Cuando el debate sobre el proyecto de la Ley de Comunicación alcanza el punto más controversial, debido a las viejas prácticas políticas en la Asamblea, aquellas que no se han desterrado del antiguo Congreso, sino que más bien se agudizan; habría que señalar como indispensable la distinción entre medios estatales, privados y comunitarios, pues la opinión pública no tiene claridad al respecto acerca de los dos últimos. Incluso, un gran porcentaje de la población ni siquiera sabe cuáles son los medios estatales y otros nunca han escuchado de los comunitarios.
 
Para hablar de los medios estatales es necesario traer al debate una vieja discusión: Estado no es Gobierno y Gobierno no es Estado. Por lo tanto, los medios estatales no son de beneficio exclusivo de ninguna administración, ya que son de la ciudadanía en general. Es decir, están sobre los gobiernos, por lo cual estos medios deben rendir cuentas de su accionar a los 14 millones de ecuatorianos. Eso implica, informar sobre sus recursos, su parrilla de programación, sus normas de control de calidad, nómina de profesionales, etc. Casos de medios estatales son la BBC en Inglaterra, la TV Española, la RAI en Italia, Televisión Chilena, entre otros.
 
Por lo general, los medios estatales tienen comités conformados por diversos y diferentes sectores de la población, con gran calidad ética y profesional, que avalan y sugieren acciones, además que evitan las intromisiones del poder, pues responden a la ciudadanía y no a ningún partido político. Los medios privados, como bien lo dice, su palabra son de propiedad de un o varias personas que se autofinancian con la publicidad y propaganda de sus anunciantes. No tienen comités ciudadanos, por lo cual su planificación es propia. Sin embargo, más allá de que son empresas, tienen la delicada tarea de informar, entretener y educar. Y en este sentido también son sujetos del escrutinio público, pues la audiencia castiga o ensalza.
 
Los medios comunitarios no son una propuesta nueva, ya que desde los años 50 del siglo pasado se instituyeron como una contestación ideológica, cultural y política en contra de la cultura de masas. En la actualidad, estos medios son impulsados por movimientos sociales que quieren visualizar su propuesta desde la mediatización. Como se puede ver, hay tres tipos de medios, pero todos están atravesados por los deberes y derechos que consagran los instrumentos internacionales: hacer su trabajo sin perjudicar al otro. Eso es todo.
 
Una de las preguntas claves en este debate es si el reparto de las frecuencias debe ser igual a todos los medios o, acaso, sería mejor introducir reglas claras para que se otorguen las frecuencias por concursos de oposición y méritos (pero verdaderos concursos), dejando a un lado las prácticas clientelares, corporativas, asistenciales y las palancas, y la monopolización de los grupos económicos.