que Cuba mostrara su acatamiento a los principios de mutuo respeto hacia otras naciones en el hemisferio.
 
i) Prensa. En este último punto hizo la propuesta de un intercambio de prensa, que permitiera que Prensa Latina se estableciera en Washington y las agencias de prensa estadounidenses en La Habana. [24]
 
Al terminar Rogers su exposición, tomó la palabra Eagleburger, quien señaló que Estados Unidos consideraba el levantamiento del bloqueo como parte del proceso de “normalización” de las relaciones entre ambos países y que el problema de las relaciones con Cuba no era el más importante de la política exterior estadounidense, por lo que para resolverlo se requería un balance de acciones por ambas partes.
 
Con sus palabras se puso de manifiesto que los representantes de Washington utilizaban el bloqueo como mecanismo de presión para extraer concesiones a Cuba, al tiempo que arrogantemente le decían a los cubanos que tenían cosas más importantes que hacer, por lo que Cuba debía aprovechar ese momento y ceder a los intereses de Estados Unidos a cambio del levantamiento del bloqueo y la “normalización” de las relaciones, pues quizás en lo adelante no tuvieran otra oportunidad para sentarse a debatir y resolver los problemas de las relaciones entre ambos países.
 
Sánchez Parodi respondió por la parte cubana diciendo que el paso que se daría en San José lo consideraba positivo y que contribuiría al proceso de normalización de las relaciones entre ambos países, pero que eso era solo una solución parcial y no la esencial que radicaba en el bloqueo. Parodi insistió en la idea de que mientras existiera el bloqueo Cuba no podía negociar con los Estados Unidos en igualdad de condiciones, por lo que el gobierno de la Isla solo estaba dispuesto a entablar discusiones sobre la flexibilización de la política de bloqueo, no negociaciones. [25]
 
En cuanto a las reclamaciones, Sánchez Parodi destacó que estas serían discutidas conjuntamente con la reclamación cubana por los daños económicos causados a la Isla por el bloqueo, las agresiones tanto económicas como militares y otros daños producidos por la agresividad de Estados Unidos contra Cuba. Respecto a las relaciones comerciales, expresó que para que estas fueran efectivas debía levantarse primero el bloqueo, y que cualquier discusión que se hiciera sin haber dado ese paso era puramente académica y no debía perderse tiempo en eso. No obstante, destacó como un gesto positivo la modificación de las regulaciones de las subsidiarias estadounidenses en terceros países, para que pudieran comerciar con Cuba y que este podía ser un paso inicial para el levantamiento del bloqueo. En cuanto a los puntos de la liberación de los “presos políticos estadounidenses”, de las personas residentes en Cuba que estaban reclamando la ciudadanía estadounidense y la propuesta de iniciar un programa de viajes humanitarios a Cuba por parte de cubanos residentes en los Estados Unidos, Sánchez Parodi expresó que eran puntos que se podían discutir más adelante, aunque aclaró respecto a los llamados “ciudadanos estadounidenses”, que habían diferentes puntos de vista legales entre ambos países, pues Cuba no reconocía el concepto de doble ciudadanía.
 
Al referirse al punto que los representantes estadounidenses llamaron “Respeto Mutuo”, Sánchez Parodi enfatizó que quizás la parte estadounidense estaba haciendo alusión a las relaciones cubano-soviéticas, dejando claro que no era intención de Cuba regular las relaciones de Estados Unidos con ningún país, por lo que Estados Unidos no debía intentar regular las de Cuba. En cuanto a las relaciones con América Latina, Sánchez Parodi pidió incluir en una futura agenda de discusión las intervenciones de Estados Unidos en República Dominicana y Chile, para asegurar que lo ocurrido en el pasado no volviera a suceder en el presente. Sobre Puerto Rico, insistió en los vínculos históricos que unían a Cuba y Puerto Rico y que Cuba consideraba que la mayoría del pueblo puertorriqueño quería ser independiente, posición que Cuba apoyaba sin la intención de molestar y crear problemas a los Estados Unidos. Sánchez Parodi cerró su intervención señalando que la parte cubana quería incluir otros puntos a la agenda de discusión como: las actividades de la CIA contra Cuba y la base naval de Guantánamo.[26] Sobre el intercambio de representantes de agencias de prensa, expresó que era algo que podía discutirse en reuniones futuras.
 
También en la conversación Eagleburger y Rogers insistieron en que Cuba no inmiscuyera al Congreso estadounidense en el proceso de acercamiento que se venía dando entre ambos países, enfatizando que sólo se utilizaran para ese fin los canales establecidos con el ejecutivo y con las personas que estaban dirigiéndolo. 
 
Dos semanas después de las conversaciones realizadas, en la conferencia de plenipotenciarios de la OEA celebrada en San José, Costa Rica, Estados Unidos votó, junto a otras 15 naciones, una resolución que permitía a los estados miembros terminar con las sanciones contra Cuba de manera individual si lo deseaban y establecer el tipo de relaciones que estimaran conveniente.
 
