Es muy singular el proceso electoral que estamos viviendo en Lima. Prácticamente ha absorbido la atención y diluido lo que puede estar ocurriendo en las distintas regiones, quizás por reiterar una vez más el peso que tiene Lima como “ciudad desenlace” de la política nacional en el Perú. Más aún, cuando hay conciencia en la clase política de que el resultado final de las votaciones municipales y regionales (3 de octubre), quiérase o no, será bastante influyente de lo que venga como proceso electoral para las presidenciales de abril 2011.
 
 De todos modos, ha habido sucesos que van haciendo de este proceso algo peculiar. Lo primero, fue la polarización con la que se inició el calentamiento de la contienda electoral. Cuando Lourdes Flores del PPC – UN se lanzó al ruedo electoral municipal, demarcando una línea entre la decencia y la corrupción (para referirse con esto ultimo a la candidatura de Alex Kouri, vinculado implícitamente al Fujimorismo). Las dos candidaturas eran las que prácticamente cubrían lo principal del espectro electoral, ambas vinculadas a la derecha política, seguido por una serie de siete candidatos menores que aspiraban a hacerse de un espacio propio. En particular podemos destacar entre ellas las candidaturas de Susana Villarán (Fuerza Social) y Humberto Lay (Restauración Nacional), quienes habían sido candidatos a la presidencia en las elecciones del 2006.
 
Recuerdo que, hace unos meses, conversando con un amigo de Fuerza Social, veíamos lo difícil que sería para Susana Villarán tener una buena performance y, sus seguidores, apostaban a un 10 – 12% como resultado significativo. Veíamos que una clave para hacer crecer sus posibilidades electorales sería el radicalizar el discurso de la decencia y la lucha anticorrupción, ya que Lourdes tenía algunos límites que no la harían del todo consecuente con dicho discurso. Creo que no nos equivocamos por el vínculo nunca desechado de Lourdes Flores con el señor Cataño, acusado de narcotráfico y otros delitos.
 
 Un segundo momento fuerte del proceso en Lima se produce con la “inocente” tacha que se presentó contra Alex Kouri. En realidad, casi todos pensamos que ello no pasaría de un formalismo que sería desechado, más aún por tratarse de uno de los candidatos “favoritos”. Sin embargo, contra todos los pronósticos, vinieron los fallos en primera y segunda instancia del Jurado Electoral y se tachó la candidatura. Debo reconocer que estuve entre los asombrados de que la institucionalidad funcionara en este caso y de manera totalmente válida. En realidad, nos hizo nacer un profundo sentido de esperanza, casi como cuando los jueces a cargo de los juicios del ex Presidente Fujimori no dudaron en aplicarle el peso de la ley correspondiente. Lo cual nos hace pensar que no todo, en los poderes del actual Estado, está digitado o sujeto a “movidas” corruptas.
 
Ese hecho recompuso el panorama político en Lima, coincidente con cierto repunte que empezaba a tener Susana Villarán, curiosamente iniciado desde los sectores sociales más altos (A/B) y que después se expandiría a otros sectores. Susana, es una mujer sencilla, serena, entusiasta y con capacidad de sintonizar con la población que iba visitando de “a pie”, así como con capacidad de propuesta (gracias a un excelente equipo técnico que la acompaña). No debemos dejar de decir que su base también se sustentaba en amplios sectores de izquierda que intentaban hacer un nuevo esfuerzo de recomposición, incluyendo a los propios vinculados al Partido Nacionalista de Humala. Sin poder hablar de una alianza propiamente, se generó una convergencia que allanaba el camino a una posibilidad de centro izquierda liderada por Susana. Lo importante en esto ha sido el rol jugado también por ella misma de ir construyendo un liderazgo que se empieza a reconocer con mayor madurez.
 
Un tercer momento, se da con la manera cómo se va llenando el espacio dejado por la salida de Kouri. Dicha situación pone de mayor relieve las incoherencias del discurso de Flores (lucha anticorrupción sin deslinde claro con Cataño); sufre descolocación respecto a la polarización inicial con la que inició su campaña (y que intenta erróneamente trasladarla contra Susana, bajo el cuco de vínculos con la “ultraizquierda”); y su poca voluntad de escuchar otras voces críticas (por ejemplo, Jaime Bayly se convierte en uno de sus duros contendores). A ello habría que agregarle (por lo después sabido de audios telefónicos) su poca voluntad política de realmente ganar la alcaldía limeña.
 
Ese proceso seguirá en las dos semanas siguientes, donde se produce un acelerado repunte de Susana Villarán, la misma que llega a ponerse a la cabeza de las preferencias electorales (33%, Ipsos – APOYO, 12 setiembre). Cuestión que coincide con manifestaciones de arrebato de la candidata Lourdes Flores (audios telefónicos por ilegal “chuponeo”) que serán rebelados y pondrán en evidencia aspectos de una crisis seria sobre su misma candidatura y del propio proceso electoral (en tanto atenta contra el conjunto de la institucionalidad democrática). El debate público televisado de todos los candidatos (organizado por la Asociación Transparencia), actuará como mecanismo que ayudará a normalizar el proceso electoral y a cerrar filas en contra de prácticas manipulatorias como la rebelada.
 
Podría darse la apariencia que la “mesa esta servida” para la candidata Villarán. Sin embargo, no todo esta resuelto y sería fundamental que todos los candidatos pudieran establecer puntos de acuerdo mínimos sobre lo que debiera hacerse en la Alcaldía para los próximos 4 años, tanto para iniciativas más vecinales en torno al reordenamiento del tránsito vehicular, de la policía para garantizar mayor seguridad, el desarrollo de iniciativas de emprendedurismo, la mejor planificación del gasto municipal en cada distrito, entre otros. Así como cuestiones de mayor envergadura que involucran al gobierno central, en torno a iniciar un subterráneo (“Metro”), cómo resolver el tema de los grandes colectores de aguas servidas que van al mar, cómo encaminar el turismo en Lima y el mejor aprovechamiento de sus áreas verdes y playas, el tema de la educación y la juventud, entre otros.
 
En paralelo a lo mencionado, creo que todo debe pensarse sobre la base de ayudar a fortalecer la institucionalidad democrática y el sentido ciudadano en todas las personas. Aunándonos todos a compartir la responsabilidad que significa el logro de un mejor bienestar de los vecinos en cada municipio del país (tanto de Lima como del interior del país).
 
Cada vez me convenzo más sobre lo clave de estar de acuerdo en ese camino y de atenerse a dichas reglas de juego para todos sin excepción. Incluyendo de la mejor manera a todos aquellos que pueden jugar a desestabilizar la política, ya sean sectores de izquierda radicalizada o sectores sociales no atendidos en sus demandas; situaciones o hechos de corrupción; reiteración de prácticas “montesinistas” (como los diversos “chuponeos”); decretos solapados a favor de la impunidad y violatorios de los derechos humanos; personajes como Rafael Rey, Giampietri, Xavier Barrón u otros similares. 
 
 Para terminar, en el caso de Lima no niego mis simpatías por la candidata Susana Villarán y creo, como muchos, que la izquierda también puede ser una buena alternativa de gobierno, cuestión que, en el municipio limeño, ya lo demostró con Alfonso Barrantes Lingán entre 1983 y 1986. Nada de lo cual la hace inmune a posibles errores y limitaciones. Pero podemos afirmar sin equivocarnos que estamos ante una nueva esperanza para el pueblo y debemos todos colaborar a que sea algo mucho más que “flor de un día”.