La Universidad de Panamá nació en un día como hoy hace 75 años. Apareció en 1935, en una coyuntura extraordinaria para el desarrollo y consolidación de la nación panameña. Inserto en los procesos de expansión del mundo capitalista por varios siglos, resultado de su privilegiada posición geográfica, Panamá estaba a punto de iniciar una transformación radical de sus estructuras sociales.
 
Con motivo del aniversario, la Facultad de Humanidades acaba de publicar el libro “Las humanidades en la Universidad de Panamá”, de los profesores Carmen G. Córdoba y Marco A. Gandásegui. El libro recoge un conjunto de ensayos sobre un selecto grupo de hombres y mujeres que contribuyeron a la casa de estudios superiores y al desarrollo del país. Además, el volumen recoge varios artículos de los fundadores de la Universidad.
 
Según el libro, en 1935 “la República de Panamá fundada apenas tres décadas antes (1903) tenía que consolidar sus instituciones. Además, el país se preparaba para crear el mercado nacional con la construcción de carreteras, la modernización del sector agropecuario y el surgimiento de fábricas. La demanda de obreros productivos, técnicos de todos los niveles, profesionales y científicos para administrar el nuevo Estado panameño se percibía claramente en el horizonte”.
 
Como consecuencia, “la Universidad de Panamá fue convocada apenas creada para dar forma a ese ejército moderno de hombres y mujeres preparados para asumir las responsabilidades de hacer realidad el proyecto de nación anhelado por todos los panameños. El país apenas tenía una población de medio millón de habitantes pero su actividad económica era vibrante, en parte gracias a la ruta de transito y el Canal de Panamá. Las oportunidades eran múltiples pero sus posibilidades eran frenadas por la existencia de una estructura social dependiente y una escasez de hombres y mujeres con las herramientas intelectuales para construir el mundo nuevo anhelado”.
 
La Universidad de Panamá nació en medio de una lucha ideológica entre fuerzas liberales y conservadores. “Esta lucha entre lo viejo – decidido a no morir – y lo nuevo – que aún no se hacía realidad – remecía toda la estructura social panameña”. El crítico intelectual Roque J. Laurenza lo plantearía en 1933 en su famosa intervención sobre los poetas republicanos en el Instituto Nacional:
 
“La nueva generación quiere disparar la vida panameña hacia un nuevo horizonte, preñado de promesas, (pero la) tradición pesa sobre la conciencia nacional con su aparente suficiencia”.
 
La Universidad de Panamá sigue siendo – y lo será siempre – la expresión de ese nuevo mundo que se está construyendo. Refleja al país que se esfuerza por dejar atrás el pasado y avanzar hacia el futuro. Es la lucha entre las estructuras del pasado y las nuevas que apuntan hacia el futuro. Un futuro, sin embargo, no conocido, por construirse, lleno de esperanzas y con proyectos sociales definidos.
 
El libro recién publicado se refiere a los debates que han caracterizado a la Universidad de Panamá en 75 años de historia. “Los debates y los enfrentamientos ideológicos emergieron inmediatamente. Hombres y mujeres de la talla de Octavio Méndez Pereira, Jephta Duncan y Georgina Jiménez se lanzaron a la palestra. No se quedaron atrás Baltasar Isaza Calderón, Diego Domínguez Caballero y Otilia Arosemena de Tejeira.
 
Los debates entre conservadores y liberales, fueron rápidamente superados por las ideas reformistas de la siguiente generación de universitarios. Es el período en que emergen las organizaciones de las capas medias, los gremios de la clase obrera y una juventud combativa, dispuesta a reivindicar la Nación. “Si las generaciones de pensadores críticos llenaron los pasillos universitarios con sus ideas en sus primeros años, la nueva generación que la sucedió no perdió el paso y trajo intelectuales como Isaías García, Ricaurte Soler, Reina Torres de Araúz, César de León y Víctor Avila”. Todos estos docentes e investigadores, hombres públicos y forjadores de ideas tenían en común su compromiso universitario y su práctica diaria de compartir ideas con la juventud. En el plano ideológico, los humanistas universitarios se enfrentan en forma permanente apuntando en la dirección que consideran urgente para hacer realidad el proyecto de nación.
 
 “Estas figuras – juntos con Rodrigo Miró, Ángel Rubio, Carlos M. Gasteazoro, Alfredo Castillero y tantos otros – tenían otro elemento en común. Eran profesores de la Facultad de Humanidades semillero del pensamiento más progresista de Panamá. Ser humanista era y es, por definición, ser progresista”. Nos legaron la tarea impostergable de construir un futuro nuevo y mejor – sin perder nuestra identidad – sobre el cual tenemos que avanzar sin prisa para llegar más rápido a nuestro destino como nación.
 
7 de octubre de 2010.
 
– Marco A. Gandásegui, hijo es Profesor de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA. http://marcoagandasegui10.blogspot.com
 
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