Por su parte, en agosto de 1975, el gobierno cubano devolvió a la Sourthern Airways, dos millones de dólares que habían traído a Cuba los asaltantes de un avión de esa línea aérea. La solicitud hecha por John Sparkman (demócrata-Alabama), Presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, había sido trasmitida al gobierno cubano durante la visita de McGovern. Sparkman pediría a la administración Ford que se levantaran las restricciones comerciales a Cuba, en lo referente a medicinas y alimentos. Doce días después de la decisión del gobierno cubano, un vocero del Departamento de Estado de los Estados Unidos informó sobre el levantamiento de ciertos aspectos del bloqueo contra Cuba: se otorgarían licencias a subsidiarias norteamericanas en terceros países, para que efectuaran ventas a Cuba; se eliminaría la negativa de ayuda a naciones que permitían transportar mercancías en sus embarcaciones hacia o desde Cuba; se modificarían las regulaciones que negaban atracar y suministrar combustible a barcos comprometidos en el comercio con Cuba y además, se pediría al Congreso cambiar la legislación que prohibía dar asistencia en alimentos a las naciones que comerciaban con Cuba.
 
En agosto de 1975, Cuba presentó una resolución en el Comité de los 24 de Naciones Unidas a favor de la independencia de Puerto Rico. Estados Unidos, por los canales informales establecidos por Kissinnger, dio a conocer a los cubanos su desacuerdo con esta resolución, afirmando que atentaba contra los pasos que se venían dando hacia la “normalización” de las relaciones. Por los canales secretos establecidos se intercambiaron criterios sobre el tema, evidenciándose las diferencias de posiciones y la determinación cubana de no variar su histórica postura a pesar de las amenazas estadounidenses de suspender los contactos.[27] La firmeza de la postura de Cuba en cuanto al tema se puso de manifiesto a inicios de septiembre cuando se celebró en La Habana la Conferencia de Solidaridad con Puerto Rico, lo que fue calificado públicamente por Kissinger como una interferencia en los asuntos internos de los Estados Unidos que dañaba las posibilidades de “normalizar” las relaciones entre ambos países.
 
A inicios de octubre de 1975 el gobierno cubano recibió por intermedio del joven Kirby Jones, miembro del equipo fílmico de Mankiewictz, un mensaje verbal de Eagleburger que señalaba, entre otras cosas, que Kissinger tenía interés en reunirse con cualquier funcionario que el gobierno cubano designara, que la Casa Blanca había ordenado paralizar, hasta después de las elecciones primarias en la Florida, los pasos que se estaban dando con Cuba y que Ford recibiría muy positivamente para su campaña presidencial cualquier gesto de Cuba en el campo humanitario como el de autorizar la visita de familiares en ambas direcciones. En respuesta, Cuba trasladó su disposición a iniciar el programa de “visitas humanitarias”, de forma limitada y selectiva, como un paso inicial sobre el cual podía seguirse trabajando en un futuro.[28]
 
Mas con la llegada de tropas cubanas a Angola en noviembre de 1975, respondiendo a la solicitud del Movimiento para la Liberación de Angola (MPLA) –con el que Cuba tenía fuertes lazos de amistad- para hacer frente a la escalada militar de Sudáfrica, Zaire y los movimientos oposicionistas internos, apoyados de forma encubierta por los Estados Unidos, el gobierno estadounidense comenzó a desarrollar una gran campaña propagandística contra la presencia cubana en el continente africano. La campaña incluyó también ataques a Cuba por su actividad internacional en apoyo al movimiento independentista de Puerto Rico y al liderazgo desempeñado por Cuba en el voto de Naciones Unidas donde había comparado al sionismo con el racismo. Por otro lado, el año 1976 sería un año de elecciones presidenciales en los Estados Unidos, por lo que Ford, en su lucha por mantenerse al frente de la Casa Blanca, se vio impulsado a asumir una posición dura hacia Cuba, pues tenía un fuerte rival que vencer dentro del propio Partido Republicano: el archirreaccionario Ronald Reagan. Ante la presencia de tropas cubanas en África y el impacto negativo que eso podría tener en la campaña electoral en la que Ford aspiraba a ser electo presidente de los Estados Unidos, Kissinger le comentó al presidente Ford: “Creo que vamos a tener que aplastar a Castro” y más adelante destacaría: “Es probable que no podamos hacerlo antes de las elecciones [1976]”.[29]
 
El 12 de enero de 1976, Rogers tuvo un rápido contacto con García Iturbe en el aeropuerto nacional de Washington, en el cual le leyó al representante cubano la posición del gobierno estadounidense. Entre otras cosas, el mensaje señalaba que la autorización cubana de las “visitas humanitarias” de residentes en los Estados Unidos para ver a sus familiares en Cuba era vista por el gobierno de Washington como un gesto positivo y beneficioso. Al respecto, se analizaron algunos detalles de cómo estas se desarrollarían. Sobre la presencia de tropas cubanas en Angola la nota decía: “El envío de tropas de combate cubanas a tomar parte en un conflicto interno entre africanos en Angola es un obstáculo fundamental para cualquier esfuerzo que se pueda realizar, para resolver en estos momentos los problemas básicos entre nosotros”.[30]
 
En relación con este planteamiento García preguntó si Washington requería respuesta, pues precisamente Fidel Castro había sido muy claro sobre el asunto en uno de sus discursos. Rogers contestó que no necesitaba la respuesta, pues ya conocía cual era la posición del gobierno de la Isla.
 
