Revuelta árabe. ¿Conquistarán y cuánto costará la libertad de los pueblos en esa región del mundo? ¿Se hará extensivo a otros países? No se sabe, pero está claro que las recientes protestas en diversos países han levantado una oleada cuya finalidad es derrocar a los dictadores, gobiernos autócratas y represores, que se han enquistado durante décadas en el poder bajo la complacencia de los países occidentales, gobiernos europeos, y los propios Estados Unidos.
 
Nadie se imaginó que la inmolación del joven comerciante tunecino, Mohamed Bouazizi, del 17 de diciembre de 2010, sería la mecha que encendería el fuego para la movilización y protestas masivas hasta la expulsión tanto del presidente de ese país, Zine El Abidine Ben Alí [la “instrumentación política” denunciada por él; una “minoría de extremistas y agitadores a sueldo de extraños intereses y contra los intereses de su país” que recurrió a la violencia e hizo “disturbios en la calle”], ocurrida el 15 de enero corriente, como su propagación a otros estados de la zona.
 
Así se orquestó también, gracias a la protesta social sobre todo en la capital y convocada por jóvenes vía Facebook desde el 25 de enero, la salida de quien se calificó como el último faraón, el presidente egipcio Hosni Mubarak, ocurrida el pasado 11 de febrero. Y desde ahí, como pasto seco en la pradera, el incendio no paró y el viento se lo llevó a otros lares. Claro que los bomberos, siguiendo la orden de lanzarse contra los manifestantes, no están apagando el fuego sino incendiando más las almas que luchan por libertad y reformas, porque han respondido con violencia, lo que hace crecer todavía más la indignación y el odio.
 
Así ocurre en Libia, Marruecos, Barhéin, Yemen, Argelia, y alcanza hasta Irán, más los países que restan… ¿China también? La respuesta, claro está, es represión contra las protestas multitudinarias, operada desde los gobiernos utilizando sus aparatos represivos. Es el caso del uso de la violencia operada por Muamar Kadafi en Libia, que lleva en el poder 42 años.
 
En ese país, “grupos formados por comandos especiales, mercenarios extranjeros y simpatizantes de Kadafi atacaron a manifestantes el sábado [que asistían al sepelio de otras 30 personas abatidas un día antes] con navajas, rifles de asalto y armas de grueso calibre”, ocurridos en la segunda ciudad más importante, Benghazi, según testimonios recogidos por The Associated Press, porque no hay libertad de expresión. Acciones que han arrojado al menos 200 personas muertas y más de 70 heridos, tras los cinco primeros días de protesta en las calles, en demanda de cambios al régimen de Kadafi. Los datos sin confirmar incluso por Human Rights Watch, son de 35 víctimas en Benghazi, y otras 49 del jueves pasado; 20 de Benghazi y 23 en Al Baida. Kadafi está respondiendo con violencia a la exigencia de que abandone el cargo.
 
En Marruecos, las cosas no son diferentes. En Rabat, una marcha de al menos 10 mil personas —la más importante hasta ahora— se concentró ayer ante la sede del Parlamento en demanda de “democracia, libertad y dignidad”. La manifestación fue convocada también por Facebook por jóvenes en demanda de una “profunda transformación”, con una nueva Constitución porque la actual es antidemocrática. Se ha perdido la esperanza en el régimen marroquí, encabezado por el rey Mohamed VI, por eso quieren las “reformas necesarias”. Es la ausencia de una verdadera democracia, con un parlamento y asambleas electas de manera transparente, la principal queja en las manifestaciones y dirigida no al rey sino a sus principales consejeros.
 
También los gobiernos de Bahréin y Yemen están en el ojo del huracán. En sendos países se exigen reformas políticas y la renuncia de sus gobernantes. Pero en ambos la respuesta es de violencia. En Bahréin los manifestantes llegaron a la plaza de la Perla en Menama —el epicentro de las protestas—, luego que el régimen encabezado por el príncipe heredero, Halmad bin Isa al-Khalifa, pidió por televisión el retiro de las fuerzas de seguridad. “Pido a las fuerzas de seguridad que se retiren de inmediato de las zonas donde se concentra la gente para evitar enfrentamientos”, dijo. Una tregua, “para permitir que todas las partes planteen sus puntos de vista y problemas en forma responsable”, siguió.
 
Pero los manifestantes que “quieren la caída del régimen, dicen: “No al diálogo hasta que no cambie el gobierno”. No pararemos nuestra lucha, hasta que el rey Khalifa abandone el poder; entre otras demandas como la liberación de presos políticos y conversaciones también para una nueva Constitución. Bahréin, gobernado por la familia musulmana sunita al-Khalifa, los gritos son: “Ni sunitas ni chiitas, somos bahreiníes”.
 
En Yemen, los manifestantes de ayer demandan la salida del presidente Ali Abdula Saleh, quien está proponiendo a los partidos de oposición un “diálogo de paz”, luego de diez días de protesta con un saldo de al menos siete muertos. Saleh ha estado en el poder por 32 años y enfrenta un creciente desempleo. Pero reitera su oferta de dialogar como “la mejor manera. No al sabotaje. No al bloqueo de carreteras”. Pero los yemenitas lo quieren fuera, como a Ben Alí y Mubarak.
 
En Irán, las manifestaciones de esta reciente etapa apenas comienzan. Recuérdese que desde junio de 2009 las protestas, organizadas por la oposición reformista, fueron por demandar la reelección fraudulenta del presidente Mahmud Ahmadineyad. Las movilizaciones convocadas ahora por las mismas organizaciones, serán contenidas por las fuerzas de seguridad, dijo el ministro del interior, Mustafa Mohamad Nayer, porque son los “líderes de la sedición”. Protestas “espoleadas por países occidentales como Estados Unidos”.
 
En el Magreb, las expectativas están puestas también en Argelia. Allá las manifestaciones han sido contenidas por las autoridades; es la segunda vez de una marcha frustrada. Un masivo despliegue de agentes antidisturbios ha abortado las protestas cerrando con barreras metálicas los accesos a la plaza Primero de Mayo en Argel, convocadas por la Coordinadora que agrupa a la oposición.
 
¿Y en China? Inspirados en las rebeliones de los países árabes, en Shangai y Pekín, las fuerzas del orden dispersaron ayer a decenas de personas que se manifestaron a favor de la democracia del régimen; hubo algunos detenidos. Expresiones, todas, contra la autocracia y en pro de libertades. [Con información de La Jornada, El Universal, El País y Le Monde].