La experiencia histórica del Siglo XIX que enfrentó a los liberales con los conservadores, está a punto de reproducirse por los traidores de la izquierda, como los califica el líder moral del Partido de la Revolución Democrática, PRD, Andrés Manuel López Obrador.
 
Lo peor que le puede suceder a nuestro México, es eso, que caigamos en el bipartidismo en copia al carbón del sistema político de Estados Unidos, supuestamente impuesto por el propio imperio.
 
¿Qué representan las alianzas entre las izquierdas y las derechas ordenadas desde Los Pinos y acatadas por la actual dirigencia del Partido de la Revolución Democrática, en concordancia con la decisión unipersonal y de venganza de Manuel Camacho Solís y su pupilo, Marcelo Ebrard Casaubón?
 
Exactamente eso: caer en el bipartidismo, puesto que al unirse el minoritario perredismo con el partido gobernante, Acción Nacional sólo habrá de dos: la enclenque por disminuida izquierda aparejada a la derecha gobernante y por la otra el Partido Revolucionario Institucional.
 
De ahí la siguiente pregunta: ¿De qué sirvieron tanto años de lucha, de sacrificios, desde aquel Partido Comunista y de tanto mártires para ahora entregar en nicho de plata todo: conquistas sociales, ideología y pundonor a los adversarios históricos: la derecha galopante?    
 
De ahí que es inaceptable la posible alianza electoral en el Estado de México entre los Partidos Acción Nacional, PAN, y de la Revolución Democrática, PRD, impulsada por sus actuales dirigencias, la cual acabó con la unidad de la izquierda al producirse el rompimiento entre Andrés Manuel López Obrador y Jesús Ortega Martínez.
 
El ex candidato presidencial y líder moral del PRD, Andrés Manuel López Obrador reiteradamente había declarado su oposición irreductible a aliarse con las derechas que “le robaron la Presidencia”, había denunciado que se habían puesto de acuerdo en tal despropósito Ortega Martínez y el presidente Felipe Calderón Hinojosa y enfatizó que él y su movimiento no irían con los traidores del PRD.
 
Ahora, después de conocer que las huestes de Ortega se impusieron en el Consejo Nacional al aprobar una consulta ciudadana en el Estado de México para determinar si habrá alianza con el PAN por la gubernatura estatal, López Obrador anunció su separación, de manera indefinida, de su militancia perredista por considerar que la alianza es un “hecho” y este ejercicio sólo “servirá para legitimar el acuerdo y la traición que están consumando los dirigentes actuales del perredismo”.
 
El presidente nacional del PRD, Jesús Ortega Martínez, recurrió al sofisma al asegurar que es “inconcebible que López Obrador sea promotor de las consultas y ahora junto con el gobernador mexiquense, Enrique Peña Nieto, sea un férreo opositor a ellas”, en un comunicado por separado llamó al tabasqueño a “serenarse” y no perder el equilibrio ni la sensatez”.
 
Por su parte, Alejandro Encinas Rodríguez, coordinador de la bancada del PRD y por ahora el mejor posicionado para contender por la gubernatura del Estado de México, lamentó la salida del PRD de López Obrador porque no abona a la unidad del partido y convocó a Ortega Martínez a desistir de la alianza con el PAN que alientan además Marcelo Ebrard Casaubón, Manuel Camacho Solís y Los Pinos.
 
Aquí ya se definió la contienda mexiquense y seguramente el futuro inmediato del país: ¿copiamos el absurdo y absorbente sistema bipartidista estadounidense o el amplio y plural sistema mexicano del multipartidismo? El pueblo dirá la última palabra, no los heraldos de la derecha que vociferan a rabiar por las alianzas antinatura. No al nefasto bipartidismo.
 
– Teodoro Rentería Arróyave es periodista y escritor mexicano.