“Los políticos tímidos e interesados se preocupan mucho más de la seguridad de sus puestos que de la seguridad de su país”: Thomas Macaulay (1800-1859).
 
No ha cambiado nuestra lectura del caso. El Partido Acción Nacional y su líder de facto, Felipe Calderón Hinojosa —porque actúa más como presidente de partido que de la República—, irán con todo para el 2012. No quieren perder la Presidencia ni la residencia oficial de Los Pinos que representa manejo del presupuesto público a su antojo y comodidades. Y están haciendo todo lo que consideran necesario para lograrlo. Todo menos lo que deberían haber hecho desde que están en la silla presidencial: brindar resultados a la población, que para eso fueron electos tanto Calderón como Vicente Fox.
 
Desde los tejidos considerados finos [que más bien perversos] con el Partido de la Revolución Democrática y su denostado presidente, Jesús Ortega Martínez, César Nava Vázquez le apostó al experimento en el 2009. Con todo y creyeron ganar coaligados en aquellas entidades como Sinaloa, Oaxaca y Puebla, lo sucedido fue más bien la pérdida del Partido Revolucionario Institucional. Los votantes de esos estados sepultaron temporalmente a los gobernadores priistas, caciques del viejo cuño que tanto daño generaron; como violencia generalizada, entorpecimiento de conflictos, represión, muerte de oponentes y profundización de las condiciones de vida de por sí lamentable que rayan en la pobreza y la pobreza extrema de las personas.
 
Pero los balances tanto del PAN como del PRD [con lo cual Ortega, titular del partido de la “izquierda”, intentó justificar hacia el futuro su cercanía con la derecha panista] fueron de auge y a partir de ahí pactaron las elecciones de 2011 en el Estado de México para ir juntos y sellaron —no se le puede llamar de otra manera— su compromiso de ir en alianza para la elección presidencial del 2012. El aquelarre partidista.
 
La elección del 2011 será ejemplar; laboratorio de esa coalición derechoizquierdista más rancia —“exótica y contradictoria”, la calificó el líder del PRI en la entidad Ricardo Aguilar— de lo antes imaginado dentro del espectro pluripartidista en México. Desde la definición del candidato común. Por eso tanto se ha criticado la pretendida imposición de Yeidckol Polevnsky, como la mejor posicionada para ser la candidata a la gubernatura por el PRD [después de Alejandro Encinas] por Andrés Manuel López Obrador, para disputar la entidad de Peña nieto al PRI.
 
El tema será la definición del candidato común. Y de ahí hasta la elección. Prueba de fuego u horno donde se cuezan los bolillos para el 2012. Será una elección sintomática premonitoria. Por no decir definitiva. Porque puede derivar en un candidato común PAN-PRD para la Presidencia. Y no precisamente alguno de los ya mencionados panistas de cepa. De ese tamaño, con tal de apostarle a no perder los Pinos.
 
Por eso el propio Calderón ha dicho recién que no descarta la posibilidad de que sea un “distinguido candidato ciudadano”; o un miembro del gabinete, gobernador o legislador, para no ser tan evidente. Uno que empuje la alianza derechoizquierdista, con tal de mantener la posibilidad e impedir la alternancia con la llegada nuevamente del PRI a la silla presidencial. Y en ese tenor el candidato puede ser desde el mismísimo Marcelo Ebrard, hasta posiblemente el exrector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, quien con su corazoncito y aspiraciones ha dicho ya que no pretende ir solo por la gubernatura del Edomex.
 
El hasta hoy Jefe de Gobierno es otra posible carta. Por eso mismo anda en campaña. Además sigue siendo el alfil de Manuel Camacho Solís, uno de los promotores principales de las alianzas entre el PAN y el PRD en las distintas entidades donde fueron juntos en 2009. Y Marcelo, quien tampoco vería mal ese aborto de coalición con tal de ir en su representación para la disputa contra el candidato del PRI, iría con todo.
 
Por cierto que del PRIno queda claro que el bueno sea el mismísimo Enrique Peña Nieto. El candidato de Televisa respaldado por el expresidente Carlos Salinas, y ciertamente de una parte importante del PRI. Pero quien está a la expectativa es Manlio Fabio Beltrones. El líder del senado que no se descarta para brincar al ruedo. Pero ese es otro cantar.
 
Al igual que la candidatura presidencial de Andrés Manuel, El Peje y la elección interna del PRD, donde los perredistas no tan fácilmente le dejarán a Los Chuchos el partido, porque ya saben que es capaz de venderle el alma al diablo. Por ahora nos ocupan las ambiciones del PAN, y del PRD de Chucho Ortega, que van muy de la mano.
 
Y el problema de fondo, lo que desdeña el líder de facto del PAN, Felipe Calderón [el arribo de Gustavo Enrique Madero con el “abanderamiento democrático”, no cambia los planes presidenciales; todo lo contrario, porque el nuevo dirigente se alinea y obedece; prueba de ello es que tan luego fue galardonado dijo estar a favor de la alianza con el PRD en el Edomex y que trabajará en ello], es que no bastan solamente ni el candidato o la coalición con la “izquierda”. Lo que los votantes tendrán muy en cuenta es todo el deterioro de sus condiciones de vida que han alcanzado durante los dos sexenios del panismo. Y eso es lo realmente importante. Variable que está total y absolutamente fuera de control del PAN, que ambiciona repetir en la conducción de México. Ni se diga el tema de la seguridad, que ha orillado al país al borde del abismo.
 
Pronto se verá que, el de Felipe Calderón ha sido uno de los peores sexenios que ha padecido el país. Y los mexicanos no olvidan fácilmente, aunque luego los políticos piensen lo contrario. Por eso mismo hay posibilidades tanto del retorno del PRI [que no del viejo PRI], como de meterse a la lucha el propio Andrés Manuel. El primero tiene opciones de ganar, no así el segundo sin el caparazón partidario, porque el Partido del Trabajo es insuficiente. Incluso con el apoyo de Convergencia. Pero es claro que participará en la contienda.
 
Frente a esas alternativas y con un PAN perdedor o sin resultados, lo único que le quedaría, sin embargo, sería repetir el fraude electoral del 2006. Esa puede ser la verdadera sorpresa que tenga el PAN preparada para los mexicanos. La trampa, para hace creer que los azules de la derecha seguirán en la silla presidencial por seis años más. Solo eso nos faltaba.
 
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