Temerarias y de cuidado, dignas del análisis. Es lo menos. Se trata de las declaraciones del segundo de a bordo del Pentágono en Estados Unidos, Joseph Westphal, sobre México. Porque antes que simple juego de palabras —como dice una cosa dice(n) otra—, viniendo de quién viene, más parece una amenaza que avanzaría desde la aplicación de una política meramente injerencista con el vecino del sur, hasta una acción totalmente intervencionista y militarista por parte de EU contra México. Y han sido pronunciadas como para tentar al contrario, medir el terreno y ver cómo andan sus reacciones.
 
Es decir, que los dichosdel subsecretario del Ejército en EU, Westphal este lunes en la University of Utah’s Hinckley Institute of Politics, son de llamar la atención por dos muy simples, pero a la vez importantes, postulados: 1) Por encima de todo, para EU, está primero la protección de sus intereses vitales en el mundo, por todos los medios —incluye desde la movilización de tropas hasta la guerra—; y eso tiene que ver con la energía, principalmente el petróleo y el gas para su abasto militarista/industrial, y toda otra materia prima, y 2) Como imperio promotor de una globalización falazmente panacéica, toda su geopolítica exterior gira en torno a su programa de seguridad nacional. Y México nunca ha sido, y la historia de rivalidades e intervencionismo desde el arrebato de la mitad de su territorio para acá lo confirma, una excepción.
 
Sobre todo que tampoco es la primera vez, ni será la última, que desde EU se catalogue a México como un peligro desde su frontera sur. Con todo y que, claro está, el mismo gobierno estadunidense no ha asumido la parte de su responsabilidad —o corresponsabilidad, como lo prometió la secretaria de Estado Hillary Clinton en sus varias visitas— con el gobierno mexicano, como debiera ser frente a una amenaza tan grave como la que representa, ciertamente, el crimen organizado en México y la violencia que ha desatado tanto en la frontera norte como en otros estados del país.
 
Pero ni el gobierno mexicano ha tomado las medidas pertinentes —porque a estas alturas su estrategia es claramente fallida y aún así no revisa sus acciones o las complementa con otras indispensables, como atacar el corazón de las finanzas del crimen organizado, el lavado de dinero, la depuración policiaca, la impunidad y la corrupción, etcétera—, como tampoco exige que la prometida corresponsabilidad se deje del palabrerío y el injerencismo de EU, para atender el problema en su dimensión precisamente global. Lo que eso incluiría acciones muy concretas por parte del gobierno estadounidense. Pero nada.
 
Y de colofón llegan declaraciones convertidas en auténticas amenazas; esas sí, a la seguridad nacional de México. Ni se diga que los dichos del señor Westphal carecen de lógica; dentro de la lógica imperial de las relaciones exteriores de EU. O que “el segundo civil más importante” en el Ejército no sabe lo que dice o carece del documento base o sustento; porque es así como procede todo funcionario de ese país al hacer declaraciones. O que el Pentágono no es una institución de inteligencia —como la CIA y la Diplomacia, entre otras—, imperial y de guerra.
 
Por lo tanto, el señor sabe lo que dice y por qué. Pese a que luego se retracta. Resulta temerario, y de cuidado, lo que dijo. 1) Que en México hay una forma de insurgencia encabezada por los carteles de la droga, 2) Potencialmente podrían tomar el gobierno, 3) Lo cual implicaría una respuesta militar estadounidense. Soltó que uno de los flancos estratégicos más preocupantes para su país, más allá de las guerras en Irak y Afganistán, es América Latina y particularmente México. La ponencia de Joseph Westphal en la Universidad de Utah, puesta en un foro sobre asuntos de seguridad nacional ante académicos, investigadores y estudiantes, versó sobre los desafíos tanto burocráticos como estratégicos que tienen las fuerzas armadas de su país.
 
En sus palabras: “Como todos saben, hay una forma de insurgencia en México con los carteles, que está justo sobre nuestra frontera. Esto no se trata sólo de drogas e inmigrantes ilegales. Esto es, potencialmente, sobre una toma de un gobierno por individuos que son corruptos”. Dijo que, aunque estaba expresando una opinión personal en torno a la situación en México, la había compartido con la Casa Blanca. Y, según el funcionario —conforme al reporte periodístico— no deseaba ver una situación en donde soldados estadounidenses fueran enviados a combatir una insurgencia “sobre nuestra frontera… o tener que enviarlos a cruzar esa frontera” con México.
 
No obstante, el mismo lunes por la tarde fue “obligado” a desmentir su posición afirmando que sus palabras no expresaban la política oficial de Washington. Westphal escribió un comunicado, donde dijo que no dijo lo que dijo. “Mi declaración… erróneamente caracterizó al desafío presentado por los carteles de la droga en México como una forma de insurgencia. Mis comentarios no fueron y nunca han sido la política del Departamento de Defensa o del gobierno de Estados Unidos hacia América Latina”. Sus reflexiones no fueron en nombre del presidente, del asesor de seguridad nacional, del secretario de Defensa o cualquier otro funcionario encargado de establecer y articular la política de Washington. Lamentó que sus declaraciones imprecisas pudieran haber causado preocupaciones entre nuestros socios y amigos de la región, especialmente México.
 
El dicho resulta preocupante porque es la primera vez que se hace uso de la idea de una intervención militar en México. No así del término insurgencia. Fue la propia secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien la utilizó al referirse a los carteles de la droga hace poco. Es decir, que EU primero tipifica el problema, luego arremete. Porque es claro que los gringos no dan paso sin guarache [aunque se dicen los adalides de la modernidad, no pasan de imperio avasallador].
 
Viniendo de quien vienen, esas reflexiones son para sopesar el punto. Se trata, eso sí, de una amenaza para la integridad y la seguridad nacional de México. Y no amerita una respuesta con desdén: “Están totalmente fuera de lugar”, como dijo el secretario de Gobernación de México, Francisco Blake Mora. Exige una retractación desde la Presidencia de EU y una reactivación de los presuntos compromisos de EU con México en el combate al crimen organizado. Al igual que una protesta desde el gobierno de México al de EU; de Felipe Calderón a Barack Obama, como mínimo. Hoy EU le muestra los dientes a México. ¿Qué viene después?