En una entrevista a Jeffrey Goldberg de la Revista The Atlantic, Fidel Castro expresó que el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para los cubanos. Como era de esperarse de la prensa frívola, dicha frase pronto despertó un sin número de especulaciones. Desde que es un “espaldarazo a las reformas de Raúl Castro”, hasta que es un “reconocimiento del fracaso del modelo cubano en los ámbitos económico, político y social”, concluyendo con que “Castro prevé para Cuba una implosión similar a la que hizo colapsar al mundo comunista”.
 
Sin embargo, para desilusión de los medios sensacionalistas y hueros, Castro simplemente se refiere a la nueva fase que la Revolución cubana, obligadamente, tiene que pasar para evitar, precisamente, el retorno a formas ya rebasadas.
 
Pero, lo más simpático es que las elucubraciones estas provienen de medios de países donde sus poblaciones mayoritarias viven en condiciones precarias de ignorancia y salud, para citar las elementales, a tal punto que muchos profesionales cubanos entre médicos, enfermeros, maestros, licenciados en deportes, músicos, etcétera, han venido para paliar la situación grave de las mismas a través de métodos novedosos y cuya mejora está evidenciada en estadísticas de los Ministerios de Salud, Deporte y Cultura y Educación de esos países. Y, esto, hay que señalar, no solo responde a una política errática de los gobiernos de turno sino a una política de Estado controlado por una clase oligárquica minoritaria pero poderosa que no le interesa, en lo más mínimo, atender esas necesidades. Detallitos estos, que los medios que hoy especulan sobre las declaraciones de Castro y tratan de adivinar si Cuba volverá o no al capitalismo, no informan, ni discuten. No sabemos si por carencia de profesionalismo de parte de su plana reporteril o por una política trasnochada trazada por sus dueños.
 
Lo cierto es que, mientras esa población mayoritaria, golpeada por la miseria, especialmente en el campo, es reducida a la mínima expresión a través de la destrucción, la pérdida de bienes y la muerte por los meteoros atmosféricos que nos azotan y nos han azotado, los editorialistas dedican sus espacios a jugar a los analistas en vez de señalar los jugosos negocios de la reconstrucción que se hacen a costas del sufrimiento de esta gente y a costa de los impuestos y el endeudamiento que, como siempre, tendremos que pagar la mayoría del pueblo no así los ricachones de abolengo y los nuevos que van surgiendo al amparo de los negocios con el Estado.
 
Si Castro dice que el modelo cubano ya no funciona para los cubanos, qué podremos decir acerca de este sistema podrido que nos sojuzga, nos mantiene en la miseria y no nos deja satisfacer las necesidades más elementales de tipo material y espiritual a la mayoría de los habitantes de nuestros pueblos. ¿No creo que nuestros editorialistas se atrevan a defenderlo? ¿O, si? Éste, donde “hasta” los cubanos, cuyo sistema, a opinión de los sesudos editorialistas, está desfasado, vienen a ayudarnos.
 
Será que la prensa escrita puede hacer un esfuerzo mínimo de comparación de cifras, por ejemplo, de analfabetismo, atención sanitaria, mortalidad materno-infantil, mortalidad infantil, cobertura en educación a todos los niveles, nivel deportivo, para citar unas cuantas entre sus países de origen y Cuba. ¿Será mucho pedir? Porque, si logran comprobarnos a los lectores que nuestros países están muy por encima de Cuba en la atención a su población, es momento de callarnos.
 
Los medios nos tienen que proporcionar a los lectores esos reportajes que nos enriquezcan para lograr su objetivo supremo que es informar.
 
Si somos buenos para señalar la supuesta paja en el ojo ajeno debemos ser buenos para ser autocríticos y visualizar la viga que está en el nuestro.
 
 La prensa tiene la palabra.
 
Lic. Carlos Maldonado