La llamada democracia liberal tiene poco de democrática en tiempos de globalización. Es simplemente la fachada gestional de las políticas del gran capital internacional. Al no concentrar poder político y sostenerse en un pluralismo chirle y formalista, simplemente se somete a los poderes dominantes y convierte a la política en esclava de los poderes fácticos, declaró el filosofo argentino Roberto Follari al diario Página/12 (29 de noviembre 2010), definiendo de manera concisa lo que está sucediendo en Estados Unidos (EE.UU.), Canadá, Gran Bretaña y los países de la Unión Europea UE.
 
Frente a la crisis financiera se sometieron al capital financiero y adoptaron o están adoptando todas las recetas formuladas por esa oligarquía global, que tienen la “socialización de las perdidas financieras” –hacerle pagar a los pueblos la factura de la especulación- como principal ingrediente común. Idéntica reacción ante los graves problemas políticos internacionales, como la ocupación israelí de Palestina, con el Nóbel de la Paz y presidente estadunidense Barack Obama tirando la toalla frente al gobierno israelí y abandonado las negociaciones con Israel para “convencerlo de que frene la construcción de colonias en los territorios palestinos ocupados” como informan los despachos de prensa. No es de extrañar que Yassed Abed Rabbo, consejero del presidente palestino Mahmud Abbas haya expresado su indignación por lo que considera como el “fracaso de EE.UU.” de “conseguir un congelamiento por un periodo limitado de tiempo” de la construcción de esas colonias israelíes en los territorios ocupados, preguntándose cómo EE.UU. va a poder arrancar de Israel un acuerdo para una solución basada en dos Estados con la vuelta a las fronteras de 1967.
 
La imputabilidad de la democracia liberal cesó de existir.
 
Como con la crisis financiera y ahora con la aceptación de prolongar el recorte fiscal de George W. Bush para los ricos, Barack Obama aprobó una decisión que va acompañada de medidas que a través de la crisis des finanzas públicas de  los estados de EE.UU. afectarán brutalmente a los programas de pensiones de millones de trabajadores estadunidenses (http://blogs.reuters.com/james-pethokoukis/2010/12/07/secret-gop-plan-push-states-to-declare-bankruptcy-and-smash-unions/ ).
 
En un editorial titulado ¿La Presidencia en peligro? la publicación estadunidense The Nation alerta que Obama está capitulando en todos los terrenos -desde su promesa de retirarse de Afganistán hasta la economía y pasando por las políticas fiscales-, frente a los Republicanos y los poderes fácticos. Obama no escucha a las bases Demócratas y el editorial apunta que las “sutiles retiradas” del Presidente se han convertido en una debacle y que va hacia una “autoinmolación política”.
 
Idénticas posiciones en Canadá, donde un gobierno conservador minoritario amordaza el Parlamento y gobierna a su antojo. El gobierno conservador de Stephen Harper planea cambios en el sistema de pensiones sin consultar con el Parlamento, de la misma manera que negocia en secreto un “perímetro de seguridad con EE.UU.”, es decir la ampliación de las medidas de seguridad de los sistemas integrados de transporte y comunicaciones entre ambos países” y que incluye la asignación de recursos (sin duda militares, policiales y de inteligencia) para combatir las amenazas de terror y los ataques (hackers) a sistemas de computación, todo esto para “asegurar los flujos vitales del comercio”, como revelan los diarios Globe and Mail y National Post. El gobierno de Harper y las autoridades de Washington se negaron a comentar esta revelación. Como declaró el Diputado liberal canadiense John McCallum, los canadienses y el Parlamento no han sido informados sobre esta negociación que, según el Globe and Mail, incluye darle a EE.UU. el derecho de “proteger los flujos fronterizos”.
 
No es diferente la situación en Gran Bretaña, Irlanda, Francia y otros países de la UE, donde el sometimiento al capital financiero y a los poderes dominantes se manifiesta con la adopción –a pesar de las movilizaciones populares- de políticas similares a las que el FMI impuso a los países latinoamericanos a partir de los años 70, que promovieron el subdesarrollo en países que habían logrado avances sustanciales en lo económico y lo social a través de políticas de desarrollo socioeconómico. Las políticas del FMI y del Consenso de Washington llevaron directamente a la eliminación del papel gestor del Estado en la economía, a masivas privatizaciones de sectores públicos, y al desmantelamiento de los programas sociales, desde la educación hasta la salud pública, a la “década pérdida”, al aumento de la pobreza y la miseria y a una brutal desigualdad en los ingresos.
 
