Desde el inicio de los tiempos coloniales los países del Norte – a través de los propios gobiernos, las empresas transnacionales y las Instituciones Financieras Internacionales – se han aprovechado de las riquezas del Sur y de la mano de obra de sus pueblos. Podemos afirmar sin dudar que la riqueza del Norte se construyó a costa de la expoliación y la opresión de los pueblos de África, Asia, el Pacífico, América Latina y el Caribe.
 
La esclavitud, la extracción de minerales e hidrocarburos, la introducción e imposición de monocultivos, el robo de biodiversidad y de conocimientos, consolidaron el poderío industrial, económico, y militar de los países centrales de Europa, Estados Unidos, Canadá, Japón y otros que forman parte de las naciones con las economías más enriquecidas del planeta.
 
Esta situación a lo largo de los siglos no ha cambiado, por el contrario, con la llegada de la globalización neoliberal, se ha acrecentado, pues se sustenta en mecanismos de opresión como son el libre mercado, el endeudamiento financiero, el avasallamiento cultural y la utilización de la fuerza.
 
Deuda ecológica y cambio climático
 
El uso de la deuda financiera para la acumulación de riqueza, acompañada de formas depredadoras e insustentables, de producción y consumo, ha causado históricamente violaciones a los derechos de los pueblos del Sur y también terribles impactos ambientales locales e impactos globales como es el cambio climático. Así, no solamente la deuda financiera no puede ser legítimamente reclamada como una deuda de los pueblos del Sur ya que implica la violación grave de normas y principios éticos, valores sociales, políticos, económicos, jurídicos y ambientales, sino que además existe una deuda ecológica que tienen los países del Norte con los pueblos del Sur. Significa, entre otras cosas, la responsabilidad acumulada del Norte industrializado por la expoliación de recursos naturales, la apropiación ilegal e ilegítima de biodiversidad agrícola y silvestre, el hurto de conocimientos, el intercambio desigual, los daños acumulados por las actividades extractivas y de monocultivos destinados a la exportación, o la ocupación ilegal de la atmósfera para depositar gases contaminantes que causan un aumento en el efecto invernadero.
 
La noción de deuda ecológica es un poderoso concepto que contribuye a un análisis diferente de las relaciones económicas internacionales, del intercambio entre el Norte y el Sur, en términos económicos, físicos y ecológicos, de la sustentabilidad.  Plantea herramientas contundentes para terminar con una parte de los daños ambientales en el Sur: exigir reparaciones e indemnizaciones a las víctimas y sancionar a los responsables. Eso no significa mercantilizar las pérdidas ecológicas y sociales, muchas de las cuales son irrecuperables e impagables. La deuda ecológica es un instrumento de lucha a través del cual se puede definir las responsabilidades y garantizar justicia.
 
Adicionalmente cuando los pueblos del Sur se reconocen como acreedores de esta deuda histórica, social y ecológica, ésta se convierte en un factor que los empodera, para rechazar y exigir la anulación de la deuda financiera que se les sigue cobrando, y aporta nuevos argumentos a sus luchas y demandas.
 
Mucho énfasis se ha puesto en el tema del cambio climático por las implicancias que representa para el futuro de la humanidad. Es importante resaltar que la justicia climática –en particular los costos de mitigación y adaptación al cambio climático– no puede ser analizada sin la perspectiva más amplia de la deuda ecológica y su relación con la deuda financiera. Un sistema financiero justo y apropiado para abordar los impactos del cambio climático, por ejemplo, tiene que ser construido de forma totalmente distinta de lo que se ha llevado a cabo hasta ahora.
 
Una aproximación desde los derechos humanos y de la naturaleza también ha ayudado a entender los factores que generan esta deuda y la incrementan y esta perspectiva ética es la que ha impulsado la campaña por el reconocimiento de la deuda ecológica.
 
Movilización global por justicia climática
 
El cambio climático es una realidad. Nadie puede negar que los desastres del clima son cada vez más graves y frecuentes. La Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, desde 1992, ha planteado además quienes son los responsables del cambio climático: los mayores países industrializados. De igual manera reconoce un principio básico, el de las responsabilidades comunes y diferenciadas.
 
Al transcurrir los años,  las emisiones han venido aumentando en un promedio de 3% anual, y tampoco se ha avanzado en el tema de las responsabilidades y cumplimiento de compromisos. Lo que es peor, el protocolo de Kioto de la Convención ha tergiversado todo en función de las grandes empresas, y con mecanismos de mercado, para evadir los compromisos, para seguir emitiendo gases o para hacer negocios con los planes de mitigación y ahora con los planes de adaptación.
 
En este contexto nace la idea de la injusticia climática. Los impactos de las actividades hidrocarburíferas, causantes principales del aumento del calentamiento global son en el Sur. En definitiva los países del Sur son los más vulnerables a los efectos del cambio climático, mientras que la acumulación capitalista está principalmente en el Norte. Los impactos de las falsas soluciones planteadas por Kioto y por instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial a través de los llamados mecanismos de desarrollo limpio, son en el Sur.
 
