Hoy domingo en Venezuela se celebra el Día del Niño, por lo que invitamos a nuestros lectores a que conviertan esta fecha de “diversión infantil” por una jornada de reflexión profunda sobre los pequeños afrodescendientes que viven en Venezuela y América Latina
 
En la actualidad, como resultado de un traumático proceso histórico marcado por la trata negrera, el sistema esclavista y la discriminación racial, en América “Latina” y el Caribe hay más de 159 millones de afrodescendientes que en su mayoría se encuentran en situación de pobreza.
 
De esta cantidad de personas, según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), “los niños y niñas pertenecientes a indígenas y afrodescendientes, con un promedio de 5 a 7 años son víctimas de discriminación racial, tienen menor índice de escolarización, mal nutrición y altos niveles de pobreza”.
 
Asimismo, desde la Unicef aseguran que "existe un claro patrón de discriminación contra esos grupos", así como lamentan que los gobiernos democráticos de la región en las últimas décadas hayan sido incapaces de revertir ésta situación. Cabe destacar que de los casi 160 millones de afrodescendientes (una gran parte en Brasil) y entre 40 y 50 millones de indígenas que viven en este lado del mundo, la mitad son niños "que sufren de discriminación económica, social y cultural".
 
Ancestralidad y cultura
 
A pesar de la ausencia de programas contextualizados y dirigidos específicamente a este sector etnoinfantil, sin dejar de mencionar los esfuerzos de algunos gobiernos de la región, el problema no ha sido atacado con contundencia para solventar esta situación de exclusión. Hasta el momento sólo han habido intentos que no han ido mas allá del asistencialismo y el paternalismo estatal y privado.
 
Sin embargo, es bueno resaltar que la identidad cultural de los niños afro se ha conservado. La fuerza de resistencia ancestral de estos pequeños les ha permitido luchar contra las adversidades en un hábitat poco afable: Pobreza, violencia intrafamiliar, pornografía, prostitución, explotación laboral, secuestros para los ejércitos paramilitares. Esta energía estoicista es una respuesta de estos jóvenes y sus comunidades ante la ausencia o poca presencia del Estado. Es importante destacar que entendemos por resiliencia cultural el coeficiente de inteligencia que tiene el ser humano (en este caso niños y niñas) para enfrentarse a la adversidad en todas sus dimensiones. En la formación de esta estructura mental la cultura y la identidad (que forman los valores) juegan un papel esencial para luchar y lograr sus proyectos de vida. Ejemplo de esto son Bob Marley, Nelson Mandela, y la cimarrona Manucha Algarín.
 
Cátedra de percusión
 
Desde el año 1991, en Barlovento se creó la Cátedra de Percusión de Música Afroamericana, bajo al dirección de Miguel Urbina y Jhonny Rudas. En ese entonces se trabajó en varias comunidades rurales del municipio Andrés Bello, de las que salieron grandes percusionistas como Kenny Quintana. Aunque otros que no pudieron resolver sus problemas de pobreza mas tarde morirían en la cárcel de El Rodeo, el programa demostró que reforzando la resiliencia cultural se pude lograr que los niños se formen una perspectiva propia.
 
Este proyecto fue retomado recientemente como la Cátedra del Percusionista, pero fue incomprendido en su implementación. En primer lugar, por una actitud racista de quien encabezaba la Dirección de Música del Ministerio de Cultura. En segundo lugar, por la desacertada articulación de la Alcaldía de Andrés Bello, lo cual considero que fue un error.
 
Este proyecto debe ser retomado, ya que es considerado por la Unicef como uno de los más significativos de América Latina y el Caribe, pues no trabajó sólo la música sino también la contextualización cultural afro, los aspectos psicosociales y el tema familiar. Fue más allá. No se trató de la percusión por la percusión sino de la percusión como un eje de integración de la personalidad y la esperanza de construir un humanismo desde la infancia.   

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