El narcotráfico es una auténtica y gravísima amenaza a la estabilidad mundial y, después de muchos años, está sucediendo lo peor: se acepta como un “efecto colateral” del sistema económico, de la desequilibrada y confusa gobernación global que ha situado al mercado como protagonista de la política planetaria, en lugar de los principios democráticos.
 
Mientras haya demanda habrá oferta. El alto precio no impide que quienes las buscan primero y las necesitan más tarde, dejen de obtenerlas. Hacen todo lo imaginable y lo inimaginable para conseguir las dosis que requieren.
 
Debería, como en el caso del alcohol, estar al alcance de quienes deciden consumirlas a precios asequibles, muy baratos. De este modo, rápidamente, las mafias dejarían de tener sentido. Sería un golpe decisivo, que haría que desapareciera una de las mayores lacras que afectan a la humanidad. Creo sinceramente que sería la única forma de eliminarlas. Ya está demostrado que no se eliminan por la fuerza.
 
Debería hacerse una gran campaña, en la que colaboraran todos los medios de comunicación, toda la sociedad implicada, para la mentalización contra la droga.
 
Puede objetarse -yo mismo lo hice hace años como neurocientífico- que se corre el peligro de aumentar el consumo… No es cierto. Ya se encargan los traficantes, de todos los niveles, de poner la droga a disposición de los consumidores, cada vez -como en el “botellón de drogas”- más jóvenes, más incautos.
 
La drogadicción produce efectos muy negativos en la salud -sobre todo en las neuronas-, en la voluntad, en la vida de los drogadictos… Y de los familiares. He visto tantas familias destrozadas, empobrecidas, arruinadas en todos los sentidos, por el consumo de drogas. En último término, por las dimensiones del tráfico y su impacto económico y delictivo, el consumo de drogas afecta a la sociedad en su conjunto.
 
Debemos dedicar a combatir la drogadicción el mismo esfuerzo que se ha destinado al consumo de tabaco, y que ahora trata de implicar a la sociedad para hacer frente al cambio climático, la pobreza o el SIDA. Es un gran reto. El bienestar de muchísimos seres humanos depende de un replanteamiento radical de esta cuestión, que no debe considerarse como una “afección” irremediable del mundo actual.
 
No hay que estigmatizar a los usuarios, sino involucrar decididamente a todo un sistema de gobernación que hasta ahora ha consentido tráficos de toda índole a escala supranacional, y que es incapaz de clausurar de una vez los paraísos fiscales. Mientras haya paraísos fiscales habrá tráficos, delincuencia internacional, mafias. Desde los más poderosos y ricos hasta los que en barrios y suburbios pobres y marginados constituyen los últimos emisarios de este sistema “capilar” maléfico.
 
A los adictos hay que ayudarles a que logren re-hacerse, a recuperar el dominio de sí mismos, para que vuelvan a “ser”, para que vuelvan a vivir plenamente el misterio de su existencia. Y a los narcotraficantes hay que llevarlos ante los tribunales y, todavía mejor, conseguir que desaparezcan haciendo que no valga nada su “mercancía”.
 
– Federico Mayor Zaragoza es Presidente de la Fundación Cultura de Paz y ex Director General de la UNESCO

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