No en vano el académico y empresario Jeremy Fox titula “Liderando en subdesarrollo” su artículo sobre cómo Gran Bretaña ha logrado caer tan bajo en tan pocos años en la lista sobre el Desarrollo Humano de la ONU (DH-ONU): en su primer informe sobre el DH-ONU Gran Bretaña se situaba en el décimo lugar, detrás de Japón, Canadá y Suecia, y delante de Alemania, Italia, España y EE.UU. Veinte años mas tarde –escribe Fox- hemos caído al vigésimo sexto lugar” y la “trayectoria relativa se ha firmemente mantenido descendente”. Y si no cayó más eso se debe al “crecimiento del ingreso nacional, alimentando en parte, como estamos aprendiendo a nuestro costo, con la deuda pública y privada”. Descontado ese factor, Gran Bretaña figura en la posición 26 en materia de salud en la lista de DH-ONU, y en la 37 posición, detrás de Rumania, Polonia y Cuba, en educación. Fox concluye en que este deterioro real coincide con las masivas privatizaciones de “nuestra esfera pública y la entrega al por mayor de nuestra economía al neoliberalismo del Consenso de Washington. Lo que hemos presenciado durante este periodo es el abandono del gobierno de su papel tradicional de promoción de la salud, la educación y el bienestar general, y el traspaso por contrato de esas responsabilidades al sector privado”.
 
La política del subdesarrollo.
 
“Política de subdesarrollo” es un término que un número creciente de analistas económicos y políticos utilizan ahora para definir las políticas que los países desarrollados están aplicando ahora para satisfacer a la oligarquía financiera, y Fox apunta que si ciudadanos de Gran Bretaña en los últimos 100 años lideraron el mundo en muchos campos, como la invención del radar, de motores a reacción para la aviación, de calculadoras de bolsillo y la creación de la red global (WWW), y el país producía mucho de lo que consumía, ahora “casi todo proviene de otros países, incluyendo la mayoría de los productos industriales y electrónicos que alguna vez alimentaban nuestra prosperidad. Hemos también sido pioneros en vaciar nuestra creatividad industrial y en entregar la nación a los especuladores financieros”.
 
En una radiografía que muestra cómo los oligarcas se apoderaron de EE.UU. el periodista Andy Kroll (Mother Jones y TomDispatch.com) afirma que para entender ese proceso hay primero que conocer cómo un pequeño grupo de estadunidenses logró apropiarse de tanta riqueza: La historia comienza a finales de la década de los 70 y continúa durante los años de Obama, un periodo en el cual la política estadunidense –escribe Kroll- ha sido  tan ensartada para favorecer a los ricos que ahora nos encontramos en el peor periodo de la historia moderna en materia de desigualdad en los ingresos.
 
Y cita las estadísticas que muestran que hace 50 años el 1.0 por ciento de los estadunidenses más ricos recibían el 10 por ciento del ingreso nacional, y que actualmente reciben el 25 por ciento de ese ingreso. Las estadísticas muestran que entre 1979 y 2006 el ingreso neto de las familias más ricas, ese uno por ciento (o sea menos de tres millones de personas) tuvo un aumento de 256 por ciento, mientras el ingreso de las familias más pobres de EE.UU. solo aumentó en once por ciento. El ingreso de la clase media creció 21 por ciento en ese periodo, y esta alza –como señala Kroll y la mayoría de estudios estadísticos- se debe en gran medida a que esas familias que dependían de un ingreso pasaron a depender de dos ingresos.
 
Para responder a la pregunta de cómo una nación con una fuerte clase media se transformó en un país controlado por una poderosa oligarquía,  Kroll se remite al libro de dos politólogos estadunidenses, Jacob Hacker y Paul Pierson (Winner-Take-All Politics), que detalla cómo a partir de la presidencia de James Carter los grandes intereses lograron cambios en la tributación fiscal que redujeron de 48 a 28 por ciento los impuestos sobre la ganancia del capital, al mismo tiempo que frustraron cambios legislativos para facilitar la sindicalización de los trabajadores: “Uno puede decir que Ronald Reagan tomó la antorcha que le pasó Carter” y continuó modificando la política fiscal de manera que los ricos salieran ganando bajo no importa que circunstancia. El Republicano George Bush (padre) continuó con esta política y fue el Demócrata Bill Clinton quien completó la desregulación del sector financiero cuando facilitó la aprobación de la ley Gramm-Leach-Bliley que eliminó la ley Glass-Steagal, ese “muro que separaba la banca comercial del especulativo sector de las inversiones” y que fue una de las piezas claves del New Deal de F. D. Roosevelt. Las dos presidencias de George W. Bush sirvieron para alcanzar el paroxismo de las políticas que favorecen a los ricos.
 
– Alberto Rabilotta, Toulon, Francia.