Habían transcurrido seis meses desde que los “luises” asaltaron el Poder e iniciaron la “democracia inédita” de la narcocracia. Les iba de mal en peor. Estaba bloqueado. La represión política y sindical era dura. Persistía el toque de queda, los medios de comunicación obligados a cadena informativa estaban amedrentados y los periodistas controlados.

Ocurrió el 9 de enero de 1981. La dictadura de Luís García Meza, recurrió a imponer “correctivos económicos” y entre ellos la subida de precios a los combustibles, que permitió el incremento del transporte, sin derecho a reclamación. Comenzaba el tiempo para vivir comiendo charque, chuño y quinua, a invitación del General.

Los transportistas estuvieron felices, pues apoyaban al régimen, era “su régimen”. Su principal dirigente, un tal Antelo, pidió a García Meza, la medida de sus pantalones, para ellos. Esta pequeña burguesía fue una de las beneficiarias del gasolinazo, la repartija de llantas y otras prebendas.

Sindicalistas y políticos se movían en la clandestinidad. La cúpula del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), decidió reunirse el 15 de enero a las dos de la tarde en una casa de la calle Harrington Nº 730, para evaluar los efectos de las medidas económicas.

Era decisión partidaria que los dirigentes, permanezcan “siempre” en el país, pero por entonces Jaime Paz Zamora se encontraba en Estados Unidos y luego en gira por Europa, restañando las quemaduras que sufrió en el accidente de aviación que casi terminó con el liderazgo de la UDP.

Han pasado treinta años, pero el exterminio de ocho miristas sigue rodeado de misterio. Una de las versiones, señala que la cúpula partidaria estaba dividida en dos bandos. Una verdaderamente de izquierda, dispuesta a radicalizarse y llegar al poder por la vía armada.

La otra, más moderada, preparaba el camino condescendiente con la burguesía y el liberalismo al que finalmente se embarcaron. La dirigencia convocada a la calle Harrington comenzó a llegar a la hora señalada, menos Antonio Aranibar, Oscar Eid, Walter Delgadillo y Juan del Granado.

En su libro ¡Yo Dictador!, Luis García Meza, dice que ellos sabían que los miristas reunidos serían interceptados por los paramilitares liderados por Carlos Helguero y Rosario Poggi. Con la muerte de los ocho políticos, desapareció el ala radicalizada e izquierdista del MIR y quedó abierta la senda que llevó al resto al neoliberalismo.

La historia de la masacre de la Harrington, tiene aún muchas verdades ocultas y sus protagonistas están todavía vivos. Sobre todo, Luis Arce Gómez, quien hace poco dijo que él, sí sabe lo que ocurrió durante esa larga noche de la narcodictadura, que enlodó la imagen de Bolivia.

Han pasado treinta años de aquel luctuoso hecho, producto de los correctivos con gasolinazo de los que invitaron a los izquierdistas a caminar con el testamento bajo el brazo. Este 15 de abril, los otros miristas, los del neoliberalismo, con seguridad moquearán con falsas lágrimas recordando la lucha de aquellos verdaderos luchadores de izquierda.

Jorge Baldivieso, Gonzalo Barrón, Artemio Camargo, Arcil Menacho, José Luís Suárez, Ricardo Navarro, José Reyes y Ramiro Velasco, permanecen en la memoria de los ideólogos de izquierda, porque eran de esa estirpe. Serán recordados a las 17.30 del 15 de enero, porque a esa hora fueron eliminados.

 

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