“Hay hombres cuya conducta es una mentira continua”: Barón de Holbach (1723-1789).
 
“¿Qué le falta a Acción Nacional?, le falta alma, le falta ánimo”. Lapidario, porque es verdad. Así se cuestionó y confesó entre militantes Felipe Calderón, no como Presidente de la República sino como lo que siempre ha sido desde que está en la cumbre del poder político: el presidente del Partido Acción Nacional. Porque ha ejercido una presidencia tendenciosa, personalista-caprichosa, empecinada, autoritaria, de medio tiempo, desde las pantallas de la televisión y retadora; más digna de una parcialidad partidista que institucional, que resuelva, con propuestas, como se requiere de un estadista para gobernar un país con el tamaño de los problemas del México de hoy.
 
Pero la arenga calderonista, del jueves 23 durante el festejo con motivo del 71 aniversario de su partido, fue por la disputa electoral del 2012. Porque van tras la Presidencia por tercera vez, hacia “conquistar nuevamente el poder y la voluntad de los ciudadanos”, dijo ante un auditorio repleto de funcionarios públicos, senadores, diputados, gobernadores y militantes “distinguidos” del partido y de los estados —además de embajadores, según crónicas periodísticas— porque “son la mejor opción”. ¿Con qué o con quién?
 
¿Cuál opción representa el PAN para el país? Para comenzar, un asunto sintomático y distintivo. Calderón y su partido ya se olvidaron de Diego Fernández de Cevallos. Nadie se acuerda. Cevallos está en el olvido, según se dice, hasta de su familia. El colmo, que ni el partido se preocupa por su secuestro; del rescate, su destino, de buscarlo, de nada. Ni se diga porque los panistas han contribuido al clima de inseguridad en que está postrado el país, y del cual Diego es una importante víctima ahora, como lo es el resto de los ciudadanos.
 
¿Con esas directrices, donde ni Cevallos le interesa a los panistas, creen que volverán a “conquistar la voluntad ciudadana”? ¿Así pagan a los amigos? Ya se les olvidó que lo que tienen ahora como partido, lo disfrutan en buena medida como resultado de las gestiones —mejor llamadas concertacesiones— del mismísimo Fernández de Cevallos con el salinismo-zedillismo, desde los años de la descomposición priista cuando las pugnas al interior de la elite del poder alcanzaron para asesinar al candidato presidencial Luis Donaldo Colosio?
 
Resulta sintomático, porquedel mismo modo en que los panistas se olvidan de un dirigente que llegó a la candidatura presidencial en 1994, como El Jefe Diego, desdeñan todo lo demás. Con eso demuestran que sólo les interesa el poder por el poder. Ni los amigos, ni los principios, ni el país; sólo las ventajas que derivan de controlar el aparato estatal, en su propio beneficio y de los empresarios que están detrás. Para eso quieren nuevamente la Presidencia, para seguir sirviéndose de ella con la cuchara grande.
 
Y con eso presume Felipe Calderón que puede ganar de nuevo el 2012. ¿Y las propuestas de país? ¿En dónde están que no las ha mostrado en lo que lleva de un sexenio que se le escurre como el agua, al igual que le ocurrió a Vicente Fox? ¿No se da cuenta que su principal batalla contra la inseguridad la tiene perdida? Un presidente del empleo de palabras, como la educación y todo lo demás. Más preguntas que respuestas.
 
Vacías suenan, también, las propuestas del dirigente César Nava, cuando en dicho evento aseguró que: “El PAN recuperó el camino hacia la victoria, tras los resultados electorales de julio pasado, que ha derribado el mito del inevitable regreso del PRI a Los Pinos. Hoy podemos decir que estamos de regreso, con más fuerza y ánimo que nunca, para ganar el tercer gobierno panista en 2012”. ¿De dónde saca Nava tanto optimismo desbordado y sin sentido?
 
Calderón presume que, como partido, han “derrotado maquinarias más poderosas de las que ahora están construyendo”. ¿Se refiere al rechazo a las alianzas en el Estado de México? ¿O a la cada vez mayor oposición al interior del PRD a la fragua de alianzas con el PAN, como única opción que tienen los panistas de ganar? ¿Se trata de la maquinaria priista que parece irremontable ahora, en el 2011 y en el 2012?
 
Sin un ejercicio del poder confiable, sin el apoyo ciudadano y partidista —de la “izquierda” de Los Chuchos, claro—, ¿cómo supone Calderón el “cierre de filas para fortalecer la identidad y para volver a la conquista del poder, porque esa lucha es legítima (que lo es). Ésa es la clave de la victoria electoral”? Lejos de amigos como Diego, de los compromisos con el país y de la propia democracia que alentó la creación misma del partido —como tanto gustan los panistas de citar a Gómez Morín, su fundador—, les caben mejor las críticas propinadas por Carlos Castillo Peraza, citadas por el propio Calderón.
 
“Que los panistas se avergonzaran de sí mismos y se sintieran como perros acosados”. Citando también antiguos panistas, “aquellas orugas doctas que se escondían en su torre de marfil y no se daban cuenta de que se convertiría(n) en un pedestal de imbéciles”. O, ¿a qué correligionarios llamó Calderón cuando pidió “asumir la fuerza de la democracia porque no somos hordas ni fábricas de insolencias”?
 
¿Y con qué candidato creen Felipe Calderón y el PAN que van a ganar el 2012? ¿Con César Nava o Santiago Creel, con Alonso Lujambio o Josefina Vázquez Mota, con Molinar Horcasitas o Javier Lozano, quemados todos? ¿Y con qué propuesta de país? ¿Con algún otro ardid de cambio? ¿Con los mismos preceptos neoliberales de más privatización o simple golpeteo a ciertos monopolios para desarticularlos, en tanto se fortalecen otros como las televisoras con su neopolítica de telecomunicaciones? ¿En dónde estará el hilo negro, el modelo de país con el cual consideran los panistas que volverán a ganar el 2012? ¿Con nuevas promesas?
 
Hasta ahora el PAN no ha sabido gobernar, ni encontrar salida a la problemática social. Y eso lo sabe la gente, el ciudadano que vota. No lo han demostrado en dos sexenios. ¡Ni uno más! Un tercero orillaría al desastre nacional, peor de lo que se padece ya. Por eso, si el desánimo no es del PAN, sí lo está entre la población a nivel nacional. ¿A dónde creen que van Felipe Calderón y el PAN?