*El gobierno de Cowen es la primera víctima
 
*Inconformidad social y rechazo generalizado
 
“De aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero”: Benjamin Franklin (1706-1790).
 
Más que a Estados Unidos, a la Unión Europea (UE) le preocupa lo que ocurra entre los países integrantes durante la actual etapa recesiva. El turno ahora es de Irlanda. Ah, pero eso sí, dice que no se mete en los asuntos internos de los países, y que sólo vigila las acciones. “No dictamos las medidas, evaluamos las que se toman [en Irlanda]”, dijo Amadeu Altafaj, el vocero de Asuntos Económicos de la UE. No adoptan posición alguna con respecto a la política doméstica y democrática de ese país, “pero es esencial que el presupuesto [para el 2011] sea adoptado a tiempo para concluir las negociaciones de la ayuda de la UE y el FMI (Fondo Monetario Internacional)”.
 
La verdad es que la UE le tema a la incertidumbre, a la caída del euro y a la pérdida de las bolsas europeas. Al desplome del sector de las finanzas. Ni se diga que el temor es fundamentado porque salvo Alemania, el resto de los 24 países no tienen para cuándo salir de la actual crisis económica. Bueno, pero para eso está el salvador FMI. Sin condiciones de por medio, dice. La verdad es que tanto el FMI como el Banco Mundial son los guardianes de pretendida “estabilidad” macroeconómica de los países. Prestan, agiotistas como grandes bancos, siempre y cuando los gobiernos de los países se sometan a fuertes medidas contraccionistas.
 
Así, con todo y los temores que tiene el presidente irlandés, Brian Cowen, a la proliferación y generalización de las protestas por parte de los trabajadores y de la sociedad en general [se esperan para el próximo 27 en Dublín; y por eso, incluso, ha solicitado el apoyo de la oposición], la debilidad económica de su país obliga a tomar medidas de austeridad tal y como las exige el FMI, y en ese sentido ayer anunció dichos recortes. Es decir, no se trata sólo de la aprobación del presupuesto para el 2011 sino aparte de otras acciones que tienen que ver con al menos dos puntos: 1) la reducción gradual del subsidio al desempleo, 2) el recorte a los salarios mínimos, con el fin de estimular el empleo (¡sic y recontra sic!).
 
Hemos comentado en otras ocasiones que cualquier tipo de medidas de austeridad impuestas desde los organismos financieros internacionales —con fines de lograr la famosa “estabilidad macroeconómica”—, el BM y el FMI como perversa mancuerna que resguarda los intereses de Estados Unidos en el mundo, reaccionen en perjuicio de los países en cuestión y en detrimento siempre de las clases trabajadoras. Sobre todo porque se afectan por un lado los salarios y por el otro cualquier tipo de prestaciones sociales desde el Estado. Todo en detrimento de los niveles de vida de las poblaciones que se traten.
 
En fin, el gobierno de Cowen anunció apenas ayer, como estaba previsto desde el domingo pasado cuando hizo la petición formal de los 90 mil millones de euros para el rescate, un paquete de recortes destinados a ahorrar unos 20 mil millones de dólares durante los próximos cuatro años. De entrada una reducción del gasto público por 10 mil millones y un incremento de los ingresos por 5 mil millones de euros, unos 6 mil millones de dólares [casi el 10 por ciento del PIB irlandés]; 40 por ciento de los cuales deberán entrar a las arcas del Estado en 2011.
 
A la par se aplicará un aumento del IVA del 21 al 23 por ciento progresivamente, el recorte de casi 25 mil empleos hoy trabajadores del Estado y una baja en el salario equivalente a un euro, a 7.65 euros; a la vez el pago por el consumo de agua a partir de 2014, un servicio que los irlandeses solventarán por primera vez. Por eso mismo, el gobierno de Cowen es cuestionado por los organismos opositores, y le han exigido —de ahí que se diga ya que el gobierno es la primera víctima de las medidas anunciadas de recortes y su consecuente repudio—, la realización de elecciones anticipadas y prometidas para enero entrante.
 
Pero mientras el gobierno asumirá sus costos —como también lo hemos dicho en estos espacios—, los verdaderos culpables no son castigados sino premiados: el sector financiero en general, pasando por los bancos que prestan los servicios directos a los ahorradores. Los recursos serán para aumentar el capital en los bancos del 8 al 12 por ciento y fortalecer así la confianza de los inversionistas en el sector y no desalentar al capital extranjero, luego que la agencia Standard and Poor´s rebajó la calificación de riesgo de deuda de AA a A, y redujo la calificación de corto plazo de A-1+ a A-1, lo que colocó al país en “lista de observación” [para otra posible baja].
 
En otras palabras, el monto del rescate que será no de 90 mil millones como lo solicitó Cowen el domingo pasado, sino de los 85 mil millones de euros (unos 113 mil millones de dólares), es “para recapitalizar a los bancos y apoyar a las finanzas públicas. No obstante que la cifra no es definitiva todavía y su aprobación será para el domingo 7 de diciembre”. Dinero a la basura, o que nada retribuye a la población que cargará el coste.
 
Además del aval, la entrega de dichos recursos por parte de la UE y del FMI, está colgada de la aprobación por parte del Parlamento irlandés del presupuesto 2011 que incluye las medidas de contracción mencionadas y anunciadas ayer por el gobierno de Cowen. Todavía falta que soporte las protestas callejeras de la población trabajadora que rechaza las medidas y con toda la razón.
 
El caso es que, sin otro tipo de alternativas que las medidas de austeridad exigidas por el FMI —ya para Grecia, Irlanda, Portugal o España—, el problema es que eso no resuelve la crisis sino que la profundiza. Tanto a escala de país, como a nivel general de la UE en este caso, y mundial. Y visto está que ni la des-UE, ni EU, ni Japón o cualquiera otro país de los desarrollados tienen alternativas distintas que castigar a los trabajadores.
 
Pero esas medias, insisto, tanto profundizan la actual crisis como deterioran el poder adquisitivo de las personas que laboran por un salario dañando su poder adquisitivo y al propio mercado. Nadie encuentra la luz al final del túnel, tampoco la salida. Ayer mismo sufrieron pérdidas las bolsas y los precios del petróleo por los riesgos al contagio irlandés. La situación de alerta seguirá. Hoy en un país, mañana en otro.