– Boletín Informativo "EL HERALDO", Editor: Néstor García Iturbe.


[1]Memorándum de conversación (Ford, Kissinger), 7 de enero de 1975, en:http://www.fordlibrarymuseum.gov/library/guides/Finding%20Aids/Memoranda_of_Conversations.asp#Ford (Internet), (Traducción del ESTI)
[2]Ibídem.
[3]Eagleburger asumió el seudónimo de Mr. Henderson.
[4]Parodi había viajado a New York bajo el seudónimo de José Viera.
[5]Véase anexo C en: Nestor García Iturbe, Diplomacia sin Sombra, Editorial de Ciencias Sociales, 2007.
[6]Resumen de Cuatro Conversaciones entre funcionarios del Gobierno de los Estados Unidos y del Gobierno de Cuba, The Carter Administration. Policy toward Cuba: 1977-1981, (documentos desclasificados, Biblioteca del ISRI) (Traducción del ESTI)
[7]Nestor García Iturbe, Diplomacia sin Sombra, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007, pp.30-31.
[8]Peter Kornbluh and James G Blight, “Dialogue with Castro: A hidden history”, en The New York Review of Books, 6 de octubre de 1994.
[9]Véase anexo B en Nestor García Iturbe, Diplomacia sin Sombra, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007.
[10]Citado por Peter Kornbluh y James G Blight, “Dialogue with Castro: A hidden history”, en: The New York Review of Books, 6 de octubre de 1994.
[11]Nestor García Iturbe, Diplomacia sin Sombra, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007, p.33.
[12]La nueva disposición permitió a los cubanos viajar 250 millas fuera de la ciudad de New York, anteriormente se establecía solo 25 millas de radio.
[13]Citado por Nestor García Iturbe en: Estados Unidos, de raíz, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007, pp. 400-401.
[14]Memorándum de Harry Shlaudeman a William Rogers, 27 de marzo de 1975, www.gwu.edu/~nsarchiv/ (Internet), (Traducción del ESTI)
[15]Ibídem.
[16]Memorándum de Conversación (Kissinger, Eagleburger, Rogers, Gleysteen), 9 de junio de 1975, en: www.gwu.edu/~nsarchiv/ (Internet), (Traducción del ESTI).
[17]Conversación del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz con el senador estadounidense George McGovern, en el Palacio de la Revolución, el 7 de mayo de 1975, Versiones Taquigráficas del Consejo de Estado.
[18]Peter Kornbluh and James G Blight, “Dialogue with Castro: A hidden history”, en The New York Review of Books, 6 de octubre de 1994.
[19]Incluso Kissinger le trasladó un mensaje verbal a Cuba de que cualquier tipo de negociación entre ambos países se realizara por la vía establecida por él y que no se utilizara para este fin a congresistas que viajaran a La Habana.
[20]Véase Christopher A. Swiggum, “La distensión cubano-estadounidense de los años 70 y su fracaso: conflictos y contradicciones en las políticas exteriores de Estados Unidos y Cuba que obstaculizaron el camino hacia la normalización”, en: http: // uwho.rso.wisc.edu/Archive/Archive%204%20intro%20pages.pdf , (Internet)
[21]Memorándum de Conversación (Kissinger, Eagleburger, Rogers, Gleysteen), 9 de junio de 1975, en: www.gwu.edu/~nsarchiv/ (Internet), (Traducción del ESTI).
[22]Véase anexo F en: Nestor García Iturbe, Diplomacia sin Sombra, Ob.Cit.
[23]Memorandum of Conversation (Eagleburger, Rogers, Parodi, García), july 9, 1975, Pierre Hotel, New York City, documento desclasificado en los Estados Unidos y consultado en la dirección de América del Norte del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.
[24]Ibídem.
[25]Ibídem.
[26]Nestor García Iturbe, Diplomacia Sin Sombra, Ob.Cit, pp.59-61.
[27]Nestor García Iturbe, De Ford a Busch, Ob.Cit, p.32.
[28]Nestor García Iturbe, Diplomacia sin Sombra, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007, p.67.
[29]Peter Kornbluh and William M. Leogrande, Ob.Cit.
[30]Citado por Nestor García Iturbe en: Diplomacia sin Sombra, Ob.Cit, p.72.