Desde hace años, muchos grupos están organizándose alrededor del tema de la justicia ambiental, en particular la justicia climática. Así, en el Foro Social Mundial de Belem, en enero del 2009, hubo varios debates sobre la Deuda Ecológica y la Justicia Climática, con una interesante discusión sobre la necesidad de articular propuestas ante la crisis ecológica y climática y la necesidad de justicia.
 
De la misma forma, varias organizaciones, movimientos y redes del mundo como Jubileo Sur vienen articulando, a través de las redes Climate Justice Now! y Climate Justice Action, acciones frente al Banco Mundial, sus gobiernos y los procesos relacionados a la Conferencia Mundial sobre el Clima de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC) que tendrá lugar en Copenhague, Dinamarca, del 7 al 12 de Diciembre de 2009.
 
Las acciones giran en torno al fracaso de los acuerdos de Kioto y la falta de compromiso de los países industrializados, así como el afán de perennizar el modelo depredador, mercantilizado y absolutamente corporativizado.  Esto se refleja en las limitaciones en los espacios multilaterales donde los países del Norte favorecen la acumulación capitalista y mercantil por sobre la noción de justicia climática que demandan los movimientos sociales.
 
Mientras tanto los países del Sur y los países insulares insisten en mayores compromisos y acción.  La Carta de Evo Morales sobre cambio climático y la propuesta de su gobierno a la UNFCCC contienen una serie de sugerencias y propuestas que se sintetizan en la necesidad del Norte de pagar la deuda climática como parte de la deuda ecológica que debe al Sur y de cambiar el sistema, propuesta en la que todos los movimientos sociales del mundo coinciden.
 
En la última década, gracias a los esfuerzos de varias organizaciones, la cuestión de la Deuda Ecológica se ha establecido más allá de una franja de preocupación y por consiguiente, más y más grupos e individuos están comenzando a ver esto como un concepto en el enfoque, el análisis y la resistencia a diversas cuestiones de la desigualdad que enfrenta el mundo hoy, en particular la cuestión de Justicia Climática.
 
Por su lado, las organizaciones que trabajan en los impactos de la industria petrolera o que dan seguimiento a las cuestiones del cambio climático han avanzado también en la búsqueda de justicia que implique detener los impactos y lograr una reparación integral.
 
No podemos dejar de concluir que Kioto ha fracasado y que es necesario construir una nueva plataforma de negociaciones sobre el clima que reconozca las verdaderas soluciones, como son la conservación de los bosques y de sus pueblos, salvar la agricultura campesina y detener la ampliación de la frontera petrolera, y que revierta la impunidad de los culpables, aceptando la existencia de una deuda social y ecológica histórica y presente, por el cambio climático.
 
Por eso, frente a una nueva Conferencia de las Partes de la Convención de Cambio Climático que definirá un nuevo escenario de negociaciones y compromisos en un escenario pos-Kioto, Jubileo Sur y otras redes están impulsando actividades con el propósito de fortalecer las movilizaciones frente al clima camino a Copenhague y hacia más allá de 2010.
 
El 12 de diciembre, mientras los gobiernos estén participando de las reuniones por la Conferencia frente al Cambio Climático, los movimientos  llevarán su voz y demandas a las calles de todo el mundo así como también a Copenhague. Allí también tendrá lugar una pre-sesión del Tribunal sobre Deuda Ecológica que se planifica organizar en el año 2010 y que apunta al reconocimiento de la deuda ecológica y climática que el Norte debe a los pueblos del Sur y demandar reparaciones y restituciones.
 
En tanto, en Bolivia, en el marco de la Semana Global en Defensa de la Madre Tierra que tendrá lugar en el mes de Octubre, la Plataforma Boliviana frente al Cambio Climático, la Fundación Solón y la Coordinadora Andina de Organización Indígenas, junto a otras organizaciones, convocan a participar en el Tribunal de Justicia Climática. Dicho Tribunal tiene como objetivos el de visibilizar la relación entre cambio climático y el modelo de desarrollo, evidenciar la responsabilidad de los países desarrollados, denunciar a los responsables y abordar las cuestiones éticas, morales y culturales de la deuda ecológica.
 
En este proceso es fundamental el fortalecimiento de los movimientos sociales para construir soluciones y alternativas visibles que se apliquen en los espacios nacionales e internacionales. Ninguna política nacional o acuerdo internacional que sea hecho desde arriba, impuesto, sin involucrar a la sociedad en su conjunto y a los pueblos del mundo, va a tener éxito.
 
Son muchos los hombres y mujeres, tanto en el Norte como en el Sur, que vienen desde hace años defendiendo el medio ambiente, la preservación de las culturas y de sus territorios y que día a día promueven soluciones reales a las crisis climática.
 
El cambio climático no es solo un tema de especialistas, técnicos, sino de decisiones políticas, económicas y ecológicas, tomadas en conjunto, pues de lo contrario se corre el riesgo de acabar con los pueblos y alterar para siempre la vida sobre el planeta.
 
– Artículo extraído de un documento de Jubileo Sur sobre Deuda Ecológica y Cambio Climático.